De Tucumán al mundo: la ruta artística de Ana Won

Pintora abstracta y gestora cultural, protagoniza una carrera internacional sin abandonar la provincia. Su recorrido combina intuición, trabajo sostenido y una fuerte apuesta colectiva. Conceptos.

BÚSQUEDA CREATIVA. Ana Won trabaja desde su Tucumán natal pensando en todo el mundo. BÚSQUEDA CREATIVA. Ana Won trabaja desde su Tucumán natal pensando en todo el mundo.
Hace 8 Hs

La relación de la tucumana Ana Won con el arte comenzó temprano, mucho antes de que se definiera como pintora. De niña, entre dibujos, cámaras de foto caseras y libros con reproducciones de obras que circulaban en su casa, descubrió una sensibilidad que marcaría su camino.

La figura de Frida Kahlo fue una revelación inicial, no solo por la potencia de su creación, sino también por la posibilidad de pensar a una mujer como artista. Aunque exploró otras disciplinas expresivas como el teatro y la fotografía, en la adultez decidió volcarse de lleno a la plástica, construyendo una formación por fuera de la academia, a partir de clínicas, talleres y el intercambio con otros artistas.

“Siempre fui pintora, siempre hice abstracción”, afirma en diálogo con LA GACETA. Impulsada por su maestro de fotografía, e inspirada por su hermano, también artista, comenzó a pintar hace más de una década y desde entonces no abandonó esa forma de expresarse. Para Won, la abstracción no es un estilo sino una forma de pensar imágenes: líneas, colores y composiciones que construyen un universo propio, una narrativa que se expande obra tras obra. “Mi trabajo es como un cuento que se va escribiendo”, explica.

En el terreno del arte abstracto, donde no hay una figura concreta que funcione como guía, la intuición ocupa un rol central. No hay un “ojo fuera de lugar” que explique el problema. Hay, en cambio, una percepción interna que orienta el proceso. En ese descubrimiento, atravesado por la incertidumbre y el disfrute, reconoció su vocación.

Cuando se inició, la adrenalina la atravesaba mientras trabajaba. Había una sensación constante de no saber con precisión qué estaba haciendo, de avanzar entre dudas, hasta que -de pronto- algo comenzaba a funcionar. La pintura empezaba a responder y la experiencia se transformaba en un placer intenso. Fue entonces cuando comprendió que ese era su lugar: que era pintora. La felicidad surgió justamente de ese tránsito entre el error y el hallazgo, de ver cómo una creación que no funcionaba adquiría sentido.

Dicha

En su búsqueda personal también convive con una fuerte vocación por la escena local. Won es una de las impulsoras de Dicha, un taller ubicado en una casona histórica a metros de la plaza Independencia. Allí trabajan nueve artistas de distintas generaciones y disciplinas.

El proyecto nació como una forma de profesionalizar el trabajo artístico en una provincia donde, históricamente, los talleres e enseñanza eran precarios o improvisados. “Tener un taller parece algo básico en Buenos Aires o Córdoba, pero acá es un privilegio reciente”, señala.

Dicha también funciona como espacio de apertura, ya que promueve el cruce entre los artistas con trayectorias consolidadas y los jóvenes que surgen. En esa línea crearon la beca Residencia Dichosa, la cual ofrece formaciones gratuitas durante tres meses a los creadores emergentes. “Si sos joven y no conocés a nadie, ¿cómo te insertás? Esa es una pregunta clave”, dice.

La artista reconoce que Tucumán no tiene un mercado de arte desarrollado. No hay un coleccionismo sostenido, museos privados ni políticas culturales fuertes en cuanto a adquisición de obras. Sin embargo, destaca una paradoja: con muy pocos recursos, la provincia sostiene una escena under que es potente y está reconocida a nivel nacional e internacional. “Es todo a pulmón. Y así hay artistas increíbles y espacios muy profesionales”, resume.

LLAMADO DEL SOL NACIENTE. La artista creó su obra con pastel de tiza, óleo y tinta sobre lienzo. LLAMADO DEL SOL NACIENTE. La artista creó su obra con pastel de tiza, óleo y tinta sobre lienzo.

Al exterior

Su experiencia lo confirma. El salto al exterior llegó por una combinación de trabajo, confianza en su obra y suerte. Residencias, clínicas, ferias y contactos fortuitos fueron abriendo puertas fuera de la provincia y del país. Una obra vendida en una feria europea derivó en una representación internacional. Una muestra en Buenos Aires aceleró su visibilidad. “Hay mucha suerte, pero también tenés que confiar en lo que hacés y no dejar que el mercado te coma”, reflexiona.

A pesar de exponer en grandes ciudades, la artista elige vivir en Tucumán. “Acá el tiempo es otro. Me calma”, describe. Reconoce que Buenos Aires ofrece más visibilidad y oportunidades, pero también hay más ansiedad y competencia. Volver al ritmo lento, al taller, a los vínculos cotidianos, es parte de su equilibrio creativo. “Eso después me permite ir al mundo sin deslumbrarme “explica.

Mirando hacia adelante, sueña con residencias en Asia, exposiciones en Londres y una muestra individual en el Malba. Pero insiste en algo que atraviesa toda su trayectoria: lo que se consigue afuera debe volver a la comunidad. “Todo lo que uno recibe, hay que pensar cómo devolverlo”, afirma.

Desde Tucumán, Ana Won sigue pintando, gestionando y construyendo escena. Con una obra que crece y un compromiso que se multiplica, demuestra que crear desde el margen no solo es posible, sino también una forma de potencia.

Una trayectoria

Formación diversa

Ana Won nació en San Miguel de Tucumán, en 1989. Se formó con Carlos Huffman, Diego Bianchi, Valentina Liernur, Mónica Girón, Verónica Gómez, Eduardo Stupía, Eduardo Basualdo, Raúl Flores y Sandro Pereira, entre otros. Cursó fotografía artística y técnica en la UNT y realizó becada diferentes clínicas e instancias de formación en Yungas Arte Contemporáneo, el Fondo Nacional de las Artes, Rusia Galería y la Universidad Torcuato Di Tella, entre otras experiencias. Realizó exposiciones individuales y sus obras forman parte de colecciones privadas y oficiales, como la del Museo Moderno de Buenos Aires.

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