Patricio García: “Mi idea es trabajar en términos compositivos hasta el minimalismo total”

Después de más de un año lanzó un esperado EP que incluye diferentes versiones de un mismo tema, “Para el centro”, en el que late el corazón de San Miguel de Tucumán y, sobre todo, el de su genter

LO NUEVO. El EP salió poco antes de fin de año. Patricio tiene casi listo el próximo disco: “Galería Rose Marie”. LO NUEVO. El EP salió poco antes de fin de año. Patricio tiene casi listo el próximo disco: “Galería Rose Marie”.
Hace 8 Hs

Tarea imposible -y absurda- es encasillar a Patricio García, cuyo devenir musical se sostuvo siempre desde lo ecléctico y lo multifacético. Fundó Los Chicles y marcó la escena tucumana en los 90; continuó a lo largo de los 2000 una exitosa carrera con los álbumes “La magia” y “Dios me ha dicho que ponga la bomba”; y abrevó en la electrónica desde la comodidad de su computadora en “Listen in awe”, un pastiche de archivos de discursos con una sonoridad pop. A fines de diciembre pasado lanzó “Para el centro”, un EP de seis canciones, tres demos y tres versiones distintas del tema llamado, justamente, “Para el centro”. De eso, y de mucho más, habló en esta entrevista.

- ¿De dónde surgió la idea de “Para el centro” y sus múltiples versiones?

- Originalmente iba a ser un simple, pero me di cuenta de que tenía versiones y demos muy diferentes que valía la pena publicar. Me llevó unos dos o tres años llegar a la versión final en términos compositivos; pasó por demos donde probaba cosas como “A letter to Grace”, que fue la versión original en piano, y “Hadas Verdes”, un intento de lo que iba a hacer en la producción. Además, esos tres años estuve buscando la letra y la encontré una noche cuando un amigo de Yerba Buena me comentó que no le gustaba ir al centro y que lo evitaba siempre que podía. En ese momento pensé que la canción podía tratar de eso.

- ¿Buscás retratar la realidad local en tu música?

- Tengo la idea de “pintar la aldea” y dejar un testimonio de lo que es vivir en Tucumán, algo que es raro en canciones pop. Este EP y el disco “Galería Rose Marie”, del que va a formar parte junto a otros simples que saqué desde 2020, tienen el concepto de hablar de la ciudad y, particularmente, el centro.

- ¿Cómo evolucionó “Para el centro” desde su demo inicial?

- Pasó de ser un tema de piano con un ritmo más derecho a algo mucho más sincopado y con espíritu de jazz. Ahí los músicos se escuchan entre sí y tocan según lo que hace el otro, algo que también aplicamos en vivo, es como si tocamos un jazz disfrazado de pop. Proponemos cosas en vivo todo el tiempo, sin avisar, y el resto nos arreglamos alrededor de eso.

- ¿Por qué decidiste trabajar con este estilo?

- “Para el centro” es una canción con un ritmo del blues, algo de lo que carece mi obra, parece una canción “negra”, pero es un blues raro porque trabaja con acordes que no son los típicos del género. Como vengo del post-punk, antes evitaba los “bluesismos” y los “rockismos”, evitando la historia que cada uno tiene. Pero ahora quiero abrazarlos. También me recuerda mucho a Serú Girán porque es una canción tocada con mucho virtuosismo. Hemos ensayado mucho con la banda antes de grabarla y cuando lo hicimos se sentía la química.

- Hablando de los músicos, ¿por qué hay dos bajistas diferentes en las versiones del EP?

- Antes de incorporar a Jorge Carrizo había grabado una versión con otro bajista, Ian Almirón, que me parecía muy buena, por eso quise publicarla. Esta es una versión más demostradora, mientras que el bajo de Carrizo, que lo tocó y practicó durante mayor tiempo, es minimalista. Además tiene mucha química con Valerio, el baterista, así que tocan muy pegados.

- ¿Por qué trabajaste con un saxo y coros en este tema?

