PIERRE MANIGAULT. Describe un panorama preocupante en el hemisferio.

Pierre Manigault
Presidente de la SIP y del Grupo Evening Post
Las palabras importan. Y cuando esas palabras presentan a los periodistas como adversarios en lugar de participantes esenciales de la democracia, crean un clima donde prospera la intimidación y se instala la autocensura.
Al mismo tiempo, observamos el aumento del acoso judicial y la presión regulatoria. Demandas, leyes de difamación penal y mecanismos administrativos se utilizan no para garantizar la justicia, sino para silenciar el escrutinio. La litigación estratégica se ha convertido en una herramienta de control, diseñada para desgastar e intimidar a las voces independientes.
En demasiados lugares, la violencia sigue siendo una amenaza constante. Los periodistas continúan enfrentando ataques, amenazas y, trágicamente, asesinatos, a menudo en contextos marcados por el crimen organizado. Esta violencia se sostiene por una persistente impunidad y genera un miedo sistémico.
También enfrentamos crecientes restricciones al acceso a la información. Los gobiernos limitan datos públicos, restringen acreditaciones y manipulan sistemas de transparencia, socavando no solo al periodismo, sino el derecho fundamental del público a permanecer informado…
Un momento decisivo en Estados Unidos
Por primera vez en la historia moderna, también debemos reconocer un cambio profundo: Estados Unidos está experimentando presiones sistémicas sobre la libertad de prensa que reflejan patrones observados durante mucho tiempo en América Latina.
Vemos una escalada de la hostilidad institucional y política —incluyendo demandas, estigmatización pública y una retórica desde los más altos niveles de gobierno que presenta a los periodistas como adversarios—. Esta retórica está generando un entorno de trabajo cada vez más peligroso.
Preocupaciones
Observamos preocupaciones sobre el uso del poder estatal y de la autoridad regulatoria, incluidas acciones que involucran a organismos como la Comisión Federal de Comunicaciones, lo que plantea interrogantes sobre el posible uso indebido del poder del Estado —directa o indirectamente— para influir en la independencia editorial.
También vemos restricciones al acceso de los medios, así como prácticas de represalia vinculadas a decisiones editoriales y contenidos.
Y constatamos un aumento alarmante de la violencia y las detenciones, particularmente durante la cobertura de protestas, lo que indica un deterioro de las condiciones de seguridad en las que operan los periodistas.
¿Por qué importa este momento sin precedentes en Estados Unidos?
Porque cuando la libertad de prensa se debilita en Estados Unidos, envía una señal a todo el hemisferio, envalentonando a otros gobiernos a hacer lo mismo.
*Discurso de apertura de la Reunión de medio año de la SIP.










