EMOTIVO HOMENAJE. En redes sociales recordaron, con un dibujo, a las tres personas que murieron por el temporal.
Mariano Robles y Solana Albornoz fueron hallados sin vida en medio del barro, tras desaparecer durante el temporal. Él tenía 28 y ella, 32. Eran padres de dos pequeños y volvían de un casamiento. No murieron ni en una ruta, ni en un hecho imprevisible. Fallecieron en una tormenta. Pocos minutos antes, Lisandro, un preadolescente de 12, también pasó por lo mismo. Prácticamente un niño que tenía todo por delante. Pero la lluvia fue más fuerte.
Tres muertes. Un mismo escenario. Y una pregunta que incomoda a los de "arriba": ¿cómo se puede morir por una tormenta en Tucumán? Acá no se trata solo de un fenómeno climático. Sabemos que en la provincia las lluvias pueden ser intensas, incluso extraordinarias. Pero las consecuencias ya no lo son. Nos acostumbramos a calles que se vuelven ríos; a zonas que se inundan siempre en los mismos sitios; a caminos intransitables; a la falta de señalización; a la infraestructura que no alcanza. Y todo sigue igual.
Si algo quedó en claro con lo que pasó este fin de semana, es que cada vez que llueve fuerte, Tucumán parece empezar de nuevo. Como si no tuviera memoria. Como si cada tragedia (varias a lo largo de los años) fuera la primera. Pero no lo es. Lo más doloroso no es solo la muerte. Es la repetición. La sensación de que esto ya pasó y puede volver a pasar. Hay que entender por una vez que la lluvia no debería matar, pero, lamentáblemente, en esta provincia termina haciéndolo.
Hay explicaciones, condolencias y promesas. Se habla de “un fin de semana triste” y de un fenómeno de gran magnitud. De alertas no previstas y trabajos preventivos. Sin embargo, las consecuencias vuelven a ser las mismas. Y si de algo estamos acostumbrados los tucumanos, es que la política (tanto el oficialismo como la oposición) aparece después. Con palabras, con diagnósticos, con explicaciones. Siempre después. Nunca antes. Las palabras a esta altura ya no alcanzan.
Tucumán está de luto. Tiene que estarlo. En las redes sociales, por ejemplo, alguien dibujó a las tres personas que perdieron la vida. A la pareja; al chico. Algo simple, pero humano. Una simple imagen, a veces, puede ser una forma de mantener viva la memoria. Para que estas historias no queden atrapadas en el paso fugaz de la noticia. Que estas tres víctimas no sean solo nombres. Que no se transformen en números. Que no se naturalice que en Tucumán, cuando llueve, alguien puede morir. Porque no debería pasar. Y, sin embargo, pasa.








