Cada vez hay menos cortes de carne vacunna en los hogares.

El histórico vínculo de los argentinos con la carne vacuna atraviesa un punto más crítico. Según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), el consumo per cápita se desplomó a 47,3 kilos anuales, el registro más bajo de las últimas dos décadas. La cifra marcó una distancia abismal frente a los 62,2 kilos de 2005 y los casi 70 kilos alcanzados en 2008.
Un mercado interno en retroceso
Históricamente, el mercado doméstico absorbía más del 90% de la producción nacional (con un pico de 94,8% en 2014). Sin embargo, esa participación cayó drásticamente hasta el 68% en 2024, lo que reflejó cómo la pérdida de poder adquisitivo y el cambio de precios relativos han desplazado la carne del centro de la dieta familiar.
Precios al doble de la inflación
La caída del consumo no frenó el avance de los precios; al contrario, la escasez de oferta los ha impulsado. En el primer bimestre de 2026, mientras la inflación general rondó el 6%, los cortes de carne en el mostrador aumentaron un 12%. Este fenómeno se explica por una producción que se contrajo un 9,1% interanual, producto de los coletazos de sequías e inundaciones que mermaron el stock de hacienda.
La salida exportadora como contrapeso
En contraste con la crisis del mostrador local, el sector externo muestra cifras positivas. Las exportaciones crecieron un 6,6% en volumen y un impactante 47,6% en facturación, gracias a una mejora del 30% en los precios internacionales (U$S 7.362 la tonelada).
Mercados como Estados Unidos, Israel y Europa compensaron la desaceleración de China, al consolidar un modelo donde el ingreso de divisas pesa cada vez más que el abastecimiento interno.







