Quedan los artistas

La obra de arte vence al tiempo y trasciende al autor.

30 Abril 2005
Por Juan Carlos Di Lullo

En el espectáculo "Salsa Criolla", Enrique Pinti cantaba una suerte de himno de su autoría que hace referencia a la trascendencia del artista a través de su obra.
Pasan los años, pasan los gobiernos,
los radicales y los peronistas,
pasan veranos, pasan inviernos,
quedan los artistas
Pinti habla aquí de la importancia que tienen -o que deben tener- los generadores de la obra de arte en una comunidad. Y señala que por encima de estos hombres y mujeres, y de sus existencias terrenas, está la producción que generan y que los trasciende en el espacio y en el tiempo.
¿Tendría nombre quien pintó los bisontes en las paredes de la cueva de Altamira? Beethoven no pudo escuchar su Novena Sinfonía, pero hoy tararean el "Himno a la Alegría" aun aquellos que ni siquiera están enterados de la existencia del sordo genial. Murió Fellini, pero lo sobrevive "Amarcord". Quedan sobre la tierra dos de los cuatro Beatles, pero "Yesterday" sigue sonando. La historia ubica el fallecimiento de Miguel de Cervantes en 1616, pero su Quijote cumple 400 años y goza de muy buena salud. Miguel Angel murió sin que su "Moisés" obedeciera su orden de hablar, pero allí está, para quitarles el aliento a quienes lo contemplan. Leonardo ya no está para verla, pero la sonrisa de su Mona Lisa nos seguirá intrigando. El accidente que terminó con la vida de Antoni Gaudí nunca podrá estropear la belleza del Park Güell o de la Sagrada Familia.
Pasan la belleza y la juventud
los pesimistas y los optimistas
pasan las pestes, pasa la salud,
quedan los artistas
Pero el artista no es simplemente un superdotado que genera belleza a cada paso en su existencia. Es alguien favorecido por una capacidad especial que debe desarrollar a fuerza de trabajo y de constancia, y que debe ejercitar con responsabilidad y sentido profesional para compartir los efectos de su habilidad singular con la comunidad que lo sostiene.
Lo que en nuestro riquísimo idioma llamamos el "don" -la cualidad especial que distingue al artista-, en el más austero inglés se dice "gift". La palabra también significa "regalo", y ese concepto introduce una responsabilidad más sobre el dueño de una habilidad singular. Es la de desarrollar esa capacidad, y no desperdiciarla. Y genera la obligación de la comunidad -y sobre todo, de sus dirigentes- de rodear al depositario del "don" de las condiciones para potenciar esas cualidades naturales y lograr la realización del artista. En "Tierra de hombres", Antoine de Saint Exupéry habla de los "Mozart asesinados" para señalar el peligro de no descubrir el potencial de quienes tienen el talento, y de no cultivarlo para que cuaje el artista en toda su dimensión, con la consiguiente frustración definitiva de ideas revolucionarias, pensamientos originales y obras de arte.
Contra lo que alguien pueda pensar, el arte no está restringido a lo que generalmente se consideran actividades vinculadas a la recreación del espíritu. No es otra cosa que arte lo que adornó el atrevimiento de Copérnico cuando elaboró su teoría a partir del convencimiento de que no era la Tierra sino el Sol el centro de nuestro sistema planetario. Hay arte en el revolucionario planteo de la evolución de las especies que enunció Charles Darwin, en el cálculo infinitesimal desarrollado por Leibnitz y por Newton y, por supuesto, en el descomunal salto conceptual estructurado hace 100 años en la teoría de la relatividad de Albert Einstein.
No cotiza en Bolsa; no aparece entre los valores sobre los que se calcula el producto bruto interno; es despreciado en los presupuestos; siempre tiene que ceder preeminencia a las cuestiones urgentes. Pero el arte logra que los artistas sigan entre nosotros aunque ya se hayan ido.
no habrá fantasma que se nos resista
ni crisis que nuestra senda tuerza
mientras ustedes cuiden a sus artistas, concluye Pinti.

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