
Si usted tiene una biblioteca, si conserva en algún lugar de su casa esa laboriosa acumulación de volúmenes que refleja, en su entramado discontinuo, siempre inacabado y cambiante, las etapas de una vida, con los intereses, emociones y creencias que el tiempo estratifica y termina por desgastar o cambiar de rumbo... Si ha levantado esa arquitectura personal con la particular devoción y cuidado de quien custodia un tesoro, entonces usted arrastra un problema: la ansiedad de saber que esa biblioteca es un reflejo de su vida, y que organizarla no es más que el intento vano de poner un orden simbólico en el caos de la propia existencia. Pero toda vida guarda, si no un orden, al menos en la cronología de las edades un hilo conductor. ¿Por qué no trasponerlo, entonces, a los libros?
Catalogación por edades
Descartados métodos arbitrarios como el alfabético, o los desquiciantes intentos de agrupar las obras por «temas» y a la vez por nacionalidades o épocas, una alternativa fascinante y delicada que nos queda es, sin dudas, la ordenación de los libros por la edad del autor al momento de escribirlos (de ponerles el punto final, para ser más preciso). La llamada «catalogación por edades» es una fórmula tan exacta como la alfabética, pero que conserva el sentido de realidad y permite una íntima e inesperada vinculación entre los volúmenes. De repente, la biblioteca se convierte en una multitud bulliciosa y vital, homogénea y diversa a un tiempo, como las aulas de un colegio. Ejecutar este método es una tarea ardua de investigación y análisis, de paciencia, erudición y compromiso, pero la paz que genera lo compensa todo.
Una pequeña biblioteca de clásicos, por ejemplo, estaría organizada de la siguiente manera (la edad del autor va entre paréntesis):
Autores hasta los 19 años: Diario de Ana Frank (15), Frankenstein (19).
Veinteañeros: Orgullo y prejuicio (20), La dama de las camelias (23), La ciudad y los perros (26), La metamorfosis (29 años y 5 meses), Manifiesto Comunista (29 años y 8 meses), Romancero gitano (29 años y 9 meses).
Treintañeros: El ruido y la furia (31), Madame Bovary (34 años y 5 meses), Historia universal de la infamia (34 años y 10 meses), El túnel (37), La casa de los espíritus (39 años, 5 meses y 6 días), Cien años de soledad (39 años, 5 meses y 28 días), Ulises (39 años y 8 meses).
Cuarentones: Rebelión en la granja (40), Principia Mathematica (44 años y 3 meses), Ficciones (44 años y 10 meses), Crimen y castigo (44 años, 11 meses y 19 días), Los detectives salvajes (44 años, 11 meses y 28 días), La rebelión de las masas (47), El origen de las especies (49).
Cincuentones: Sobre héroes y tumbas (50), La Divina Comedia (56), Crítica de la razón pura (57 años y 1 mes), Don Quijote de la Mancha (primera parte) (57 años y 2 meses), Los miserables (59).
Sexagenarios: El hacedor (60), Abaddón el exterminador (62), Prometeo encadenado (65), El señor de los anillos (66), Don Quijote de la Mancha (segunda parte) (68).
Septuagenarios: El informe de Brodie (71), La ciudad de Dios (72), El malestar en la cultura (73), El libro de arena (76), Largo pétalo de mar (77), Cinco esquinas (79).
Octogenarios: Fausto (82), Tiempos recios (83)
Nonagenarios o más: Edipo en Colono (90)
¿Qué leer? ¿Cuándo?
Transformada la biblioteca en un organismo vivo y cronológico, concéntrese ahora en lo más importante: para ser una persona culta, de mentalidad abierta, y al mismo tiempo un lector organizado, lea libros que se correspondan con su edad en cada momento (la sensación de sincronía vital con el autor es una experiencia maravillosa). Si tiene 44 años, lea Crimen y castigo, Los detectives salvajes, Principia Mathematica y Ficciones, entre otros muchos. Si tiene 82, lea y relea el Fausto; y Tiempos recios, la novela de Vargas Llosa, cuando haya cumplido los 83. (Yo, que tengo 56, estoy leyendo La divina comedia).
En la mitad del camino de la vida, la lectura se le presentará como un bosque frondoso en el cual perderse, pero a medida que el tiempo avance y los años corran habrá menos lecturas disponibles y su biblioteca se irá agostando (los autores nonagenarios son escasos). Y apenas le quedará a usted el tiempo justo para leerlos.
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Juan Ángel Cabaleiro - Escritor.







