La consideración de provincias como Tucumán, Santiago del Estero o Catamarca como espacios de almacenamiento temporal representa una transformación profunda en la ingeniería del transporte de sustancias ilícitas. Esta táctica busca, fundamentalmente, que la mercadería permanezca en una jurisdicción mediterránea con el objetivo de romper el vínculo directo con la línea de frontera.
Tal como detalla el fiscal federal de Salta, Ricardo Toranzos, la estrategia criminal radica en que, “ante la presión en las fronteras, usan las provincias siguientes para enfriar la droga, acopiar porciones pequeñas”, modificando así la percepción del riesgo.
Al reanudarse el viaje hacia grandes centros urbanos e industriales, como Rosario o Buenos Aires, el cargamento se moviliza bajo una apariencia completamente distinta, permitiendo a las redes delictivas “‘empezar un viaje nuevo’ desde provincias no fronterizas para disminuir la sospecha”.
En otras palabras, el transportista y el vehículo comienzan un trayecto formalmente nuevo desde el interior del país, lo que reduce drásticamente los perfiles de riesgo y disminuye la eficacia de controles viales enfocados, principalmente, en rodados provenientes de pasos fronterizos internacionales.
Plataformas de acopio
Asimismo, estas provincias funcionan como verdaderas plataformas de acopio y planificación logística para organizaciones criminales de gran escala. En estos puntos seguros se reciben y reorganizan fracciones de droga que lograron ingresar mediante distintas modalidades.
Toranzos explica que antes “los cargamentos pasaban vía terrestre o por ‘pitufeo’ y mulas”, pero el esquema cambió cuando “aparecieron las avionetas y el ‘bombardeo’ de droga”.
Una vez almacenada la cantidad necesaria en la región central, los operadores consolidan cargamentos terrestres de gran volumen. Esta metodología responde directamente al aumento de controles en los pasos fronterizos más sensibles. La lógica es simple: atravesar la frontera lo más rápido posible, refugiarse en provincias contiguas y desde allí reorganizar la distribución con menores niveles de exposición.
La centralidad de Tucumán dentro de este esquema también se explica por su ubicación estratégica respecto de las principales vías de conectividad nacional. La provincia ofrece acceso tanto a rutas troncales, como la Ruta Nacional 34, como a caminos alternativos que atraviesan zonas montañosas.
El fiscal sostiene que este mapa de desvíos viales evolucionó progresivamente: “El primer cambio fue pasar de la Ruta 34 al puesto de El Naranjo (límite con Tucumán). Luego surgió una ruta paralela por Las Lajitas y Anta. La tercera, recorriendo los valles para superar Catamarca o Tucumán, a veces con destino a Mendoza para utilizar puertos chilenos”.
Estas vías secundarias son utilizadas cada vez con mayor frecuencia para eludir puestos de control tradicionales y de alta complejidad, como el dispositivo interprovincial entre Salta y Tucumán.





