Ídolos y pollos fantasmas

Ídolos y pollos fantasmas

Francis Bacon murió, según la leyenda, por culpa de una gallina congelada (la referencia se la debo a los colegas Edelsztein y Cormick, grandes defensores de la ciencia de la buena). No es una mala muerte para uno de los padres de la ciencia experimental. O sea no es que le tiraron un pollo del frezzer.

Bacon viajaba en su carruaje cuando tuvo su eureka fatal: comprobar si el frío puede conservar los alimentos. Con este fin compra una gallina, la rellena con nieve y espera que se congele. El tema es que el experimentador estaba sufriendo las mismas condiciones extremas. En vez de conservarse, al contrario del pollo, Bacon se enferma y muere poco después.

Pero Bacon no importa solamente por esa muerte con forma de fábula. Importa porque fue una de las mayores figuras de la ciencia, su “Novum Organon” fue piedra basal del método científico moderno. Además tiene escritos geniales, fue el segundo ensayista del mundo.

También un político importante hasta que lo acusaron de unos 23 casos de “regalos” en su condición de juez, un escándalo que lo llevó a reconocer los más obvios de ellos : “Señores, es mi acto, mi mano y mi corazón; ruego a sus señorías que sean misericordiosos con una caña quebrada” señaló y lo mandaron unos días a la Torre de Londres, prohibiendo de por vida la posibilidad de sentarse en el parlamento. En realidad dijo que jamás se dejó influir aunque le hayan facilitado según distintos pleitos, una docena de botones de oro; tapices; un gabinete lujoso que en la acusación se valuaba en 800 libras, (aunque Bacon dijo que no valía ni la mitad); anillos, diamantes y préstamos dados sin interés, sin documento claro y ni plazo fijo de devolución. “Fui el juez más justo que hubo en Inglaterra en estos cincuenta años. Pero fue la censura más justa del Parlamento en estos doscientos años.”

En el plano de su filosofía del conocimiento Bacon quiso hacer una limpieza de los obstáculos que impiden conocer. A esos obstáculos los llamó “idola”: ídolos, fantasmas, falsas figuras de la mente.

La palabra es hermosa porque no habla solamente de errores. Habla de algo que veneramos sin saber que lo veneramos. Bacon llamó idola a esos fantasmas que se interponen entre la mente y el mundo. Estaban los idola tribus, los de la tribu humana, que nos hacen ver orden, sentido y confirmación donde quizá solo hay azar o costumbre; los idola specus, los de la caverna personal, hechos de biografía, ambición; los idola fori, los del foro o del mercado, nacidos del lenguaje; y los idola theatri, los del teatro, las grandes doctrinas, sistemas y explicaciones que nos ofrecen un mundo demasiado armado, como si la realidad pudiera entrar completa en una escenografía.

Como vimos su vida estuvo llena de ellos: ambiciones, discursos y tropiezos en la vida pública. Quizás por eso sigue siendo tan interesante: no porque haya vivido fuera de los ídolos, sino porque supo nombrar los fantasmas que también lo rondaban. Existe la leyenda urbana en Londres de un pollo blanco fantasmal que corre desde entonces en círculos en el lugar del trágico experimento, el famoso Ghost Chicken of Pond Square. La mejor explicación es que debe tener frío el pobre pollo.

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