Es tucumana, se convirtió en la primera cirujana cardiovascular de planta de la Fundación Favaloro y hoy comparte su experiencia en redes
Oriunda de Villa Quinteros, Vanesa Audil es la primera mujer cirujana de planta del servicio cardiovascular de la Fundación Favaloro. Hoy comparte su experiencia en redes sociales y, a menudo, recibe mensajes de chicas que todavía escuchan que la cirugía cardiovascular “es una especialidad de hombres”.
Resumen para apurados
- En 2024, la tucumana Vanesa Audil se convirtió en la primera cirujana cardiovascular de planta de la Fundación Favaloro en Buenos Aires, marcando un hito en la institución.
- Tras formarse en Tucumán y trabajar en la Patagonia, Audil hizo su residencia en Buenos Aires e ingresó a la prestigiosa fundación, que opera unas 7.000 cirugías al año.
- A través de las redes, Audil busca inspirar a futuras cirujanas en un sector mayormente masculino y proyecta aplicar en el país técnicas avanzadas de cirugía cardíaca robótica.
“Al principio los pacientes me preguntaban: ‘¿Dónde está el doctor que me va a operar?’ y tenía que responderles: ‘Yo soy la cirujana’. Esperaban encontrarse con un hombre de 60 años”, recuerda entre risas Vanesa Audil, de 35 años.
La médica tucumana trabaja en una de las instituciones cardiológicas más prestigiosas del país, la Fundación Favaloro. En 2024 se convirtió en la primera mujer del staff permanente del servicio de cirugía cardiovascular. Hace un par de meses empezó a mostrar parte de su trabajo y de su experiencia profesional en Instagram, a través de la cuenta @dravanesaaudil. Pronto comenzó a recibir mensajes, en su mayoría de estudiantes y médicas jóvenes, varias de Tucumán, que le cuentan que todavía escuchan comentarios similares a los que ella misma recibió durante su formación. “Había médicos que te decían: ‘¿No querés hacer venas? Porque operar corazones no es para mujeres’”, recuerda.
Vanesa nació y creció en Villa Quinteros, en el sur tucumano. Hija de padres maestros y la mayor de cuatro hermanos, terminó el secundario en la Escuela Miguel Lillo y en 2009 se mudó a San Miguel de Tucumán para estudiar Medicina en la UNT. “Mi papá pensaba que yo iba a ser médica del CAPS del pueblo; le rompí el corazón cuando me fui”, recuerda. Cuenta que siempre quiso ser cirujana, aunque al principio no tenía claro hacia qué rama orientarse. Mientras estudiaba, el objetivo era terminar la carrera y empezar a trabajar lo antes posible. “Éramos muchos hermanos y para mi familia era un gasto sostenerme estudiando. Entonces, cuando me recibí, quise comenzar a trabajar rápido”, explica.
Mandó currículums “a toda la Argentina” y la primera oportunidad apareció en Río Gallegos, Santa Cruz. Así fue que, a comienzos de 2016, dejó Tucumán y se instaló en el extremo sur del país. Primero trabajó en ambulancias y guardias. Después ingresó como médica de emergencia en una petrolera, en una zona aislada cercana a Cabo Vírgenes. La idea era quedarse apenas unos meses antes de comenzar una especialidad, pero terminó pasando casi dos años allí.
Fue en ese contexto donde, casi de manera accidental, apareció entre sus opciones la cirugía cardiovascular. Durante una guardia, uno de los trabajadores sufrió un paro cardíaco y Vanesa participó de la reanimación. Aquel paciente terminó siendo derivado a Buenos Aires para la colocación de un cardiodesfibrilador implantable. “Descubrí mucho más de la cirugía cardiovascular y me di cuenta de que eso era lo que realmente me gustaba”, comenta.
En 2018 se mudó a Buenos Aires para iniciar su residencia en el Hospital Argerich. Más tarde apareció la posibilidad de continuar su formación en la Fundación Favaloro. “Había quedado un puesto libre y me hicieron una entrevista. Para mí era la posibilidad de terminar la residencia en uno de los lugares con más renombre del país”, afirma.
La Fundación Favaloro es uno de los centros cardiovasculares más importantes de Argentina. Allí se realizan alrededor de 7.000 cirugías anuales y sólo el servicio cardiovascular operó cerca de 970 pacientes el último año. “Hay hospitales que hacen 600 cirugías al año; nosotros hacemos cinco o seis por día”, señala Audil.
Cada intervención puede durar más de cinco horas y la dinámica del servicio exige jornadas extensas, guardias y formación permanente. En 2024 quedó incorporada oficialmente al staff permanente del servicio y se convirtió en la primera cirujana cardiovascular de planta. “Hacía 30 años que en el servicio solamente había cirujanos hombres”, comenta y agrega que, aunque hay cada vez más mujeres, todavía son pocas las que llegan a ocupar puestos permanentes o de liderazgo dentro de la especialidad. “La cirugía cardíaca sigue siendo muy masculina”, afirma.
De acuerdo con la Revista Europea de Cirugía Cardiotorácica, la cirugía cardíaca sigue siendo una de las especialidades quirúrgicas con mayor desequilibrio de género. Un estudio publicado en 2024 reveló que las mujeres representaron tan sólo el 8,0% de los cirujanos cardíacos en ejercicio en todo el mundo. Vanesa cuenta que tuvo que ganarse un lugar mostrando resultados. “Cada médico tiene estadísticas de mortalidad, morbilidad y evolución de pacientes. Los números hablan mucho por vos”, explica.
Hoy, sus colegas le derivan pacientes para bypass coronario, una de las intervenciones que más realiza. En 2024, Audil viajó a Barcelona para realizar una formación intensiva en cirugía cardíaca robótica en uno de los hospitales europeos con más experiencia en el área. “Ahí ves lo que se viene”, dice.
Según explica, en Europa y Estados Unidos estas técnicas ya forman parte de una transformación importante dentro de la especialidad, mientras que en Latinoamérica todavía están en una etapa inicial. Ese aprendizaje la llevó a formar parte de un hito de la medicina de alta complejidad en el país: la primera reparación de válvula mitral asistida por robot en Argentina.
“La idea es hacer las mismas cirugías, pero con incisiones mucho más pequeñas y menos invasivas”, explica. Respecto a su lugar dentro de la Fundación, aclara que no piensa su historia desde un lugar “hiper feminista”, pero sí cree importante que estas experiencias se visibilicen.
“Nunca pensé específicamente en lo que significa ser la primera mujer del staff. Pero sí creo que cuando una mujer llega a estos lugares, otras por lo menos pueden imaginarse ahí también”, afirma.







