
La primera semifinal del Abierto de Australia 2026, disputada en Melbourne, quedó atravesada por un episodio tan tenso como decisivo. El cruce entre Carlos Alcaraz, número uno del mundo, y Alexander Zverev, tercero del ranking ATP, combinó tenis de altísimo nivel, un desgaste físico extremo y una fuerte controversia reglamentaria que encendió la pista central.
El español había tomado ventaja con autoridad al quedarse con los dos primeros sets por 6-4 y 7-6 (5). Sin embargo, el partido cambió de tono en el tercer parcial. Alcaraz empezó a mostrar señales claras de malestar: calambres en la pierna derecha, dificultades para desplazarse y un cuadro físico que ya venía condicionado por problemas estomacales. Con el marcador 5-4 a su favor, el murciano solicitó atención médica en pista y desató la reacción inmediata de Zverev.
El alemán explotó contra el juez de silla y los oficiales del torneo. A los gritos, cuestionó la aplicación del reglamento y denunció un supuesto trato preferencial hacia las principales figuras del circuito. “Está pidiendo tiempo médico por calambres y eso no está permitido”, reclamó, visiblemente alterado. Incluso amplió su queja al mencionar a Jannik Sinner, número dos del mundo, al afirmar que “siempre están protegiendo a estos dos”.
Zverev totalmente sacado porque la umpire le permite medical timeout a Alcaraz por estar acalambrado cuando eso por reglamento no está permitido.
— Milton Friedom5 (@MiltonFriedom5) January 30, 2026
Pasó el Chiqui Tapia por el AO y les dijo: Ladrones. #PLPSports
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La interrupción se extendió durante tres minutos y mantuvo al público en vilo. Tras la reanudación, el partido entró en una dinámica de resistencia pura. Zverev aprovechó las limitaciones físicas de su rival para emparejar el duelo, se llevó el tercer y cuarto set en el tie-break y llevó la definición a un quinto parcial dramático.
Allí, pese al dolor, los calambres y un notable desgaste que incluso lo llevó a vomitar en plena cancha, Alcaraz sacó a relucir carácter y jerarquía. Cerró el partido por 7-5 y selló una victoria maratónica por 3-2 que lo depositó en su primera final en Melbourne, en una de las actuaciones más exigentes de su carrera.
“Fue durísimo, el calor pegaba y los dos estábamos muy tensos. Traté de aguantar y pelear cada punto”, explicó el español tras el encuentro, que ahora irá en busca del único Grand Slam que aún no figura en su palmarés.







