Chikungunya en Tucumán: cuáles son las claves para combatir la enfermedad y cortar la transmisión del virus

Con circulación local confirmada y más de 360 casos, especialistas detallan qué medidas son realmente efectivas.

OPERATIVO. Brigadas sanitarias recorrieron pasillos de Barrio Jardín en tareas de control focal, fumigación y relevamiento de posibles casos. OPERATIVO. Brigadas sanitarias recorrieron pasillos de Barrio Jardín en tareas de control focal, fumigación y relevamiento de posibles casos.

Resumen para apurados

  • Salud Pública de Tucumán combate un brote de chikungunya con 423 casos confirmados tras detectarse circulación local. El virus se propaga vía Aedes aegypti en toda la provincia.
  • Tras el récord previo de dengue, se ejecutan bloqueos y descacharreo. Expertos señalan que la fumigación es insuficiente si no se eliminan criaderos larvarios en los hogares.
  • El futuro depende de métodos biológicos como la bacteria Wolbachia y la educación social. La erradicación exige compromiso ciudadano sostenido más allá de los avances científicos.
Resumen generado con IA

El chikungunya dejó de ser una hipótesis para transformarse en una experiencia concreta en Tucumán. Ya no se lo analiza a la distancia ni se lo compara con lo ocurrido en otros países: se lo enfrenta en consultorios, en operativos sanitarios y, sobre todo, dentro de las casas. Con circulación local confirmada y una curva de casos que obliga a sostener la alerta, el foco empieza a desplazarse. La pregunta es qué herramientas existen -y cuáles faltan- para reducir el impacto de esta epidemia y de los futuros brotes de otras enfermedades también transmitidas por el mosquito Aedes aegypti. No hay una solución única, sino un entramado de estrategias que combinan conocimiento científico, gestión sanitaria y hábitos cotidianos.

Los números ayudan a dimensionar el problema. Hasta la semana epidemiológica 20, el Ministerio de Salud Pública informó 423 casos de chikungunya. En los últimos días, se sumaron 77 contagios. El dato se inscribe en una tendencia de crecimiento sostenido que encendió alertas sanitarias y obligó a reforzar las intervenciones en territorio. La experiencia reciente con el dengue, que en 2024 dejó más de 84.000 casos y 44 muertes, funciona como antecedente inmediato: el vector ya estaba instalado. Lo que cambió fue la presencia del virus.

“Bastaron algunos movimientos y viajes de ciudadanos a otras regiones para que el chikungunya reapareciera en la provincia, donde los mosquitos encontraron las condiciones ideales para reproducirse”, explicó la investigadora y docente de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT, Giselle Rodríguez. En esa lógica, el mecanismo epidemiológico es claro: una persona infectada llega durante la fase de viremia, es picada por un mosquito local y se inicia una nueva cadena de transmisión.

DESPLIEGUE. El operativo sanitario se extendió entre Barrio Jardín y Barrio El Bosque con acciones de fumigación y control de criaderos en el territorio. DESPLIEGUE. El operativo sanitario se extendió entre Barrio Jardín y Barrio El Bosque con acciones de fumigación y control de criaderos en el territorio.

La base del control sigue estando en casa

En ese contexto, la prevención primaria sigue siendo el eje más sólido, según Rodríguez. “Es lo que ya conocemos”, sostuvo. La frase sintetiza una evidencia repetida en cada brote: el control del mosquito depende, en gran medida, de lo que ocurre dentro de los hogares.

Rodríguez insistió en que la prevención tiene dos vertientes inseparables. Por un lado, el descacharreo y la eliminación de criaderos. Por otro, la educación. “Las técnicas vienen con una preparación no solo económica, sino social también”, advirtió. En ese punto aparece una dificultad clave: sin comprensión social, incluso las herramientas más avanzadas pueden fallar.

El rol del sistema de salud

Desde el Estado, las acciones se organizan en función de la situación epidemiológica. La licenciada Carolina Chiappini, jefa del Departamento de Prevención y Riesgo Ambiental, lo explicó con precisión. “Durante todo el año se realizan acciones de abordaje integrado, siempre teniendo en cuenta la situación epidemiológica”, dijo en diálogo con LA GACETA.

Cuando no hay circulación viral, el foco está puesto en la prevención sostenida. Pero cuando aparecen casos, el esquema cambia. “El control químico se implementa cuando tenemos sospecha de caso, donde se realiza un abordaje con diferentes herramientas: control focal, búsqueda de sintomáticos y control químico domiciliario”, detalló. “El control químico no es una herramienta de prevención”, aclaró.

La explicación es técnica, pero decisiva.  Con las fumigaciones se utilizan insecticidas que ejercen control solo en el adulto de Aedes aegypti. “No tiene efecto en huevo, larva o pupa”, señaló. Por eso, la eliminación de criaderos sigue siendo la acción más relevante. “Usar solo control químico sin realizar las acciones de control de criaderos no es efectivo”, advirtió Chiappini.