- El saxo, tocado por Nahuel Ojeda, representa los bocinazos del centro. Siempre quise tener ese instrumento en una canción porque nunca antes había usado uno y pensé que le vendría bien a “Para el centro” . Creo que representa al ruido del centro mucho mejor que un solo de guitarra. Hay otro elemento muy de música “negra” que son los coros, porque parecen preguntas y respuestas, que es una influencia africana. La canción es un retrato de la “ciudad-quilombo”, del tráfico y el estrés. Este es un concepto que me interesa mucho porque es muy expresivo, pero “pintar la aldea” es muy complicado porque la música es muy acotada en el uso de palabras. Admiro a Scott Walker porque escribe letras bellísimas con temas oscuros y terribles; crea escenarios como un avión que se cae o un torturador y un prisionero. Me gustaría mucho contar en las letras cosas que no se han contado antes, pero no me interesa tanto narrar, más bien generar sentido del tema a través de las palabras. A veces la musicalidad y la fonética de la palabra son más importantes que su sentido lineal porque las palabras también tienen ritmo.

- ¿Cómo es el retrato que querés hacer de la ciudad en “Galería Rose Marie”?

- Intento hablar de ella y de sus habitantes. Las letras no provienen de adentro mío, sino de lo que observo afuera. Este es un álbum para la gente y sus vidas, ya que ciertas figuras del centro me parecen sumamente interesantes. No es en sí el movimiento social; lo que me interesan son las historias de la gente que vive y trabaja en el centro. Por ejemplo, la propia galería Rose Marie es un lugar que hoy tiene problemas. Hay carteles que dicen que está tomada por dueños ilegales, lo qu me parece interesante dentro del retrato de la ciudad.

- ¿En qué estado se encuentra la grabación del álbum actualmente?

- Está todo grabado; sólo falta la mezcla de tres temas y el máster general. Trabajo con Martín Wilde; él tiene un equipamiento “vintage”, con la potencia que se dice que se usó en las sesiones de “Pet sounds” de los Beach Boys. Ahora estamos descansando, pero la idea es terminarlo y lanzarlo en marzo o abril.

“A propósito del ritmo”

- ¿Ya estás trabajando en algo nuevo después de este disco?

- Sí, estoy preparando el siguiente, que se llamará “A propósito del ritmo”. Procuré que “Galería Rose Marie” tuviera un trabajo profundo con el ritmo, pero para el nuevo quiero profundizar mucho más en el swing y en el groove, para ver qué tan “negra” puede ser mi música. Miro mucho a Prince y a Michael Jackson, gente más vinculada con el funk. Aparte, noté que el indie argentino cada vez se fue metiendo más en esos ritmos. Me interesa mucho lo que hace Nafta, ellos hacen música “negra”, pese a que Argentina nunca se ha caracterizado por tocar eso. Quiero profundizar en el camino de ellos y en el de Charly García de los 80, cuando estaba obsesionado con Prince, quien era innovador en lo que refería a la producción musical.

- ¿Qué te atrae de esa etapa de Charly o de Prince?

- Que aún siendo música bailable y minimalista no perdían la complejidad musical. Charly venía del rock progresivo y lograba temas rítmica y armónicamente complejos, como el riff en 7/4 de “Siguen pegando abajo”, pero son la simplicidad misma en el oído. Lo estuve practicando en “En el feudo”, pero la idea es profundizar aún más. Charly no terminó de hacer ese recorrido, mientras que Prince sí, porque grababa permanentemente en lo que quería. Mientras que Charly decidió trabajar con otros conceptos musicales después: el ruido, la confusión. Él hace una jugada audaz, abandonar lo que lo había hecho reconocido, que era su habilidad para los arreglos musicales, mientras que de “Say no More” en adelante propone algo más caótico. Mi idea es trabajar en términos compositivos hasta el minimalismo total.

- ¿A qué te referís con buscar el minimalismo?

- A usar la menor cantidad posible de elementos melódicos, porque al evitar usar acordes se pueden lograr armonías rarísimas. Me fascina la música africana, en la que los instrumentos no utilizan la escala de notas que conocemos, sino que cada uno toca su melodía y se entrecruzan, y muchas veces no son acordes armónicos.

- ¿Por qué este interés por el ritmo?

- El ritmo me parece glorioso porque pertenece al mundo del trabajo. Es el ritmo de levantar el algodón, el de remar todos al mismo tiempo. El ritmo no es algo placentero y en términos más crueles se podría decir que es el paso de los días hacia la muerte, tan terrible pero que usamos para bailar. El ritmo es la verdad.

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