¿En qué medida cambió la pandemia la forma de hacer y consumir cultura?

Protagonistas del cine, el teatro, la música y la literatura brindan sus puntos de vista y se enfocan en lo que vendrá

¿En qué medida cambió la pandemia la forma de hacer y consumir cultura?
27 Enero 2026

El vertiginoso inicio de 2020 impuso un cambio rotundo en nuestra manera de habitar el mundo. El 9 de enero se registró en Wuhan la primera víctima del coronavirus; el 7 de marzo le tocó a la Argentina. Pocos días después, el 20, empezó a regir la cuarentena. La urgencia de la pandemia obligó al mercado cultural a adaptarse a las nuevas tecnologías y políticas de consumos para mantenerse a flote. Y si bien las plataformas digitales ya se habían consolidado como un medio sostenible para la producción audiovisual, muchas otras expresiones debieron encontrar la maneta de visibilizarse para mantener su vigencia.

Otros caminos

“Lo que en la pandemia había surgido fue una experimentación vinculada al micro rodaje: trabajar con unidades de rodaje y medios mucho más limitados y hacer una exploración estética”, explicó Pedro Ponce, realizador cinematográfico y profesor de la Escuela de Cine, Video y Televisión de la UNT.

Según Ponce, la post-pandemia fue un proceso mucho más duro debido a que se tendió al monopolio y a lo que él denomina extractivismo cultural. “Es una tendencia por parte de las grandes plataformas de salir a buscar alguna cultura exótica, algún fenómeno que les resulte llamativo o alguna historia para filmarla y empaquetarla como si fuese una hamburguesa”, define.

¿Y en cuanto al teatro? Se bifurcó en distintas direcciones. La primera de ellas fue la filmación de obras; otra, más interesante, significó la generación de espacios virtuales de visionado sincrónico, como fue el festival nacional UAIFAI. “Es un festival de micromonólogos que nació específicamente en pandemia, pensando en los nuevos modos virtuales”, explicó María Lombana, una de las encargadas de su realización.

“Esto está pasando en los bienes culturales que consumimos: son más breves, por eso apelamos a micromonólogos que duran entre 15 y 20 minutos”, agregó. Su compañera directora del festival, Leandra Rodríguez, señala que esto se debió a la consolidación de un nuevo personaje en las redes sociales: “el micromonólogo toma lo que la pandemia nos deja, la figura del influencer”.

En el caso de la literatura, el confinamiento potenció otra variante. “Cuando empieza la pandemia se nos ocurre hacer libros digitales y nos damos cuenta de que era fácil”, explicó Pablo Donzelli, editor de La Papa. Y también hay quienes aprovecharon el aislamiento para aumentar la producción, como fue el caso del músico Patricio García. “Fue un momento muy creativo; las primeras semanas de la pandemia estuve tocando mucho el piano. Casi todas las canciones del álbum (“Galería Rose Marie”) son de esa época”, reveló.

Para el análisis

“Si había una tendencia anterior era el hecho de que las plataformas habían estado asignando de manera evidente la forma en la cual se producían los contenidos audiovisuales, se organizaban las narrativas, los diseños y modelos de producción. Después de la pandemia, lejos de disolverse, eso se profundizó muchísimo” remarcó Ponce. “Lo cinematográfico está pensado para prevalecer, lo audiovisual está pensado para perecer”, agregó.

Condición que también afectó a la literatura, como cuenta Donzelli por medio de una anécdota propia de aquellos días: “un amigo escribió un poema en una historia de Instagram desde el sanatorio, antes de que lo entubaran. Eso desapareció”.

¿Qué dejó la pandemia?

El 31 de marzo de 2022 el aislamiento terminó oficialmente, dejando la vida cotidiana entre continuidades, pérdidas y retornos. Entre ellos, la literatura en papel, con una cada vez mayor presencia de festivales y ferias donde circular. Donzelli enumeró entre ellas el Fenoar y las ferias municipales, aparte del retorno de encuentros como el Fideo y el  FILT.

En el mismo sentido “Pato” García celebró que los años siguientes a la pandemia la gente tenía muchas ganas de salir y escuchar música, todo vinculado a un movimiento cada vez mayor de intérpretes, productoras y espacios para la música local.

El teatro recogió continuidades prepandémicas y pandémicas, al contrario de los otros rubros. La práctica del monólogo se vuelve cada vez más común, así como el festival UAIFAI online continúa, pero al mismo tiempo son cada vez más las salas de teatro que abren con lógicas autogestionadas.

Esto tendió a generar una nueva problemática: la profesionalización de la producción artística. “En las artes escénicas durante la pandemia teníamos que usar el tiempo, entonces, empezamos a discutir nuestros problemas gremiales. Ahora hay categorías en el ARCA para las funciones específicas dentro del teatro”, explican las realizadoras. La post-pandemia del teatro conlleva tanto prácticas sincrónicas y físicas como digitales y asincrónicas, prácticas individuales y nuevas manifestaciones de colectividades.

Revisar y crear

Hasta aquí, en el siglo XXI la pandemia es el hecho histórico de mayor impacto. Detrás asoma el cada vez más lejano 11S. La pregunta es: ¿por qué no existe mayor producción cultural al respecto? Tanto en paralelo como luego de sucesos tan dramáticos como fueron las guerras mundiales o dictaduras de distinto signo ya se estaba gestando una respuesta al trauma.

Los síntomas que devinieron del aislamiento se vinculan con la cada vez mayor polarización política, los retrocesos de los Estados nacionales y el auge de la producción cada vez más concentrada de bienes culturales estandarizados. Entonces ¿por qué no se habla de eso?

Una segunda hipótesis podría ser que la tecnología, cada vez más dominada por intereses de mercado, impide la reflexión crítica del pasado debido a que nos está distrayendo. “Hasta ese momento la memoria nos daba chance de alguna manera, pero a partir de la pandemia todo sucede a grandes velocidades. Desde que terminó hasta ahora sucedieron muchos hechos traumáticos que no estamos escuchando”, apuntó Leandra Rodríguez.

Otra respuesta posible es cuestionar la capacidad para asimilar el trauma que nos corresponde. “No tenemos herramientas para procesar la pandemia” señaló Ponce, dejando entrever la idea de que, quizá, el virus es un tema inabarcable. O, en el peor de los casos, como dijo Donzelli: “la pandemia, que fue horrible, capaz fue insignificante”.


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