Viajar, gastar y estar: la pasión de los hinchas de San Martín no entiende de crisis

La previa en Córdoba dejó al descubierto el esfuerzo que hacen los fanáticos para seguir al equipo aun cuando el contexto económico obliga a hacer cuentas por todo.

SIEMPRE PRESENTES. Los hinchas de San Martín viajaron a alentar al equipo en su debut en la Copa Argentina 2026. SIEMPRE PRESENTES. Los hinchas de San Martín viajaron a alentar al equipo en su debut en la Copa Argentina 2026. Foto de Gonzalo Cabrera Terrazas

Resumen para apurados

  • Hinchas de San Martín de Tucumán viajaron a Córdoba para el debut en Copa Argentina ante Estudiantes (RC), priorizando al club sobre la compleja situación económica argentina.
  • El traslado implicó gastos de hasta $200.000 por persona entre entradas y pasajes. Los fanáticos organizaron asados en un club local para abaratar costos y fortalecer el vínculo.
  • Este fenómeno ratifica la vigencia del fútbol como prioridad cultural en el interior. El esfuerzo económico de la hinchada se vuelve un motor vital frente a la recesión actual.
Resumen generado con IA

El viaje empezó mucho antes de que la pelota rodara en Córdoba. Empezó en cada peso guardado con tiempo, en cada permiso pedido en el trabajo, en cada amigo que dio una mano y en cada esfuerzo silencioso para no faltar. San Martín disputa su partido por los 32avos de final de la Copa Argentina frente a Estudiantes de Río Cuarto, pero para sus hinchas el encuentro había arrancado bastante antes, sobre la ruta y en esa necesidad casi inevitable de acompañar al equipo aun cuando la distancia y el contexto económico invitan a pensarlo dos veces.

La escena previa tuvo un punto de encuentro que rápidamente se tiñó de rojo y blanco: el estadio de General Paz Juniors, club que milita en el Regional Federal Amateur y que hasta hace muy poco perdió la final del ascenso justamente con Tucumán Central. Hasta allí fueron llegando los simpatizantes “santos”, algunos en colectivos organizados, otros en autos particulares y varios en grupos de amigos. El cansancio del viaje se les notaba en la cara, pero apenas entraban al predio parecía quedar a un costado. Las banderas colgadas, la música, el humo de las parrillas, el olor a asado y la tradicional choripaneada terminaron de armar un clima que por momentos parecía trasladar un poco de Tucumán a Córdoba.

No era solamente una previa. Era una forma de reconocerse. De volver a encontrarse con los de siempre y también con los que se van haciendo conocidos a fuerza de compartir kilómetros. Entre bombos, charlas cruzadas y vasos en la mano, el tema no era solo el partido. También aparecía el costo de estar ahí, lo que implica seguir a San Martín en tiempos difíciles, el esfuerzo que hay detrás de cada viaje y esa costumbre de hacer lugar en el bolsillo para el club, aunque haya que resignar otras cosas.

“Vine en ómnibus, un poquito cansador el viaje, pero vine con los chicos. A algunos ya los conocía y otros los vas conociendo ahí. Son hermanos todos dentro del ‘bondi’, se hace una amistad”, sostuvo Carlos Daniel Bequero, mientras repasaba cómo había sido el trayecto hasta Córdoba. En su relato aparecía una idea que se repetía en varios hinchas: el viaje no es sólo el traslado, también es convivencia, pertenencia y una especie de familia improvisada que se arma en la ruta.

“Siempre que se puede viajar con San Martín, uno viaja. La entrada estaba a $50.000, el pasaje $80.000, y yo por lo menos ya lo separo”, explicó Bequero, quien enseguida dejó una frase que pinta bastante bien el sentimiento de muchos. “Es efectivo, ya está. Y duele, obvio, pero cuando es por San Martín, uno no lo siente igual”, agregó.

“Estamos con la incertidumbre de saber a qué juega. Lo bueno es que seguimos invictos, pero todavía no demuestra demasiado. Hay momentos fugaces en los que parece que va a despegar y después volvemos a caer”, dijo sobre lo futbolístico.

