LOS HERMANOS SEAN UNIDOS. A pesar de enfrentarse dentro de la cancha, Francisco y Facundo se saludaron tras el partido y disfrutaron junto a su familia. FOTO Osvaldo Ripoll

Hace más de una década, dos pequeños hermanos transitaban por la avenida Silvano Bores rumbo a Lince. El mayor, Francisco, de 13 años, llevaba de la mano al más chico, Facundo, de apenas ocho, a sus entrenamientos en el club. Con el tiempo, el acompañante dejó de serlo: se puso los cortos y también comenzó a jugar.
Anoche, en La Caldera del Parque, esos mismos dos niños, ya convertidos en atletas profesionales de 24 y 19 años, paralizaron a su familia y escribieron una página inolvidable al enfrentarse por primera vez. Francisco Moreno, hoy pilar fundamental de Tarucas, y Facundo Moreno, la joven promesa que viste los colores de Cobras, protagonizaron el cruce familiar del año.
El origen y el empujón
La historia comenzó en Lince y los caminos continuaron en Universitario. Sin embargo, la diferencia de edad siempre fue un muro: cinco años en el rugby son una eternidad que les impedía compartir categoría. “Nunca hubo chance de cruzarse en las juveniles”, rememora Francisco entre el alivio y la nostalgia.
Sin embargo, el destino profesional fue más generoso que el calendario de la URT. Facundo, que el año pasado miraba los partidos desde un costado de la cancha como espectador, ayer fue protagonista central. Y lo hizo, al menos en una pequeña parte, gracias a un “empujón” de uno de sus rivales. Tras su paso por la franquicia brasileña, Francisco dio las mejores referencias para que su hermano menor desembarcara en São Paulo. “La llegada de él hacia allí fue recomendada por mí. Es lindo jugar en contra”, reconoce el mayor de los Moreno, con la mezcla justa de orgullo y desafío.
Una hinchada especial
Mientras en la cancha la tensión fue alta, en las tribunas el clima fue de pura emoción. Liliana Álvarez, la madre de los chicos, fue el centro de gravedad de un grupo de tucumanos que no sabía qué camiseta ponerse. La logística familiar fue una ingeniería de afecto: banderas con el nombre de ambos y un despliegue de remeras que reflejaba la crisis de identidad de los hinchas: algunas con el logo de Tarucas, otras de Cobras y las más llamativas, divididas a la mitad, con la foto de ambos.
“Parece que van por el lado de Cobras”, bromeaba Francisco antes del partido, sabiendo que Facundo, por ser el menor de tres hermanos -el mayor no juega al rugby-, suele tener un trato especial. “Él es el mimado“, sostenía entre risas.
APOYO DOBLE. La familia Moreno siguió las acciones del partido con el corazón dividido. FOTO Osvaldo Ripoll
Miguel Moreno, el padre, observaba orgulloso no solo a sus hijos, sino a toda la familia que seguía llegando. Pero quienes mejor resumieron el sentir del grupo fueron las abuelas. Elena Lucena, con su bandera en mano, hablaba emocionada sobre sus nietos: “Le doy gracias a Dios de que puedan estar aquí. Yo quería hacer esta bandera para los dos, para que ninguno se sienta menos. Que gane cualquiera, nosotros vamos a estar felices“. Por otro lado, María Mahana, la otra abuela de los jóvenes, recordaba los inicios como si todo hubiera sucedido ayer. “Cuando eran chicos pasaban mucho tiempo conmigo porque vivía cerca de su casa. Siempre se portaron bien, son unos muy buenos chicos”, destacaba.
Chicanas y el asado
Facundo vivió el encuentro como un regalo inesperado. “Tenemos una diferencia de edad y cada uno fue haciendo su camino por separado, por eso hoy se vive como una sorpresa muy linda. Es de esas cosas que no planeás, pero cuando pasan, las disfrutás mucho más”, reflexionaba el menor de los Moreno.
Y, por supuesto, el humor no podía faltar. Entre los hermanos ya circulaban las bromas y las apuestas sobre quién pagaría el asado. Francisco incluso evocó anécdotas de otros conocidos que pasaron por lo mismo: “Soy amigo de los hermanos Toth, que uno está en Selknam y el otro en Yacaré. Me tocó compartir con ellos y por ahí se tiran alguna cargada o chiste de los partidos donde se enfrentaron”.
Ayer, cuando se cruzaron con la ovalada en juego, Francisco y Facundo Moreno supieron que, aunque vistieran colores distintos, el triunfo fue para ambos. El pitazo final dio paso a la postal más esperada de la tarde. No importó el resultado. Padres, abuelas, tíos y primos bajaron a la cancha, coparon el césped e inmortalizaron el momento con una foto rodeando a los dos.
Porque, como sentenció Elena, lo que se celebró ayer no fueron los puntos de Cobras ni el triunfo de Tarucas, sino el camino recorrido: desde aquellos entrenamientos en Lince hasta este rugido del profesionalismo.







