11 Julio 2002 Seguir en 
"Estoy sentada sobre unos sacos de arena en el edificio del colegio, mientras espero que se filme la gran toma: ocho helicópteros llegarán desde el mar, bombardearán dos casas y algunas palmeras, luego darán media vuelta, volverán a pasar, bombardearán dos casas más, volverán de nuevo y bombardearán cuatro casas y los botes de la playa. Los de efectos especiales ya han empezado a encender fuegos en la chozas de los alrededores. Están echando neumáticos a las llamas para que siga saliendo humo negro. Los helicópteros están recargando combustible. Por la radio tenemos la descripción de lo que sucede a cinco kilómetros de aquí: ?Los motores ya están en marcha. Ahora ya están volando?...(...)...
Casi de inmediato, empezó la filmación. Los extras corrían delante de nosotros, dos casas explotaron y empezó el fuego. El humo soplaba en nuestra dirección y tuve que parar de filmar. Cambié la cámara y el trípode de sitio. Al intentar equilibrar la cámara, giré el mango de la dirección equivocada y se me cayó de las manos. No logré hacer la segunda toma hasta que las casas de la izquierda de la plaza de la aldea ya estaban ardiendo. Había tanto ruido que no me di cuenta de que mi cámara se había quedado sin película. No sé cuánto me perdí. Al final cambié los rollos de película y tomé algunas imágenes más de la casa que ardía junto al puente. El humo era tan denso que me picaban los ojos; la nariz me goteaba y no podía ver nada, así que dejé de filmar. Entonces oí un gran griterío. El almacén de pinturas y el de material de utilería, con todo el equipo de los dobles, estaban ardiendo. Mi equipo estaba en el mismo edificio. Corrí a buscarlo y encontré los tres estuches de mis cámaras derretidos junto a la puerta. El viento había empujado el fuego hasta el camino. Cuando empezaron a estallar las latas de pintura, unos hombres provistos de mangueras echaron a correr. La gente ha estado entrando y saliendo de la humareda durante mucho tiempo, todos intentando localizar su material. Los dobles son los que sufrieron más pérdidas y van a tener que regresar a Los Angeles: sus trajes de amianto hechos a medida se derritieron. Hubo pérdidas de entre treinta y y cincuenta mil dólares. La gente creía que yo estaba llorando porque Francis se había enfadado conmigo por haber perdido el material, pero en realidad mis lágrimas eran provocadas por la densa humareda...(...)...
Colocaron una especie de gancho en las bisagras de las puertas del helicóptero, para poder sacarlas rápidamente y montar las cámaras.Estuve pensando en el tiempo, en cómo en un set se puede mantener inmóvil, sin importar el número de tomas y horas transcurridas. Se añaden reflectores y luces, se borran las huellas y desaparecen los indicios de que el día ha avanzado. Cuando la filmación termina y se apagan las luces, el tiempo parece dar un salto en cuestión de segundos. Quizá filmar películas sea un paso adelante hacia la posibilidad de avanzar y retroceder, de entrar y salir del tiempo...(...)...
Son las ocho de la mañana y ya hace un calor increíble. Ojalá soplara una brisa ligera y removiera un poco este aire húmero e inmóvil. Anoche nos quedamos en Baler. Para cenar sólo teníamos pollo frito. En la aldea no se podían comprar verduras y tampoco había venido el avión de Manila. Comimos espaguetis en casa del equipo italiano".
Casi de inmediato, empezó la filmación. Los extras corrían delante de nosotros, dos casas explotaron y empezó el fuego. El humo soplaba en nuestra dirección y tuve que parar de filmar. Cambié la cámara y el trípode de sitio. Al intentar equilibrar la cámara, giré el mango de la dirección equivocada y se me cayó de las manos. No logré hacer la segunda toma hasta que las casas de la izquierda de la plaza de la aldea ya estaban ardiendo. Había tanto ruido que no me di cuenta de que mi cámara se había quedado sin película. No sé cuánto me perdí. Al final cambié los rollos de película y tomé algunas imágenes más de la casa que ardía junto al puente. El humo era tan denso que me picaban los ojos; la nariz me goteaba y no podía ver nada, así que dejé de filmar. Entonces oí un gran griterío. El almacén de pinturas y el de material de utilería, con todo el equipo de los dobles, estaban ardiendo. Mi equipo estaba en el mismo edificio. Corrí a buscarlo y encontré los tres estuches de mis cámaras derretidos junto a la puerta. El viento había empujado el fuego hasta el camino. Cuando empezaron a estallar las latas de pintura, unos hombres provistos de mangueras echaron a correr. La gente ha estado entrando y saliendo de la humareda durante mucho tiempo, todos intentando localizar su material. Los dobles son los que sufrieron más pérdidas y van a tener que regresar a Los Angeles: sus trajes de amianto hechos a medida se derritieron. Hubo pérdidas de entre treinta y y cincuenta mil dólares. La gente creía que yo estaba llorando porque Francis se había enfadado conmigo por haber perdido el material, pero en realidad mis lágrimas eran provocadas por la densa humareda...(...)...
Colocaron una especie de gancho en las bisagras de las puertas del helicóptero, para poder sacarlas rápidamente y montar las cámaras.Estuve pensando en el tiempo, en cómo en un set se puede mantener inmóvil, sin importar el número de tomas y horas transcurridas. Se añaden reflectores y luces, se borran las huellas y desaparecen los indicios de que el día ha avanzado. Cuando la filmación termina y se apagan las luces, el tiempo parece dar un salto en cuestión de segundos. Quizá filmar películas sea un paso adelante hacia la posibilidad de avanzar y retroceder, de entrar y salir del tiempo...(...)...
Son las ocho de la mañana y ya hace un calor increíble. Ojalá soplara una brisa ligera y removiera un poco este aire húmero e inmóvil. Anoche nos quedamos en Baler. Para cenar sólo teníamos pollo frito. En la aldea no se podían comprar verduras y tampoco había venido el avión de Manila. Comimos espaguetis en casa del equipo italiano".







