ANGUSTIA Y ESPERA. A un mes del desastre, persisten a humedad y las dificultades para volver a la vida cotidiana. La Gaceta / Fotos de Analía Jaramillo
El barro no termina de irse en La Madrid. No se seca, no se endurece. Sigue fresco, blando, como si la tierra se negara a absorberlo. Hay calles donde los vehículos avanzan con dificultad y otras donde incluso caminar implica calcular dónde pisar para no resbalar o quedar atrapado.
A más de un mes de la inundación del 11 de marzo, el pueblo todavía carga con sus marcas más visibles.
Las lluvias de los últimos días no hicieron más que profundizar ese escenario. El agua volvió a caer sobre un suelo saturado, sin capacidad de drenaje. El resultado es una postal repetida de barro acumulado, charcos persistentes y un tránsito que se vuelve cada vez más complejo.
Dentro de las casas, la situación no es muy distinta, cuentan los vecinos. Ellos mencionan cómo la humedad se instaló en las paredes y parece no ceder. Hay viviendas donde el olor a encierro y a agua estancada todavía domina el ambiente. En muchas, la limpieza no terminó.
“Hay casas que siguen llenas de lodo, con todas sus paredes húmedas”, describe Gladys González, vecina. Su relato se repite en distintas cuadras: hogares afectados, muebles arruinados, espacios que aún no vuelven a ser habitables.
“Las casas siguen afectadas, hay humedad, barro y muchas familias sin poder volver”, agrega.
Y advierte sobre una realidad que atraviesa a todo el pueblo: “Hay ancianos, niños y personas con enfermedades que necesitan ayuda para levantar lo que se perdió”.
Los problemas motivaron que salieran a la ruta para exigir una ayuda estatal que consideran tan necesaria como urgente.
Preocupación
El paso del tiempo, lejos de aliviar, profundiza la preocupación.
“Ya pasó un mes de la inundación y el problema sigue”, sostiene Sheila González.
La mujer remarca además la falta de acompañamiento estatal en los momentos más críticos y para ejemplificar la situación recuerda las horas posteriores al desastre: “Estuvimos evacuados más de 24 horas y lo básico no estaba garantizado. La asistencia del Estado no fue suficiente”.
La escena, según coinciden varios testimonios, se sostuvo gracias a la solidaridad. “Si no fuera por donaciones de parajes vecinos y de otras provincias vecinas, la gente estaba a la deriva”, resume Sheila.
Mientras tanto, las soluciones estructurales siguen sin aparecer. Y ese es el eje central del reclamo.
“No queremos colchones ni bolsones de comida. Queremos obras”, plantea Olga Acosta, otra de las vecinas que participó de las protestas.
RECLAMO. LA RUTA 157 fue el escenario del pedido de obras urgentes.
La crítica apunta a las respuestas que consideran insuficientes: “No queremos montículos de tierra que después el agua mete en las casas. Eso es una burla”.
El pedido principal se reitera en cada testimonio. En La Madrid sus pobladores quieren infraestructura que evite que la historia vuelva a repetirse.
“Necesitamos gaviones, canales, alcantarillas, obras de verdad para que el agua escurra y no se quede”, detalla Acosta para agregar: “Que hagan lo necesario en la ruta, que la bajen, que hagan desagües”.
Años de espera
El planteo no es nuevo. “Desde 1992 venimos con inundaciones. Esto no es nuevo”, subraya la voz de Matías Mansilla, otro de los vecinos.
“Desde hace tres décadas tenemos inundaciones. Esto no es nuevo”, enfatiza
Para él, la respuesta debe ser de fondo: “Queremos obras de verdad, no que nos amontonen tierra. Necesitamos una solución estructural”.
PERMANECER. Los habitantes desean quedarse pero vivir sin miedo.
En La Madrid, el temor no es solo lo que ya pasó, sino lo que puede volver a pasar. Sobre todo con un pronóstico que sigue anunciando lluvias.
“No nos queremos ir del pueblo, queremos vivir acá”, dicen.
Pero esa permanencia, aclaran, depende de algo básico: poder vivir sin volver a empezar cada vez que llueve.







