24 Abril 2005 Seguir en 
El diálogo es una herramienta clave en las democracias maduras. La lucha por los espacios institucionales y el intercambio de ideas entre gobernantes y opositores son dos caras de la misma moneda. El aislamiento y la sobrestimación de las fuerzas propias no ayudan al buen gobierno de una comunidad. El manual del sentido común aconseja observar reglas de conducta dialoguistas en la administración de los negocios públicos. La ausencia de estas prácticas da pie a que cualquier apertura del mundo gubernamental hacia las organizaciones políticas se tiña de sospecha.
El ciclo que el gobernador José Alperovich abrió el viernes nació con ese pecado original. De hecho, el universo de los partidos se dividió entre los concurrencistas y los reticentes a pisar la Casa de Gobierno para hablar sobre la reforma constitucional. El bussismo, desde luego, rechazó la oferta y se puso a la cabeza del movimiento contestatario más cerril. Incluso, inició la campaña electoral sugiriendo que Alperovich debía estar preso por su responsabilidad en la seguidilla de niños muertos a causa de la desnutrición en 2002. La conducción de la caja única que concentró el manejo de fondos en la época de Julio Miranda fue el argumento esgrimido por Fuerza Republicana para responsabilizar al ministro de Economía de entonces por aquellos funestos hechos.
El ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, puso la cara por Alperovich, a quien se procura preservar del desgaste propio de la contienda política. Pero el gobernador se zafó del libreto y retrucó a FR instándolo a cooperar. La réplica del otro lado le planteó que debía deshacer prácticamente todo lo hecho. La negativa al desguace de la Carta Magna del 90 le sirvió al senador Ricardo Bussi para ubicarse en el polo de la resistencia al proyecto.
Rumbos diferentes
El lunes 28 de marzo, a la mañana, Bussi y Esteban Jerez compartieron un café y se sacaron fotos en un bar céntrico. El frente de centroderecha que amenazaba emerger entonces se astilló irremediablemente el viernes con la asistencia de Recrear al despacho de Alperovich. Jerez y Pablo Walter le dijeron sí a la reforma constitucional, con algunos condicionamientos, pero aceptando el dato básico de la reelección. Ellos le cuestionan a FR que admita esa posibilidad para los dirigentes que se postularon más de una vez para diputado nacional, como Roberto Lix Klett.
La Casa de Gobierno celebró la desavenencia, que le da mayor libertad de acción. El oficialismo explorará, además, la profundización de la crisis del radicalismo, de donde especula que puede surgir una línea amiga, con el intendente Osvaldo Morelli, el legislador Ramón Graneros y el ex diputado Carlos Courel.
Jiménez halla injustificados los recelos de los partidos que desconfían de la acción alperovichista. "No hay gato encerrado", explica. La aceleración de las consultas a los partidos de distrito hace suponer que el Gobierno finalmente llamará a elecciones de convencionales constituyentes para el 23 de octubre, junto con la de diputados nacionales. El ministro político no niega que eso vaya a ocurrir, pero prefiere hablar de la creación de un clima de debate previo a la formación de la asamblea reformadora.
Quienes discrepan con las razones de Jiménez apuntaron que la ley que autorizó los cambios en la Carta del 90 delimitó la esfera de la reforma. Creen que, en realidad, Alperovich no quiso dejarle el monopolio de la dirección política del proceso reformista al vicegobernador Fernando Juri.
Los roces se extienden por doquier. Así, el tardío convite de la Casa de Gobierno al presidente del PJ, Julio Miranda, valió como pretexto para que se programara una serie de acciones en cadena. Está muy avanzada la idea de convocar al diálogo a los demás partidos, ocasión en que se pondrá sobre la mesa el proyecto de Constitución que elaboró el PJ. Este sólo contiene dos cláusulas abiertas: el régimen legislativo y el número de reelecciones. "Miranda está en la conspiración", bisbisean en los pasillos del PJ, al referirse a la iniciativa.
Retorno imprevisto
La súbita aparición del ex gobernador Ramón Ortega reforzó esa impresión en Casa de Gobierno. Desde que llegó a Tucumán en la noche del viernes, hasta la media tarde de ayer, abundaron las versiones sobre qué vino a hacer. Algunas fuentes señalan que pudo haber dedicado parte de su tiempo a indagar acerca de la situación procesal de su esposa, Evangelina Salazar, con magistrados federales, por la causa de la Fundación Esperanza.
Pero es indubitable que la mayor parte de las horas que pasó en Tucumán las compartió con sus ex funcionarios, con diputados nacionales y con Miranda.
La concurrencia de Alfredo Dato al asado que se sirvió el viernes en la finca de Ricardo Quintana, en El Timbó Nuevo, causó revuelo en la primera fila del Gobierno, por sus potenciales consecuencias políticas. El presidente de la Corte Suprema de Justicia le negó ese carácter a la comida. "Fue social", comentó a sus amigos. La de ayer al mediodía, en cambio, en la casa de la directora del Banco Nación, Malvina Seguí, tuvo ribetes fuertemente políticos.
Ortega se fue, pero prometió regresar en junio. Además del asunto electoral, se festejó con retraso el cumpleaños de Ariel Fernández, el nexo entre Miranda y Ortega. Este emprendió la reivindicación de su gobierno y disparó contra Antonio Bussi. También rompió lanzas con Alperovich, de quien dijo que no surge del corazón del peronismo. Al gobernador le salió, de rondón, otro adversario.
