Daños por las lluvias: las alarmas que dejó el desborde del río Lules

Relatos de noches sin dormir para los vecinos de la zona, daños en la Ruta 321 y nuevas banderas rojas en una zona donde el agua nunca termina de retirarse.

“EL AGUA EMPUJA TODO”. Jorge Herrera, un habitante preocupado. “EL AGUA EMPUJA TODO”. Jorge Herrera, un habitante preocupado.
Ariane Armas
Por Ariane Armas Hace 4 Hs

El agua marrón pasó de largo aquella noche. No se detuvo en la curva ni respetó límites. Arrastró piedras, troncos y un ruido seco que todavía resuena en la memoria de quienes viven a pocos metros del río Lules. Joaquín Amaya, que desde hace 10 años vive en la zona conocida como la primera curva, no durmió. Recorrió el lugar durante toda la madrugada, mientras la lluvia caía sin pausa.

“Vivimos con miedo -dice-. Escuchábamos cómo el agua traía piedras y árboles, y uno siente que en cualquier momento el río va a buscar de nuevo su cauce”. No es una sensación aislada. En cada tormenta fuerte, los vecinos miran hacia el cauce con la misma pregunta: ¿aguantará esta vez?

Un par de kilómetros más adelante de su hogar, la escena es elocuente. La banquina prácticamente desapareció y el borde de la ruta provincial 321 quedó suspendido sobre un desnivel irregular, como si la corriente hubiese arrancado de un mordisco la base del pavimento. Ya dentro del lecho ancho y pedregoso del río, retroexcavadoras y camiones volcadores trabajan entre la grava, en una postal que mezcla cerros verdes de yungas, cielo limpio y el golpe metálico del hierro contra la piedra.

El último gran desborde del río Lules dejó cortes parciales de tránsito, daños en la calzada, afectación de un tendido eléctrico y serias dificultades para llegar tanto al Balneario Municipal como a la Quebrada luleña. Pero, además, reavivó una preocupación que los vecinos arrastran desde hace años. Sobre todo en en las noches de tormenta

“Sentimos que hay fallas en las barreras de contención y que no se hace nada al respecto”, resume Joaquín. La lluvia no paraba y el sonido del agua lo obligó a salir. “La Municipalidad hizo mucho por el turismo de la zona, y ojalá ahora se hagan las obras necesarias para no tener que vivir así”, agrega y reconoce que si el pronóstico se cumple y llegan más lluvias, el fin de semana no dormirá.

Esa inquietud se repite en otras voces. Jorge Herrera vive desde hace 25 años en el lugar y recuerda escenas similares, incluso antes de 2020, cuando una inundación obligó a construir un desagüe para salvar las casas de la zona. “El agua me daba a la cintura. Eso pasó hace poco, no es historia vieja”, advierte.

Herrera señala los trabajos actuales y frunce el ceño: “Se vuelve a cargar material como un terraplén, pero sin soporte. Cuando viene el agua, empuja todo”, dice. De noche, cuenta, se escuchan alarmas de máquinas trabajando en el río. “Vemos camiones pasar a cualquier hora y nadie nos explica qué impacto tiene eso”, añade.

Coincidencias

En los últimos días, distintos relevamientos técnicos y recorridos de campo aportaron un dato que suma tensión al escenario. Los sectores más castigados por la crecida coinciden con áreas donde en los últimos años se realizaron extracciones de áridos dentro del cauce y su planicie de inundación.

Mapas digitales y análisis de imágenes recientes marcan los puntos donde el río salió de su cauce y rompió la ruta 321, y también aquellos donde el curso avanzó peligrosamente sobre el margen derecho, a menos de 20 o 30 metros del asfalto.

Uno de los focos señalados se ubica en la cantera llamada La Quebrada, donde un equipo de LA GACETA observó montículos de material y huellas de camiones, en zonas muy próximas al cauce activo.

Desde el ámbito técnico se advierte que la extracción no controlada de áridos puede alterar de forma significativa la dinámica natural de un río de montaña, y que ese proceso favorece la erosión lateral y el desplazamiento del cauce hacia zonas vulnerables.

El geólogo Juan Gramajo, de la Dirección de Minería de la provincia, reconoce que la situación genera preocupación. “Siempre nos preocupa la erosión lateral y la protección de la ruta. Son ríos de montaña, con recurrencia en las crecidas”, explica.

Según indica el especialista, se están realizando vuelos de dron para comparar el comportamiento del río antes y después del temporal, y evaluar las zonas más comprometidas. “La idea es planificar a largo plazo, con la colaboración de geólogos y productores mineros, para proteger las barrancas, especialmente del margen derecho”, señaló, y defendió que una actividad minera bien planificada puede aportar soluciones, como el retiro de material sobrante que hoy colmata el cauce.

BARRERAS VENCIDAS. Las estructuras de contención instaladas no frenaron el avance de la última crecida. la gaceta / fotos de silvia granara BARRERAS VENCIDAS. Las estructuras de contención instaladas no frenaron el avance de la última crecida. la gaceta / fotos de silvia granara

Mientras tanto, el río sigue ahí, encajonado entre márgenes inestables y obras en marcha, esperando la próxima lluvia. Y para quienes viven a su lado, el desborde no es un hecho excepcional sino una amenaza latente que se activa con cada tormenta fuerte.

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