Crimen en el country: la querella pidió investigar por falso testimonio a tres peritos de la defensa

El juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras entró en su etapa decisiva con un alegato demoledor que desarmó la coartada de José Eduardo Figueroa.

Jucio contra José Eduardo Figueroa. Foto: Santiago Mendieta Jucio contra José Eduardo Figueroa. Foto: Santiago Mendieta

Resumen para apurados

  • La querella solicitó en Salta prisión perpetua para José Figueroa por el femicidio de Mercedes Kvedaras y pidió investigar a tres peritos de la defensa por falso testimonio y fraude.
  • El crimen ocurrió en un country mediante asfixia mecánica. El alegato reveló años de violencia sistemática y desarmó la coartada de un accidente mientras el hijo menor estaba presente.
  • La denuncia contra peritos por plagio y manipulación de pruebas sienta un precedente sobre la ética forense. Se espera una sentencia que reconozca el agravante por violencia de género.
Resumen generado con IA

Mercedes, no fue tu culpa. Con estas palabras cargadas de dolor y búsqueda de justicia, la querella inició su alegato final en el juicio contra José Eduardo Figueroa, acusado del crimen de su esposa, Mercedes Kvedaras. El relato expuesto ante el tribunal no solo desnudó una historia de violencia sistemática y control, sino que reconstruyó con precisión quirúrgica los últimos momentos de Mercedes, marcados por la brutalidad de un hombre que se creía su dueño.

El horror ante los ojos de la inocencia

Uno de los puntos más desgarradores y centrales de la acusación es que Figueroa cometió el crimen mientras su hijo menor, de apenas cuatro o cinco años, se encontraba en la vivienda. La querella desarmó la coartada del imputado, quien sostenía que el hecho ocurrió tras la partida del niño al colegio.

Las pruebas de tiempo son irrefutables: entre que los hijos mayores se retiraron a las 7:37 y el audio que Figueroa envió a un amigo a las 8:06 pidiendo que llevaran a al más chico al colegio porque él estaba "complicado", transcurrieron 28 minutos clave. En ese lapso, Mercedes ya estaba muerta o agonizando. El pequeño fue testigo del ambiente de terror; el testigo Santiago Cornejo, quien fue a buscar al niño, declaró que el pequeño lloraba desconsoladamente y que Figueroa estaba "raro y nervioso". Tiempo después, en su inocencia, el niño relató a un compañero: “Mi papá la golpeó tanto a mi mamá que mi mamá está en el cielo”.

La "jaula de oro" y la violencia como método

Mercedes vivía bajo un régimen de control total. La querella describió su matrimonio como una “jaula de oro” donde Figueroa ejercía violencia psicológica, física y económica. Según los testimonios, el imputado la minimizaba constantemente: “Yo soy un mal necesario hace muchos años para vos”, le decía, reforzando su dependencia económica. Él controlaba hasta el gasto de la nafta y le advertía que, si se separaba, “con él iba a tener todo, pero sin él nada”.

La violencia física no era nueva. Se describieron patrones de conducta donde Figueroa, ante cualquier enojo, solía agarrar del cuello a Mercedes o a sus hijos. Una amiga relató que Mercedes le contó que en una ocasión él “la agarró del cuello y la puso contra una pared como levantándola”. El día del femicidio, ese patrón llegó a su fin más letal.

La acusación contra los peritos: el "fraude" científico

Un capítulo aparte en el alegato fue la durísima acusación contra los peritos de la defensa: el médico Daniel Dip, el psiquiatra Osvaldo Navarro y el criminalista Enrique Pruegger, a quienes se les solicitó investigar por falso testimonio.

Daniel Dip fue acusado de violar su juramento como testigo y el hipocrático al intentar introducir en el juicio una causa de muerte (un supuesto "latigazo cervical" por accidente) que nunca figuró en la autopsia original que él mismo firmó. Para la querella, Dip intentó hacer encajar la ciencia en el relato del imputado: “Cuando empezamos a acomodar las pruebas para que encajen en el relato, ya no es ciencia, es chamullo”.

La querella denunció que el psiquiatra Osvaldo Navarro plagió al menos siete párrafos de su informe de un artículo de Google para construir una falsa teoría de "emoción violenta". Se demostró que Navarro eliminó términos jurídicos del texto original para intentar que parecieran conclusiones médico-psiquiátricas. “No podemos pensar en que se pueda llegar a atenuar la responsabilidad de este hombre... en base a una pericia trucha copiada de Google”, sentenció el abogado querellante.

Enrique Pruegger fue señalado por introducir información falsa sobre los informes anatomopatológicos y por no estar matriculado en Salta para ejercer. La querella sostuvo que Pruegger negó pruebas evidentes, como la fractura de los dos astas del hueso hioides, alegando que no había visto el informe cuando en realidad lo citaba en su propio trabajo. “Vino a engañar y a manipular las pruebas”.

La mecánica del femicidio: sin rastro de accidente

La ciencia forense oficial, representada por el doctor Chirife, fue contundente: Mercedes murió por asfixia mecánica mixta por sofocación y estrangulación manual. El cuerpo de Mercedes hablaba: tenía marcas de uñas en el cuello, desgarros en la arteria carótida (signo de Amusat) y sus propios dientes marcados en los labios por la presión ejercida sobre su boca para callarla.

No hubo accidente en la bañadera, como pretendía la defensa. No se encontró sangre, humedad ni rastros de lucha en ese sector. En cambio, el antebaño presentaba marcas de los dedos de Mercedes en sectores bajos, lo que indicaba que intentó defenderse mientras era agredida. Tras asesinarla, Figueroa la “arrastró por el piso como si fuera una cosa y la cargó en el auto como si fuera un bulto” para intentar simular un suicidio en un descampado.

Un pedido de justicia ejemplar

El alegato concluyó con un pedido de prisión perpetua para José Eduardo Figueroa por homicidio doblemente calificado por el vínculo y por mediar violencia de género. La querella enfatizó que, dada su condición de abogado, Figueroa tenía un deber superior de respetar la ley.

Mercedes Kvedaras no fue responsable de su destino; fue víctima de un hombre que, según sus propias palabras en los chats, no aceptaba un "no" por respuesta: “Ella sigue eligiendo otros hombres y yo no puedo con eso”, confesó Figueroa en un audio tras el crimen. Para la familia, la verdad es el único camino para elaborar un duelo que quedó marcado por el horror: “Pedimos prisión perpetua. Esa pena es sanadora. Ayuda a construir desde la verdad, desde la identidad y desde la memoria familiar”.


Comentarios