26 Abril 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Néstor Kirchner dará mañana un paso muy importante para plebiscitar -como le gusta pronosticar- un triunfo político en las elecciones legislativas. Consistirá en la presidencia del acto donde asumirá el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, quien presidirá el distrito porteño del PJ, normalizado tras una prolongada espera y fraccionamiento. Al acto han sido invitados gobernadores, jefes de distritos provinciales, legisladores y otros dirigentes, incluido el ibarrismo. El distrito federal es el más flojo del justicialismo, y el apoyo que su nuevo jefe tuvo en las urnas apenas alcanzó al 12,5 % del padrón partidario, a pesar de ser el único candidato, lo cual es una advertencia de que la capital de la república sigue siendo un hueso muy duro de roer para el PJ. El jefe del Gabinete será acompañado en la conducción por integrantes del gobierno, lo cual permite advertir que Kirchner ha incluido en su estrategia una faena muy difícil, de acuerdo con la experiencia y lo que adelantan las encuestas. Para ello espera llevarse consigo buena parte del caudal electoral perdido por el alcalde Aníbal Ibarra, políticamente arruinado por la tragedia de República Cromagnon. Aun así, es difícil calcular cual puede ser la respuesta del tradicionalmente complejo oficialismo porteño, así como las perduraciones de Mauricio Macri y Elisa Carrió en sus últimas opciones electorales
A cualquier costo
Kirchner y su esposa regresaron de la asunción papal sin esclarecimiento alguno sobre dos cuestiones que perturban al poder. Una de ellas tiene que ver con el oscuro panorama que provoca la manipulación ostensible de la interna partidaria en la provincia de Buenos Aires. La última referencia ha sido la insistencia del gobernador Felipe Solá en constituir una fuerza política propia, a la vez que anunciaba que convocará a internas en el distrito. Nada ha variado en ese sentido desde que viajó a Roma, pero lo sustancial es que pudo estar con Kirchner y difícilmente habría afirmado ese proyecto político sin su aval.
Por lo visto, nada que pueda provocar reacciones negativas sobre el manejo electoral parece importar al Presidente, virtual jefe mayor del partido, del que Carlos Reutemann acaba de afirmar que debe acatárselo. Otra cuestión perturbadora es el caso del ex obispo castrense Antonio Baseotto, para el gobierno, y todavía en su cargo según El Vaticano. Este ha sido el reiterado mensaje del cardenal Jorge Bergoglio, y cuyo desenlace muy difícilmente sea el mismo silencio inoperante que siguió al incidente con Fidel Castro por la familia Molina, pues la Iglesia no suele mirar para otro lado. (De nuestra Sucursal)
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Kirchner y su esposa regresaron de la asunción papal sin esclarecimiento alguno sobre dos cuestiones que perturban al poder. Una de ellas tiene que ver con el oscuro panorama que provoca la manipulación ostensible de la interna partidaria en la provincia de Buenos Aires. La última referencia ha sido la insistencia del gobernador Felipe Solá en constituir una fuerza política propia, a la vez que anunciaba que convocará a internas en el distrito. Nada ha variado en ese sentido desde que viajó a Roma, pero lo sustancial es que pudo estar con Kirchner y difícilmente habría afirmado ese proyecto político sin su aval.
Por lo visto, nada que pueda provocar reacciones negativas sobre el manejo electoral parece importar al Presidente, virtual jefe mayor del partido, del que Carlos Reutemann acaba de afirmar que debe acatárselo. Otra cuestión perturbadora es el caso del ex obispo castrense Antonio Baseotto, para el gobierno, y todavía en su cargo según El Vaticano. Este ha sido el reiterado mensaje del cardenal Jorge Bergoglio, y cuyo desenlace muy difícilmente sea el mismo silencio inoperante que siguió al incidente con Fidel Castro por la familia Molina, pues la Iglesia no suele mirar para otro lado. (De nuestra Sucursal)




