
Resumen para apurados
- El DT de Rumania, Mircea Lucescu, murió a los 80 años en Bucarest tras sufrir una crisis cardíaca, pocos días después de que su selección fuera eliminada del Mundial 2026.
- Estaba internado desde la última fecha FIFA por un cuadro de salud delicado. Lucescu fue capitán en 1970 y el primer técnico en llevar a Rumania a una Eurocopa en 1984.
- La pérdida de esta figura central genera conmoción mundial. Su trayectoria de más de 30 títulos y su rol de mentor dejan un legado imborrable en la historia del fútbol rumano.
La muerte de Mircea Lucescu sacudió al fútbol europeo y generó una fuerte conmoción en Rumania. El histórico entrenador falleció a los 80 años, pocos días después de que su selección quedara fuera del Mundial 2026, en un desenlace que llenó de tristeza a un país que lo consideraba una de sus mayores figuras deportivas.
Lucescu atravesaba un delicado cuadro de salud desde hacía varios días. Había sufrido una crisis cardíaca en plena última fecha FIFA, cuando trabajaba con el seleccionado, y desde entonces permanecía internado en un hospital de Bucarest. En las últimas horas, su estado se agravó y finalmente se confirmó la noticia de su muerte.
La despedida de la federación rumana estuvo cargada de emoción. En un mensaje difundido en redes sociales, definieron a Lucescu como un hombre que “fue más que un entrenador” y remarcaron que dejó lecciones de vida, elegancia y una manera única de entender el fútbol. La reacción mostró con claridad el lugar inmenso que ocupaba en la historia del deporte de su país.
Su peso simbólico iba mucho más allá de este último ciclo. Fue capitán de Rumania en el Mundial de 1970, luego se convirtió en el primer técnico en clasificar al seleccionado a una Eurocopa en 1984 y, a lo largo de su carrera, acumuló más de 30 títulos. Su segundo regreso al seleccionado, en agosto de 2024, había alimentado la ilusión de devolver al equipo a una Copa del Mundo.
El adiós a una figura central del fútbol rumano
Más allá del dolor por la reciente eliminación mundialista, la figura de Lucescu trasciende ese capítulo final. Para Rumania no era solamente un entrenador exitoso, sino una referencia absoluta, una voz respetada y un hombre que marcó generaciones enteras. Su muerte dejó un vacío enorme y reabrió, al mismo tiempo, el recuerdo de una trayectoria difícil de igualar.







