DESDE EL AIRE. La Madrid quedó completamente cubierto de agua. LA GACETA / FOTO DE MATÍAS VIEITO

La magnitud económica de las inundaciones en el sur tucumano vuelve a instalar un debate que excede la emergencia. El análisis de los costos, tanto de las pérdidas como de las obras necesarias, permite dimensionar el impacto y también las decisiones pendientes. Así lo planteó Eduardo Martel, ingeniero y ex coordinador general de la Comisión Especial de Emergencia Hídrica de la Legislatura, quien retomó los estudios realizados en 2017 para trazar un paralelo con la situación actual.
“Se tuvieron en cuenta en los estudios de la comisión de 2017, los aspectos sociales, los productivos y los costos de infraestructura”, explicó Martel. En ese contexto, el especialista precisó que los denominados “costos hundidos” reflejan las pérdidas directas provocadas por el avance del agua.
“Los costos hundidos se valuaron en el orden de U$S25 a 32 millones, pero fueron superiores esa vez. Eso se puede tomar para tener un valor de comparación”, afirmó. A partir de ese antecedente, sostuvo que el escenario reciente presenta similitudes. “Las características que evaluamos sobre cómo se dieron los hechos que provocaron las inundaciones este año y los efectos que analizamos son comparables a los del año 2017”, señaló.
El contraste entre el costo de una inundación y el de las obras necesarias para prevenirla resulta uno de los puntos centrales del análisis. Martel indicó que los proyectos elaborados por la comisión ya definían intervenciones prioritarias. “Esas obras prioritarias están cuantificadas en un valor del orden de U$S10 millones”, detalló. Y agregó una comparación directa: “Esto quiere decir que con una inversión en obras de ese orden, estaríamos en un tercio del costo de la inundación de 2017 y cuyas consecuencias son seguramente comparables a las que se produjeron este año”. El caso de La Madrid aparece como el ejemplo más crítico dentro de ese diagnóstico. “Lo de La Madrid es dramático porque el 70 u 80% de la ciudad tiene que evacuarse. Eso no ocurriría con las obras que estaban proyectadas”, sostuvo.
Trasladar o intervenir
Otra alternativa que se analizó fue el traslado de la ciudad, aunque los números muestran un escenario más complejo. “Se hizo una evaluación de lo que sería el costo del traslado de La Madrid y resultó en U$S60 millones. Eso sólo equivaldría a las viviendas, sin contar las expropiaciones y la parte de infraestructura pública”, explicó. A ese monto, aclaró, se suman factores que no se pueden medir solo en términos económicos. “A eso se le debe sumar el costo indirecto con criterios sociales para evaluarlos como el desarraigo”, indicó.
En ese marco, Martel descartó la idea de una localidad inviable. “La conclusión general es que La Madrid no es una población inviable. Este año cumple 150 años y antes de eso ya había población afincada allí. Si existe hace 150 años, ¿por qué ahora dejaría de ser viable?”, planteó. Según su mirada, el problema combina condiciones naturales y decisiones humanas. “Encontramos que hay razones naturales como la zona baja, pero también hay razones antrópicas que tenemos que revisar y son parte de las medidas que hay que tomar para que La Madrid siga siendo viable”, concluyó.








