El gobernador José Alperovich piensa todo el tiempo en las elecciones a diputados nacionales del próximo 23 de octubre y en los comicios para elegir los convencionales constituyentes que reformarán la Constitución provincial. Estas compulsas son claves para él porque, a través de estos procesos -según lo admitió- los tucumanos le harán saber si su gestión va bien encaminada o no, y porque acrecentarán su capital político con vistas al futuro. Pero no quiere dejar nada librado al azar y, estas últimas semanas, comenzó a ensayar una estrategia política que incluye el diálogo con sectores que no siempre están incluidos en su agenda como son, por ejemplo, los empresarios.
La semana que pasó, el mandatario y parte de su gabinete se reunieron con constructores y con referentes de la agroindustria. El objetivo de los encuentros era conversar sobre temas de interés para los representantes de la actividad privada y escuchar reclamos y propuestas de los principales generadores de la riqueza de la provincia.
Con el modo mundano que suele caracterizar a Alperovich cuando improvisa, en el cónclave del viernes último en la Sociedad Rural de Tucumán el gobernador inició las conversaciones con la propuesta de "hablar a calzón quitado". Planteó la necesidad de que el Gobierno y los privados discutan sobre la realidad socioeconómica de la provincia y alentó a que los empresarios le transmitan sus problemas.
Lamentablemente, al debatirse con agenda abierta, sin temas específicos para tratar, la sede de la Rural se transformó en una especie de Torre de Babel donde los representantes de cada sector productivo intentaban elevar sus quejas, sin que se llegue en ningún caso -al menos en este encuentro- a una resolución a alguno de los planteos que se formularon.
Probablemente Alperovich y sus ministros de Economía, Jorge Jiménez, y de Desarrollo Productivo, José Manuel Paz, se imaginaban previamente que los empresarios no iban a despacharse con elogios sobre la actual gestión de Gobierno, pero tal vez no pensaban que la mayor parte de la discusión iba a centrarse sobre la falta de competitividad que produce el sistema impositivo tucumano.
No debe ser demasiado alentador para funcionarios que quieren un acercamiento con azucareros, citricultores y hombres del agro tener que decir no, cuando estos solicitaron que el Estado provincial disminuya la presión fiscal.
Alperovich, Jiménez y Paz también tuvieron que escuchar quejas por el mal estado de los caminos y, principalmente, por la actitud condescendiente que muestra el Gobierno hacia sectores que se desempeñan en la ilegalidad, bajo el paraguas protector de que son generadores de empleo.
Una vía de comunicación
Lo importante de estas reuniones, que presuntamente continuarán en los próximos días con otros sectores de la economía, es que abren una nueva vía de comunicación entre partes que deberían estar en contacto casi en forma permanente, dada la gravitación que sus acciones tienen entre todos los tucumanos. Podría pensarse que las relaciones entre públicos y privados deberían ser mucho más aceitadas que lo que son, dado que varias centrales empresarias tienen representantes en puestos clave del Gobierno, como en ministerios y en secretarías.
Una vez que concluyan estos encuentros habrá que ver si los contactos se transforman en soluciones reales y concretas para los problemas que se plantean. También será interesante descubrir si este proceso está vinculado a una verdadera apertura del Gobierno provincial hacia el sector privado tucumano, o si sólo se trata de un recurso tendiente a incorporar a los empresarios para que estos apoyen los objetivos oficiales de contar con un respaldo generalizado en las elecciones por venir.




