San Martín, entre el desorden y el carácter: empate con sabor a alivio en San Juan

Andrés Yllana repitió equipo, pero el medio campo fue superado y el “Santo” nunca encontró fluidez. Aun así, reaccionó a tiempo y rescató un punto clave.

GRITO DESAFORADO. Juárez acaba de empujar la pelota al gol y lo grita con todo. El Santo se trajo un punto desde San Juan. GRITO DESAFORADO. Juárez acaba de empujar la pelota al gol y lo grita con todo. El "Santo" se trajo un punto desde San Juan. Prensa CASM
Bruno Farano
Por Bruno Farano Hace 1 Hs

Hay partidos que se entienden desde la táctica, desde los movimientos ni desde las decisiones. Y hay otros que se explican desde algo mucho más difuso y casi incómodo para el análisis: la fortuna. San Martín se trajo desde San Juan un empate 1 a 1 que entra en esa categoría. Un punto que no nace de lo que hizo bien, sino de lo que resistió. Un punto que no responde tanto al plan, sino a la persistencia.

Cuando el fútbol no fluye, cuando las ideas no aparecen y cuando el equipo se parte, hay algo que se vuelve indispensable; que la suerte esté de tu lado. Andrés Yllana y sus dirigidos pueden dar fe de eso.

El partido empezó torcido desde el amanecer. San Martín de San Juan no necesitó demasiado para golpear. Le alcanzó con una aceleración limpia, una jugada que recorrió el ancho del campo de izquierda a derecha, para encontrar a Federico Murillo y marcar el 1 a 0. Fue una acción simple, casi sin oposición, que expuso una de las primeras grietas del equipo tucumano: la dificultad para cerrar los costados y sostener la concentración en los primeros minutos.

Yllana apostó por la continuidad. Repitió el mismo “11” que venía de un buen rendimiento ante Nueva Chicago, pero esta vez la respuesta fue otra. Porque los nombres eran los mismos, pero el contexto cambió. Y el partido también.

El “Verdinegro” entendió rápido por dónde pasaba el negocio. Con Diego Mercado, Guillermo Acosta y Sebastián González, copó el medio campo. Lo hizo ancho, intenso, incómodo. Le quitó espacios a Kevin López, lo aisló del circuito y, a partir de ahí, logró lo más importante; que los tucumanos fueran un equipo largo, estirado e inconexo.

La pelota no circulaba. Saltaba, iba de defensa a ataque sin escalas, sin pausa y sin elaboración. Y en ese escenario, San Martín quedó atrapado en una lógica que no le convenía. Perdía las segundas pelotas, llegaba tarde a las coberturas y no lograba sostener posesiones que le permitieran acomodarse en campo rival.

El primer tiempo fue eso: un equipo incómodo, superado en el medio y sin herramientas para cambiar la dinámica.

En el complemento, Yllana movió. Mandó a la cancha a Matías García por Alan Cisnero y, con ese cambio, modificó algo más que un nombre. El equipo encontró un poco más de pausa, una conexión distinta entre líneas y una intención de jugar que en la primera parte había estado ausente.

San Martín empezó a llegar. No de manera arrolladora, pero sí con mayor claridad. Lautaro Ovando se transformó en uno de los puntos más altos, atacando los espacios con velocidad y potencia, y generando preocupación constante en la defensa sanjuanina.

Pero el fútbol también se juega en las áreas. Y ahí apareció la falta de eficacia. Facundo Pons tuvo dos oportunidades claras que pudieron cambiar la historia. No estuvo fino, y en partidos así eso se paga.

Del otro lado, San Martín de San Juan hizo lo que suelen hacer los equipos que se sienten en control. Bajó el ritmo, administró la ventaja e intentó meter el partido en el freezer. Lo llevó a un terreno en el que el tiempo corre más rápido para el que pierde y más lento para el que gana.

Pero hay algo que este San Martín tiene, incluso en sus peores versiones: no se rinde.

En el último ataque, el "Santo" encontró lo que buscaba

Fue a buscarlo como pudo, con más voluntad que claridad. Empujó, insistió y acumuló gente en campo rival. Y en la última, cuando la historia ya parecía escrita, encontró lo que había ido a buscar durante todo el complemento. A la salida de una pelota parada, Jorge Juárez marcó el 1 a 1.

Empate y respiro. Un premio para un equipo que nunca bajó los brazos y que había vendido cara la derrota. Pero también una advertencia.

Porque no siempre la suerte va a estar del mismo lado. Porque no siempre va a haber una última jugada que salve la historia. Y porque cuando uno o más jugadores no logran dar ese salto de calidad, es necesario encontrar alternativas.

San Martín se llevó algo de San Juan. Pero también se trajo una enseñanza. Y esas, a la larga, valen más que un punto.

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