Incluso las campañas de descacharreo tienen límites si no se sostienen en el tiempo. “Nunca son suficientes, porque son acciones puntuales que tienen que ser sostenidas”, explicó Chiappini.

En paralelo, el sistema utiliza indicadores entomológicos, como el índice de vivienda o el de Breteau, para medir el riesgo y orientar las intervenciones. En la capital, además, se implementaron ovitrampas: pequeños recipientes oscuros con agua y una superficie donde las hembras depositan sus huevos. Estos dispositivos permiten medir la cantidad de huevos del Aedes aegypti y detectar las zonas con mayor actividad del mosquito para focalizar los operativos.

BLOQUEO. Equipos aplicaron control químico en viviendas y vehículos dentro del radio de un caso sospechoso de chikungunya. BLOQUEO. Equipos aplicaron control químico en viviendas y vehículos dentro del radio de un caso sospechoso de chikungunya.

Lo que se prueba en el mundo

Mientras las estrategias tradicionales siguen siendo la base, distintos países avanzan en métodos innovadores. Sin embargo, Chiappini fue cauta sobre su alcance. “Son tecnologías innovadoras que están en etapa experimental”, señaló.

Entre ellas aparece la técnica del insecto estéril. “Es una técnica muy utilizada en otras especies de dípteros y tiene una alta efectividad, pero no hay muchas evidencias de la relación lineal entre su uso y la disminución de los casos de arbovirosis”, explicó. Además, requiere liberaciones continuas de mosquitos estériles y un seguimiento constante.

En paralelo, se desarrollan métodos que buscan intervenir directamente en la capacidad del mosquito para transmitir virus. Allí aparece una de las estrategias más prometedoras.

Wolbachia: una apuesta biológica

El médico inmunólogo Alfredo Miroli describió con claridad el funcionamiento de esta herramienta. “La wolbachia es una bacteria que vive dentro de las células de muchos mosquitos. Lo interesante es que consume los nutrientes que el virus necesita para multiplicarse”, explicó.

Ese mecanismo tiene un efecto directo. “Cuanta más wolbachia tiene el mosquito, menos capacidad tiene de transmitir virus”, señaló. El problema es que esa bacteria no resiste a las altas temperaturas. A partir de allí, la estrategia consiste en a desarrollar variantes termorresistentes y liberar los mosquitos. Esa bacteria pasa a toda la descendencia. Con el tiempo, la mayoría de los insectos de una región podrían tener esa protección, indicó.

Miroli remarcó además una ventaja clave frente a los insecticidas. “Es una estrategia biológica mucho más inteligente que usar insecticidas”, afirmó. En América Latina, los ensayos ya muestran resultados preliminares. “Los resultados indican una incidencia menor en barrios donde se realizaron liberaciones”, explicó Chiappini, aunque aclaró que se trata de estudios controlados que requieren monitoreo constante.

INTERVENCIÓN. Personal especializado realizó fumigación para eliminar mosquitos adultos en zonas críticas del operativo. INTERVENCIÓN. Personal especializado realizó fumigación para eliminar mosquitos adultos en zonas críticas del operativo.

El trabajo en los barrios

Mientras tanto, la respuesta inmediata sigue desplegándose en territorio. El ingeniero Leandro Medina Barrionuevo, director de la Dirección General de Salud Ambiental del Ministerio de Salud Pública de Tucumán, detalló cómo funcionan los operativos de bloqueo. “Se trata de abordar todas las viviendas ubicadas a 100 metros a la redonda del caso sospechoso o confirmado”, explicó.

En ese perímetro, las brigadas realizan inspecciones, eliminan criaderos y aplican control químico. “Con la eliminación de criaderos se interviene sobre huevo, larva y pupa. Con el control químico se actúa sobre el mosquito adulto”, precisó. En paralelo, se desarrolla una búsqueda activa de personas con síntomas.

Pero el diagnóstico vuelve a repetirse. “Hemos encontrado muchas viviendas con presencia de larvas, lo cual evidencia que todavía falta mayor acompañamiento y compromiso por parte de la población”, advirtió.

Medina Barrionuevo insistió en que las intervenciones estatales no alcanzan por sí solas. “No alcanza con la fumigación: el mosquito puede volver a reproducirse si persisten los criaderos”, señaló. Por eso, remarcó la necesidad de sostener medidas simples en el tiempo. “Se recomienda la revisión semanal de patios y fondos para detectar y eliminar posibles focos”, agregó.

Un problema sin solución única

La conclusión, compartida por todos los especialistas, es contundente. “No es posible elegir una sola acción pensando en disminuir la población de los insectos vectores”, sintetizó Chiappini. Las estrategias deben adaptarse a cada escenario y combinar herramientas.

La eliminación de criaderos sigue siendo la medida más efectiva, pero exige continuidad y compromiso social. El chikungunya, en ese sentido, expone algo más que un brote: revela una dinámica donde el ambiente, el vector y las prácticas cotidianas se entrelazan. Incluso con avances científicos en desarrollo, el control real del problema sigue dependiendo, en gran medida, de decisiones que se toman todos los días dentro de cada casa.

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