Si en algo las cosas están como entonces en la provincia es en que el peronismo sigue siendo lo único a lo que José Alperovich no le puede imponer su agitado ritmo. El paradójico movimiento -qué ironía- continúa siendo para el gobernador un sitio inhóspito, por momentos hostil, pero por sobre todo, inexplicable. Quedó demostrado durante el fin de semana con la última avivada del presidente del justicialismo, el senador Julio Miranda: traer a Ramón Ortega a que comiera un par de asados y a que posara para la foto -con unos amigos-, en una más que obvia maniobra. A estas alturas, ir a buscar a "Palito" dondequiera que se encuentre -en los 90 estaba en Miami- comienza a convertirse en una salida recurrente de Miranda; claro que está vez lo trajo para enojar a Alperovich; aquella otra vez lo había traído para que fuera gobernador, como un modo de postergar, al menos por cuatro años, el inevitable camino de Antonio Bussi hacia el poder en democracia.
Hasta el viernes Alperovich concentraba toda la atención gracias a su llamado público a dialogar sobre la futura reforma de la Constitución. En la Casa de Gobierno estaban encantados, porque consideraban que habían metido a los partidos de la oposición en un laberinto casi shakespereano: sentarse o no a charlar. Esa era la cuestión, hasta que, desde atrás y sin anunciar, apareció Miranda e impuso su propio tema de agenda: su derecho a participar en la digitación de quiénes serán los candidatos a diputados nacionales del PJ en octubre, tema respecto del cual se sintió desplazado por Alperovich y por el vicegobernador, Fernando Juri.
Mientras los alperovichistas, cual Heidi, creían que avanzaban entre mariposas hasta la cumbre de la montaña en un día de sol, el senador salió con eso que él llama folclóricamente peronómetro y juntada, en un intento por subrayar el carácter espontáneo del encuentro. ¡Como si fuera tan fácil reunir en un par de horas a dos ex gobernadores; tres ex senadores y uno en actividad; un diputado nacional y dos legisladores, además de al actual presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfredo Dato! Este último volvió a demostrar que la toga le ajusta, y que en cambio le divierten las fotos con parlamentarios (como la que le tomaron el año pasado con José Ricardo Falú) y las largas sobremesas políticas, en las que no se habla sobre el sexo de los ángeles precisamente. Por eso, ayer más de un funcionario carraspeaba por el hecho que, cuanto menos, fue calificado como grave desde el punto de vista institucional.
Tránsfuga en una tarde
Alperovich dice que no le preocupa lo que sucedió, pero sanguíneo como es salió él mismo a dar explicaciones, con lo que magnificó aún más el episodio. Asoció a su ex jefe (nunca hay que olvidar que fue ministro de Economía de Miranda) y a Ortega con el pasado. Y agregó que él, preocupado por gestionar, no tiene tiempo para amanecidos asados, befa que ya había usado contra la oposición. Además, reveló que uno de los legisladores que participó de la juntada (todos apuntan al sofista Sisto Terán) salió corriendo a contarle lo que habían hablado los otros. Esto y la aclaración de que él no hace campañas sucias parecen un llamado de atención al propio parlamentario, que actuó como tránsfuga, como le llaman en España a quien políticamente muta con facilidad; en este caso, en una misma tarde.
Cuesta creer que Ortega actúe por generosidad, más allá de que sus ex colaboradores -entre ellos, Dato- sigan reuniéndose en comilonas con asiduidad. El orteguismo, si no como corriente orgánica, sigue existiendo como una tertulia, en la que algunos de sus comensales siempre están listos para cualquier recambio que necesite el oficialismo (peronista) de turno (también suelen forzarlos con los rumores). El ex gobernador, aunque no quiere sabe nada con la política, necesita de ella, por la forma nada memorable en la que se retiró del Senado de la Nación en 2001. Aquí puede haber una explicación de la juntada.




