Política, racismo y la mujer, las claves del Oscar

Conan O’Brien Conan O’Brien
Fabio Ladetto
Por Fabio Ladetto Hace 5 Hs

La comedia política y el terror sobrenatural con condimentos sociales nunca brillaron en una gala del Oscar más que en la del domingo, donde entre ambos géneros se repartieron 14 premios. En el primer territorio temático, “Una batalla tras otra” se alzó con las más deseadas estatuillas hasta redondear seis, incluyendo mejor producción, casting, dirección y guión adaptado (para Paul Thomas Anderson); mientras que entre “Pecadores” (cuatro galardones, empezando por el de actor protagónico), “Frankenstein” (tres que unen lo técnico con lo artístico) y “La hora de la desaparición” (una, para su veterana actriz de reparto Amy Madigan) se repartieron las otras.

Queda por ver si dentro de un lustro estos títulos quedaron en la memoria o si habrán sido los mejores del año, solamente. La diferencia no es menor: Anderson es recordado aún por “Magnolia” o por “Petróleo sangriento”, por los que no ganó el Oscar. “Una batalla...” juega con el humor para describir un clima represivo estadounidense contra los migrantes por un militar fanático identificado con el supremacismo blanca, que sucumbe ante una mujer negra empoderada, quien lo marca hasta la muerte. Asimismo, ironiza sobre viejos y nuevos revolucionarios.  

En “Pecadores”, el racismo es también parte integrante de su historia de zombies, lo que le permite alcanzar un vuelo social que no tendría si hubiese sido -apenas- una más del género. En ella, también, lo femenino tiene un rol destacado. En la industria, su peso quedó evidenciado cuando Autumn Durald Arkapaw pidió que se paren todas las que estaban en las sillas del Dolby Theatre cuando recibió el primer Oscar en fotografía para una mujer en los 98 años de ceremonias; ella fue la cuarta nominada.

En blanco y negro, el anfitrión Conan O’Brien evocó a “Casablanca” para repudiar la guerra, en un mensaje que hablaba más del presente que del pasado. Su antecesor como host, Jimmy Kimmel, jugó su carta política al decir que “hay países cuyos líderes no respetan la libertad de expresión, pero no puedo decir cuáles -en una referencia interna-; sólo menciono a Corea del Norte y a CBS”, que lo sacó del aire el año pasado por un comentario.

En tanto, HBO Max se relame. En medio del proceso de venta de la señal a la plataforma de Universal+, luego del fiasco con Netflix, fue la gran ganadora de la noche entre las productoras, con 11 Oscar en su haber.

Tempos caóticos: Conan O’Brien de por vida

El presentador Conan O’Brien abrió la gala con un saludo a la Argentina y llució varios cambios de traje. Tras hablar de los “tiempos caóticos y aterradores” que vive el mundo, afirmó: “No rendimos homenaje solo al cine, sino a los ideales del arte global, la colaboración, la paciencia, la resiliencia y la rara cualidad del optimismo. Trabajamos por algo mejor”. Al cierre, en un sketch grabado, ironizó en que será anfitrión de por vida, con un guiño final a “Una batalla tras otra”.

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Lujos en solapa: del brillo al mensaje político

Los prendedores fueron tanto expresión de lujo como mensaje. Javier Bardem no dio espacio a la sutileza: tanto verbalmente como en su solapa, se pronunció contra la guerra y pidió por una “Palestina libre” al presentar a “Valor sentimental” como ganadora del premio a producción internacional. Su director, el noruego Joachim Trier, aseveró que “los adultos somos responsables por los niños y no votemos políticos que no se tomen esta idea en serio”.

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La nueva categoría: reconocer el casting

Los Oscar buscan actualizarse con nuevos rubros, pero todavía hay mucho por ajustar. “Valor sentimental” no figuró en la categoría debutante de mejor casting pese a que tenía cuatro nominaciones por las actuaciones. La misma cantidad de candidaturas tenía la ganadora en el rubro debutante, “Una batalla tras otra”; la estatuilla fue retirada por Cassandra Kulukundis, quien cumple tres décadas en la industria, ya que comenzó con Paul Thomas Anderson en 1996.

