ÉXODO. Jóvenes bajan de un micro que los trae de distintas localidades, para cruzar por la ciudad de San Javier, en Misiones. / LA NACIÓN

Las imágenes se viralizaron en redes y sorprendieron incluso a quienes viven desde siempre a la vera del río Uruguay. Filas extensas de jóvenes esperan su turno para hacer Migraciones y subir a la balsa que, en apenas 10 minutos, los deja del lado brasileño. Ocurre en San Javier hacia San Xavier, en Alba Posse hacia Porto Mauá y en otros puntos de la frontera entre Misiones y Brasil.
Lo que antes era un movimiento estacional y reducido hoy se volvió cotidiano. Cada mañana, grupos numerosos de chicos, en su mayoría varones de entre 18 y 30 años, cruzan para trabajar como peones rurales en cosechas de uva y manzana en Rio Grande do Sul, donde atraviesan el momento de mayor demanda laboral del año.
ÉXODO. Espera en San Javier, para hacer los trámites migratorios antes de subir a la balsa. / LA NACIÓN
Según un relevamiento publicado por LA NACION, el fenómeno creció de manera sostenida en los últimos años, pero en este verano alcanzó un nivel inédito en la historia reciente de la provincia.
No solo se van los desocupados
Una de las particularidades que más llama la atención es que ya no cruzan únicamente quienes no consiguen trabajo en Misiones. También lo hacen quienes tienen trabajo formal, pero cuyos ingresos no alcanzan.
En el informe se relatan historias de chicos de entre 20 y 24 años, oriundos de localidades como Apóstoles y Aristóbulo del Valle, que decidieron probar suerte en Brasil por primera vez. Algunos trabajan en comercios, otros en la yerba mate. Sin embargo, optan por viajar igual, con pocas pertenencias, ropa liviana y expectativas altas por lo que puedan ganar del otro lado.
ÉXODO. En Alba Posse, jóvenes y no tan jóvenes cruzan, llevan valijas, pero no van a hacer turismo. / LA NACIÓN
La crisis de las economías regionales
Detrás del éxodo hay un contexto económico que atraviesa a Misiones de manera profunda. La yerba mate, el té, la forestoindustria, los cítricos, la mandioca, la construcción y el comercio muestran señales de retracción. Se perdieron miles de puestos de trabajo registrados y la recuperación fue parcial.
La provincia, que tiene más del 90% de su territorio lindante con Brasil y Paraguay, también sufrió el impacto del cambio en la dinámica fronteriza. Durante años, compradores extranjeros cruzaban hacia Misiones para consumir y comprar. Hoy sucede al revés: son los argentinos quienes cruzan para comprar más barato.
El turismo refleja ese cambio. El aeropuerto de Iguazú batió récord de pasajeros en 2025, pero las Cataratas aún no recuperan el nivel de visitantes de 2019. Muchos viajeros eligen hospedarse en Brasil por costos más bajos.
Pueblos que se vacían durante el día
En algunas localidades fronterizas el movimiento es tan constante que modifica la vida cotidiana. Barrios enteros quedan semivacíos durante el día porque gran parte de los trabajadores cruzan a Brasil. En otras, el flujo se da por frontera seca o a través de puentes internacionales.
ÉXODO. Un grupo de jóvenes espera a la balsa para cruzar. Las balsas cruzan cada hora o cada dos horas, depende del momento del día. / LA NACIÓN
Trabajadores rurales que antes solo migraban cuando terminaba la zafra ahora se van en plena temporada. La razón es la misma: los valores que se pagan en Misiones resultan insuficientes frente al costo de vida y frente a lo que pueden reunir en pocas semanas en Brasil.
Un fenómeno que cambia la identidad laboral
Históricamente, el cruce para trabajar del otro lado existió, pero era acotado y estaba ligado casi exclusivamente a momentos de brecha cambiaria favorable. Hoy la dimensión es distinta y el motivo principal es la falta de oportunidades y de ingresos suficientes en origen.
El relevamiento muestra que ya no se trata solo de viajes temporales de trabajadores solos. También aparecen casos de familias que deciden instalarse por un tiempo en estados como Rio Grande do Sul o Santa Catarina.







