“La ciudad hoy recibe el agua que la tierra absorbía”

Un especialista advierte que el colapso del sistema pluvial responde a décadas de cambios en el uso del suelo. El análisis completo.

DESBORDES. Los anegamientos empezarían en zonas donde no se ven. DESBORDES. Los anegamientos empezarían en zonas donde no se ven.
Hace 2 Hs

En medio de los reclamos por calles anegadas, canales desbordados y barrios afectados tras las últimas lluvias, una pregunta empieza a tomar fuerza: ¿el problema está realmente donde parece? Para el urbanista Gerardo Isas, la respuesta obliga a correr el foco.

“Se apunta al canal, pero no al origen del problema. El agua que circula por los sistemas pluviales muchas veces se genera en otras zonas, con usos del suelo completamente distintos”, plantea.

Así, el especialista pone el acento en la transformación de las zonas altas, donde en los últimos años avanzaron desarrollos urbanos sobre terrenos que antes cumplían una función ambiental esencial. “Cada desarrollo implica desmonte y superficies impermeables. Antes había suelo absorbente; hoy el agua escurre directamente. Eso aumenta el volumen que llega a los canales”, explica.

En ese marco, cuestiona algunas explicaciones que suelen instalarse en el debate público. “No se puede atribuir el problema a la basura, por ejemplo. El volumen de agua no tiene relación con eso. Hay causas estructurales que no se están analizando”, advierte. Para Isas, el eje del problema no está en lo visible o inmediato, sino en decisiones de fondo vinculadas al uso del suelo. Y esa lógica también alcanza a la discusión sobre infraestructura. “Muchos canales responden a diseños de los años 60 y hoy deben manejar un volumen de agua mucho mayor, en un contexto completamente distinto”, señala.

Uso del suelo

No obstante, insiste en que no se trata solo de una cuestión técnica: “El problema es el uso del suelo, que es caótico e indisciplinado. Se urbanizan zonas que deberían funcionar como áreas de absorción, y eso termina colapsando el sistema”.

Detrás de estas definiciones aparece también el impacto desigual de estas transformaciones. “Las zonas altas, donde se desarrollan urbanizaciones más recientes, terminan descargando el agua sobre sectores más vulnerables”, advierte. En ese esquema, señala, el Estado suele intervenir después, intentando corregir desequilibrios ya instalados.

Su diagnóstico, en definitiva, hace emerger una pregunta más profunda sobre cómo y dónde crecen las ciudades, y quiénes terminan pagando las consecuencias de esas decisiones.

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