Resumen para apurados
- Los países bálticos planean integrar humedales como barreras militares naturales en sus fronteras debido a su transitabilidad casi nula para el armamento pesado enemigo.
- La estrategia, inspirada en la guerra de Ucrania, incluye planes como el de Lituania de restaurar 6.000 hectáreas de turberas, siendo más barato que trincheras o minas.
- Esta iniciativa demuestra que la conservación ambiental y la seguridad nacional pueden complementarse, ofreciendo defensas duraderas, de bajo costo y ecológicas a futuro.
¿Puede una turbera formar parte de la lista defensiva en un conflicto bélico? Resulta difícil, pero sí: el humedal parecido a los pantanos genera un difícil acceso y escasa transitabilidad del terreno. Con esas características, algunos países que disponen de ellos los consideran relevantes para la seguridad. Lo que durante décadas se consideró un obstáculo se revaloriza ahora desde una perspectiva estratégica.
Los estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) estudian, en el marco de la “Línea de Defensa del Báltico”, cómo integrar las turberas y otros humedales como barreras naturales en la defensa de sus fronteras incorporándolas a la planificación militar. Para el material bélico pesado son casi como un campo de minas, existen pasos transitables, pero están muy concentrados y, por tanto, pueden controlarse mucho mejor.
Planificación
Según "The New York Times", Lituania planea restaurar 6.000 hectáreas de turberas como parte de su estrategia de defensa total. El viceministro de Defensa, Tomas Godliauskas, describió estos ecosistemas como una "línea defensiva integral". La rehumidificación resulta más barata que otras barreras tradicionales, como zanjas anticarro o campos de minas.
La guerra en Ucrania ha vuelto a poner de relieve esta realidad. Las zonas inundadas, los pantanos y los terrenos intransitables han contribuido en algunos casos a ralentizar o desviar ofensivas militares.
Medioambiente
Pese al creciente interés en materia de seguridad, el principal motivo para restaurar las turberas sigue siendo la lucha contra el cambio climático. Las turberas intactas son enormes depósitos de carbono y también importantes reservas de agua. Ayudan a mitigar las sequías, reducir el riesgo de inundaciones y conservar hábitats esenciales para numerosas especies.
Un pantano no detendrá por sí solo un dron ni un misil de crucero. Pero integrado en una arquitectura defensiva de varias capas, puede ofrecer algo que ningún muro de hormigón garantiza por sí mismo: una protección duradera, de bajo coste y compatible con la lucha contra el cambio climático.







