
La náusea de las plataformas digitales es una ciberenfermedad debida al uso excesivo de las redes sociales y es objeto de estudio en Simposios, Congresos médicos y publicaciones científicas. Pero existe otra “nausea”, otro tipo de angustia existencial, vinculada con dichas plataformas. Escribe Jean Paul Sartre en “La Náusea” (1938): “El pasado es un lujo de propietario. ¿Dónde podría conservar yo el mío? Nadie se mete el pasado en el bolsillo; hay que tener una casa para acomodarlo. Mi cuerpo es lo único que poseo; un hombre solo, con su cuerpo, no puede detener los recuerdos; pasan a través de él”. Esta náusea, pues, se refiere al desasosiego de aquel que no pudo, no puede o no podrá, conservar sus recuerdos y en consecuencia no tiene o no tendrá memorias de su pasado. Hoy en día, gran parte de nuestras vivencias, experiencias, viajes, relaciones personales, pensamientos, preferencias artísticas, etc, son guardadas en plataformas digitales que no nos pertenecen. Los dueños de “la casa” donde se archiva nuestro pasado hoy están, pero mañana puede llegar un aviso (a algunos ya les llegó) que intime a que prestemos nuestra conformidad con nuevas condiciones, celebremos un contrato leonino donde debamos pagar periódicamente para tener acceso a nuestros recuerdos. Tal vez hasta nos ofrezcan un plan “premium” para los que quieran conservarlos por más tiempo y sin limitaciones de acceso a los mismos. La propiedad o dominio de una carta escrita, de una fotografía, de una cinta de videocámara, del registro de un acontecimiento privado o familiar, de unos discos de música, hasta hace unos años era muy clara, pero llegaron las plataformas digitales y ellas se constituyeron en apropiadoras en “la nube” de nuestros recuerdos. De este modo también podrán decidir qué se conserva, qué se descarta y cuál será la historia que habrá de contarse para los que nos sucedan. Obvio que aquel que vive inmerso en el presente, “remando en dulce de leche” la realidad que lo agobia, mal haría en preocuparse por el pasado, si ni siquiera puede vislumbrar un futuro. Pero están también aquellos que han pensado en volver a ser dueños de sus recuerdos y por eso compran cámaras digitales e imprimen las fotos, guardan filmaciones en otros soportes tecnológicos, compran discos de vinilo, usan teléfonos convencionales y recelan de las aplicaciones, prefieren recibos y documentación en papel y vuelven al correo postal para descubrir el encanto de tocar el papel al recibir una carta. El dilema será resuelto conforme las posibilidades de cada uno, en el caso del personaje de la novela de Sartre al tener que vivir el presente sin posesiones, termina su razonamiento: “No debería quejarme: sólo he querido ser libre”.
Miguel Ángel Reguera
miguelreguera@yahoo.com.ar