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Evocaciones: la emoción de Barbra Streisand

Emocionada, con un hilo de voz, Barbra Streisand cantó “Tal como éramos” para evocar a Robert Redford en el segmento In Memorian, a quien definió como un “cowboy intelectual”, donde además Billy Cristal recordó al asesinado Rob Reiner (“peleó contra las injusticias en un país que amaba”, señaló). En esa despedida se mencionó al compositor argentino Lalo Schifrin, creador del tema de “Misión: Imposible”. Todos los años hay olvidos, y esta vez le tocó a Brigitte Bardot.

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Mujeres al poder: la confirmación de dos premios previsibles

Si algo estaba cantado, y la noche del domingo sólo lo confirmó, fueron las categorías de actuación femenina. Amy Madigan en reparto por “La hora de la desaparición” y Jessie Buckley como protagónica por “Hamnet” se llevaron sus Oscar. Pasaron cuatro décadas desde que Madigan tuvo su anterior nominación, con “Dos veces en una vida”; ahora, con 75 años, al retirar su premio le agradeció a su esposo desde el 83, Ed Harris. en tanto, Buckley se convirtió en la primera irlandesa en lograr el premio por su trabajo dramático como una madre en duelo por la pérdida de su hijo. “En el Reino Unido es el día de las madres, y le dedico el Oscar al caos hermoso de ser madre”, aseveró.

El gran ausente: Sean Penn, de viaje en Ucrania

La brillante composición de Sean Penn como el supremacista coronel Steven J. Lockjaw en “Una batalla tras otra” lo hizo merecido ganador como actor de reparto. A los 65 años, llegó así a los tres Oscar (los otros fueron por “Río Místico” y “Mi nombre es Milk”), cantidad sólo alcanzada por Jack Nicholson y Daniel Day-Lewis. Fue el único ausente de la gala: viajó a Ucrania, país que apoya desde la invasión rusa hace cuatro años y para el que pide más respaldo militar. En actor protagónico se impuso Michel B. Jordan, superando a Timothée Chalamet (“Marty Supremo”), quien perdió el empuje de inicios de año desde que el gremio de los actores le diera la espalda y prefiriera  la figura de “Pecadores”.

Desafíos para conseguir público joven

Durante la fiesta, en distintos momentos, se reconoció el desafío de la industria en atraer al público joven en tiempos de dispersión multipantalla y múltiples focos de atención, y se criticó el abuso de la inteligencia artificial que pone en jaque la labor de actores, actrices y técnicos. Al momento de premiar, se eligió el trabajo habitual: “Frankenstein” (la apuesta de Netflix) ganó en maquillaje y peinado, vestuario y diseño de producción tras montar 119 sets físicos diferentes; “Avatar: fuego y ceniza” en efectos visuales (en el filme hay más de 3.000) y “F1” en sonido, grabado directamente en esos autos.

Empate: sorpresa en mejor cortometraje

Sólo siete veces en la historia de los Oscar hubo empate, y el domingo fue a mejor cortometraje. Una estatuilla la recibió la argentina Violeta Kreimer, productora de la sátira distópica francesa “Deux personnes échangeant de la salive” (“Dos personas intercambiando saliva”), sobre un tiempo en que se prohíben los besos. Netflix tuvo una alegría con la magnífica “Los cantantes”, relato minimalista de hombres solitarios y tristes en un bar, sobre un cuento de Iván Turgenev.

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Documentales: los registros de la verdad

“Mi hija Jackie tenía nueve años cuando fue asesinada. Si ven su habitación vacía, podría ser un mundo distinto”, dijo Gloria Cazares, cuya historia integra “All the empty rooms”, ganadora de corto documental por su enfoque sobre los tiroteos en escuelas. En largometraje se impuso “Mr. Nobody against Putin”, sobre Pavel Talankin, el maestro que denunció una campaña rusa de propaganda para reclutar jóvenes soldados. “Por el futuro y por los niños, paremos las guerras ahora”, dijo.

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