Foto: Los Andes

Una cena liviana, temprano, con amigos, en familia, en pareja o en soledad. Una copa de vino, de whisky o de champán y a dormir. Esa es la creencia de muchas personas que cada noche buscan una ayuda para dormir mejor. Lo que no saben es que el alcohol, lejos de producir el efecto que desean, afecta funciones cerebrales y empeora considerablemente la calidad del tiempo de descanso.
En un artículo de Europa Press Salud Infosalus, la especialista en insomnio Rybel Wix lo dice de forma clara y contundente: “el alcohol no ayuda a dormir mejor a pesar de la creencia popular de que una copa facilita la conciliación”. Así, pone fin a décadas de especulaciones y excusas para poder beber casi en cualquier ocasión. Y Wix no es la única que lo sostiene.
Lo que sí hace el alcohol es reducir la latencia, es decir, el tiempo que demora una persona en dormirse. Esto implica que facilita el inicio o la conciliación del sueño. Pero, luego, fragmenta el sueño posterior, suprime el proceso REM y reduce el sueño de ondas lentas reparadoras. Las personas con insomnio son las que más deben evitar el alcohol antes de dormir, porque agrava los síntomas y puede llevar a la dependencia.
Cómo afecta el alcohol al sueño y al cerebro
La organización “Be Nice to Brain” (“Sé amable con tu cerebro”), impulsada principalmente en Australia, invita a beber menos para cuidar el cerebro. “Cuanto menos bebas, mejor te sentirás”, anuncia. Es que el alcohol, señala, es una droga depresora que ralentiza las señales entre el cerebro y el cuerpo y puede afectar tanto la salud mental como el bienestar.
“Reducir o eliminar el consumo de alcohol puede mejorar tu estado de ánimo, tu energía y tu sueño, además de reducir los síntomas de estrés y ansiedad”, señalan desde la organización. Las bebidas con alcohol alteran el equilibrio de los receptores químicos del cerebro, propician menos sueño REM –que favorece la memoria y la función cerebral– y menos sueño profundo al final de la noche.








