ROMÁNTICO. “Miguelón” intercambia corazones con su pareja.
Resumen para apurados
- Diversos líderes narco de Tucumán, como Miguelón Figueroa y La Jefa Sánchez, protagonizan vínculos sentimentales que exponen las dinámicas internas de sus organizaciones criminales.
- Estas relaciones involucran a cabecillas de zonas como Villa 9 de Julio. Los romances trascienden lo privado al influir en las alianzas y la estructura del tráfico de drogas local.
- El fenómeno evidencia una compleja trama social donde lo afectivo y lo delictivo se mezclan. El desafío para la seguridad será desarticular redes sostenidas por lazos de parentesco.
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En Tucumán, el narcotráfico no sólo dejó rutas de droga: también historias de amor que terminaron en muerte o en duras condena. En esta lista también aparecen acusados de ser traficantes que “perdieron” por sus hijos. Además, figuran mujeres que se hicieron conocidas por ser las “parejas de…” y terminaron conquistando espacios en este duro y cruel ámbito.
Hugo Daniel “El Rengo Ordóñez” Tévez es considerado como el hombre que impuso el narcomenudeo en la provincia, con la venta de dosis más pequeñas de cocaína y, posteriormente, con el paco y la pasta base. Fue pareja durante años de Margarita Toro, la mujer sospechada de ser la líder del clan que lleva su nombre y que dominaría las calles de Villa 9 de Julio. Su debilidad por las mujeres lo llevó a la muerte. En marzo de 2008 fue asesinado de ocho disparos. Pero su crimen no estuvo vinculado a la comercialización de drogas, sino a un amorío.
Tévez rehizo su vida y se instaló en La Costanera, donde tejió una red de quioscos de venta de droga. Cuando estuvo en la cárcel cumpliendo una de las tantas penas que se dictaron en su contra, conoció a la mujer de un compañero de encierro. Se enamoró de ella y mantuvo una relación, aprovechando que la pareja continuaba detrás de las rejas. El hombre se enteró del amorío y prometió vengarse. Ni bien recuperó la libertad, se dirigió en bicicleta hasta la casa del “Rengo Ordóñez”. Esperó que saliera y lo acribilló a balazos. Se quedó en el lugar hasta que llegaron los policías para que lo detuvieran.
En nombre del hijo
Miguel “Miguelón” Figueroa siempre fue sospechado de dirigir una organización narco. Ideó una cruenta venganza después de que asesinaran a su hermano. Fue condenado por haber matado a tres integrantes de la familia que acabó con la vida de su pariente. Como otros traficantes, mientras estuvo prófugo usó diferentes identidades, vivió en distintas viviendas y departamentos de barrio Norte y hasta cambió su fisonomía sometiéndose a cirugías estéticas.
Un informe reveló que el prófugo había decidido viajar a Salta para acompañar a su hijo, que estaba rehabilitándose de los problemas de adicción que padecía. Los investigadores chequearon la información y lo detuvieron cuando estaba desayunando en una estación de servicio de “La Linda”.
El joven, tras la detención del padre, nunca pudo rehabilitarse. Terminó quitándose la vida. “Miguelón”, que había sido trasladado a un penal de máxima seguridad de Buenos Aires porque habría estado planificando su fuga de la cárcel de Villa Urquiza, pidió autorización para regresar a Tucumán para despedirse de su hijo. Al rechazarle el pedido, ideó un plan con su pareja para amenazar al gobernador Osvaldo Jaldo, a un juez y a tres fiscales. Por ese hecho ambos fueron condenados. En la audiencia donde se leyó la sentencia, “intercambiaron” corazones y besos.
Walter “El Petiso David” Lobos reúne varias de las características del narco contemporáneo. El actualmente procesado por lavado de activos mantuvo relaciones con varias mujeres, con las que tuvo varios hijos. La Justicia puso su foco en él por los viajes que realizó con ellos a distintos países del mundo, por regalarles vehículos y por hacer millonarias transferencias a sus cuentas bancarias y billeteras virtuales.
Pesadas
En los últimos tiempos, quedó demostrado que varias tucumanas supieron ocupar importantes espacios en el ámbito narco local. Carla “La Jefa” Sánchez se enamoró de José Santillán, un santiagueño acusado de tráfico de drogas. A él lo detuvieron y fue ella quien siguió con la actividad en la vecina provincia.
La tucumana cortó la relación y comenzó otra con Juan Guerrero, hijo de un narco santiagueño. Se conocieron cuando ambos visitaban a sus seres queridos en el penal de Bower, en Córdoba. Los investigadores luego la vincularon sentimentalmente con Julio “Gastonero” Chávez, otro condenado por causas de drogas. “La Jefa” fue detenida en un country de Yerba Buena y condenada. Dicen de que de cada uno de ellos aprendió los secretos del negocio.
Nilda “La Cabezona” Gómez comenzó vendiendo dosis en su casa y, en poco más de una década, lideró una organización que se dedicaba a proveer cocaína a los transas de la capital y del interior de la provincia. Fue amiga de Margarita Toro, del “Rengo Ordóñez” y esposa de José “Manzanita” Ríos, otro condenado por drogas. En 2017 fue detenida por la División de Drogas Peligrosas de la Policía Federal en un departamento. Intentó escapar con su pareja, conocido como “Galo”, que era 20 años menor que ella.