NO PODÍA FALTAR. La espera se hizo mucho más amena gracias a un asado en la cancha del NO PODÍA FALTAR. La espera se hizo mucho más amena gracias a un asado en la cancha del Foto de Gonzalo Cabrera Terrazas

A pocos metros, en medio de la música y del movimiento de gente, Pablo Nicay contaba que su viaje también se resolvió casi sobre la hora. “Con un amigo coordinamos a último momento porque no sabíamos si veníamos o no. Teníamos unos problemas, pero al final decidimos venir porque teníamos muchas ganas, y bueno, atacamos”, relató. En esa decisión de salir aun con complicaciones aparecía otra vez esa lógica del hincha: la del impulso que termina venciendo a cualquier cálculo.

“Seguirlo a San Martín afuera es muy lindo, a mí me gusta mucho”, dijo Nicay. “Más allá del partido, te encontrás con amigos, con gente que conocés de todos lados. Eso también está bueno”, agregó.

A la hora de hablar del equipo, este fanático se diferenció de quienes miran con desconfianza al entrenador. “A mí sí me gusta el técnico, me gusta el equipo. Recién van pocas fechas y estos torneos son largos. Esperemos que después dé resultado”, expresó.

SONRIENTES. Mateo Briceño y Martín Páez posaron felices durante la previa en la cancha de General Paz Juniors. SONRIENTES. Mateo Briceño y Martín Páez posaron felices durante la previa en la cancha de General Paz Juniors. Foto de Gonzalo Cabrera Terrazas

Entre los que se acomodaban cerca de las parrillas también estaba Matías Artaza, de 21 años, que había planeado el viaje con más tiempo. “Vine en colectivo y esto ya lo tenía organizado desde hace bastante. Había ajustado la plata y pagué el viaje”, contó. En su caso, el esfuerzo económico iba de la mano con una organización previa, casi como si viajar detrás de San Martín exigiera una planificación paralela a la vida cotidiana.

“Tengo la suerte de laburar con mi viejo, así que le dije que me cubra”, relató Artaza y cuando tuvo que ponerle números al gasto, no dudó. “Contando todo, entre colectivo, bebida, comida, yo digo que unos $200.000 como para andar ‘tranqui”, aseguró. Sin embargo, enseguida le quitó dramatismo al número y lo llevó a otro plano. “Más allá de seguir al equipo, son experiencias. Eso es lo que vale”.

La historia de Elías Agustín Juri, de 24 años, mezclaba presente y memoria. “Seguirlo a San Martín afuera es lo mejor que hay. Nosotros somos un grupo de hace mucho viaje ya”, contó, y enseguida recordó el primero de todos. “Mi primer viaje fue hace 16 años, a Formosa contra Boca. De ahí La Rioja, Córdoba… Todo hermoso”.

“San Martín es una forma de vida. Nosotros lo vivimos en el día a día. Si se lesionó uno, si pasó esto, si pasó lo otro, lo hablamos todo el tiempo. Tenemos un grupo y de lunes a lunes se habla de San Martín”, explicó Juri, que también detalló el esfuerzo económico que implica salir a la ruta. “Nosotros alquilamos un departamento, las dos noches eran $50.000, $60.000 en nafta y después lo que gastás acá. En total, $150.000 o más”, calculó. “Hay que guardar, guardar, guardar. Por ahí no comés un asado o dejás otra cosa, pero ya sabés que el 6 o el 7 de abril juega San Martín y tenés que llegar”, aseguró.

Muy cerca suyo, Mateo Briceño, estudiante de Comunicación, también explicaba cómo había hecho para acomodar todo y poder estar. “El trayecto fue en ómnibus desde el club. Estuvo buena esa acción porque era necesario para que venga más gente, para que el socio se prenda con un precio más accesible”, señaló Briceño. Su recorrido, de hecho, había sido todavía más agotador. “No estaba en la provincia, había estado acá en Córdoba viendo unos recitales. Volví y al otro día ya tuve que salir de nuevo. Llegué a la madrugada y me fui otra vez”.

Un pasión que no se explica

La sinceridad también apareció en el testimonio de Martín Páez, de 22 años. “Se gasta $50.000 de entrada, $66.000 del pasaje porque somos socios al día y unos $50.000 más por la duda”, detalló. “Mi vieja no me entendía. Me decía por qué era tan importante un partido de 32avos. Y yo todavía no sé cómo explicarle. Pero acá estamos”, concluyó.

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