La guerra de rumores que disparó la incursión de Ortega en la provincia incluyó especies diversas. Una de ellas aludía a una hipotética postulación del propio Ortega para una diputación nacional, situación que dilucidaría hasta julio. Se llegó a barajar que podría ser candidato por Surgimiento Innovador, partido que fundó en 1991, pero él lo negó.
La otra hipótesis gira en torno del apoyo al dueto Roque Alvarez-Seguí, en abierta puja con la lista supuestamente auspiciada por la Casa de Gobierno. En esta se barruntaba que Beatriz Rojkés de Alperovich encabezaría la lista de candidatos a convencionales constituyentes provinciales, para reforzar electoralmente a su marido si este insiste en el plan de plebiscitar la administración provincial en los comicios del 23 de octubre. Aunque tampoco se descartó la pretensión de darle un puesto privilegiado en la lista que competirá por escaños en la Cámara de Diputados.
El menemismo empezó a mostrar sus cartas en Tucumán. El ex interventor federal Julio César Aráoz se mueve con discreción para unir las piezas sueltas que se identifican con el ex presidente oriundo de La Rioja. Las mayores complicaciones para Alperovich prometen venir del tronco peronista.
El ciclo que el gobernador José Alperovich abrió el viernes nació con ese pecado original. De hecho, el universo de los partidos se dividió entre los concurrencistas y los reticentes a pisar la Casa de Gobierno para hablar sobre la reforma constitucional. El bussismo, desde luego, rechazó la oferta y se puso a la cabeza del movimiento contestatario más cerril. Incluso, inició la campaña electoral sugiriendo que Alperovich debía estar preso por su responsabilidad en la seguidilla de niños muertos a causa de la desnutrición en 2002. La conducción de la caja única que concentró el manejo de fondos en la época de Julio Miranda fue el argumento esgrimido por Fuerza Republicana para responsabilizar al ministro de Economía de entonces por aquellos funestos hechos.
El ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, puso la cara por Alperovich, a quien se procura preservar del desgaste propio de la contienda política. Pero el gobernador se zafó del libreto y retrucó a FR instándolo a cooperar. La réplica del otro lado le planteó que debía deshacer prácticamente todo lo hecho. La negativa al desguace de la Carta Magna del 90 le sirvió al senador Ricardo Bussi para ubicarse en el polo de la resistencia al proyecto.
Rumbos diferentes
El lunes 28 de marzo, a la mañana, Bussi y Esteban Jerez compartieron un café y se sacaron fotos en un bar céntrico. El frente de centroderecha que amenazaba emerger entonces se astilló irremediablemente el viernes con la asistencia de Recrear al despacho de Alperovich. Jerez y Pablo Walter le dijeron sí a la reforma constitucional, con algunos condicionamientos, pero aceptando el dato básico de la reelección. Ellos le cuestionan a FR que admita esa posibilidad para los dirigentes que se postularon más de una vez para diputado nacional, como Roberto Lix Klett.
La Casa de Gobierno celebró la desavenencia, que le da mayor libertad de acción. El oficialismo explorará, además, la profundización de la crisis del radicalismo, de donde especula que puede surgir una línea amiga, con el intendente Osvaldo Morelli, el legislador Ramón Graneros y el ex diputado Carlos Courel.
Jiménez halla injustificados los recelos de los partidos que desconfían de la acción alperovichista. "No hay gato encerrado", explica. La aceleración de las consultas a los partidos de distrito hace suponer que el Gobierno finalmente llamará a elecciones de convencionales constituyentes para el 23 de octubre, junto con la de diputados nacionales. El ministro político no niega que eso vaya a ocurrir, pero prefiere hablar de la creación de un clima de debate previo a la formación de la asamblea reformadora.
Quienes discrepan con las razones de Jiménez apuntaron que la ley que autorizó los cambios en la Carta del 90 delimitó la esfera de la reforma. Creen que, en realidad, Alperovich no quiso dejarle el monopolio de la dirección política del proceso reformista al vicegobernador Fernando Juri.
Los roces se extienden por doquier. Así, el tardío convite de la Casa de Gobierno al presidente del PJ, Julio Miranda, valió como pretexto para que se programara una serie de acciones en cadena. Está muy avanzada la idea de convocar al diálogo a los demás partidos, ocasión en que se pondrá sobre la mesa el proyecto de Constitución que elaboró el PJ. Este sólo contiene dos cláusulas abiertas: el régimen legislativo y el número de reelecciones. "Miranda está en la conspiración", bisbisean en los pasillos del PJ, al referirse a la iniciativa.
Retorno imprevisto
La súbita aparición del ex gobernador Ramón Ortega reforzó esa impresión en Casa de Gobierno. Desde que llegó a Tucumán en la noche del viernes, hasta la media tarde de ayer, abundaron las versiones sobre qué vino a hacer. Algunas fuentes señalan que pudo haber dedicado parte de su tiempo a indagar acerca de la situación procesal de su esposa, Evangelina Salazar, con magistrados federales, por la causa de la Fundación Esperanza.
Pero es indubitable que la mayor parte de las horas que pasó en Tucumán las compartió con sus ex funcionarios, con diputados nacionales y con Miranda.
La concurrencia de Alfredo Dato al asado que se sirvió el viernes en la finca de Ricardo Quintana, en El Timbó Nuevo, causó revuelo en la primera fila del Gobierno, por sus potenciales consecuencias políticas. El presidente de la Corte Suprema de Justicia le negó ese carácter a la comida. "Fue social", comentó a sus amigos. La de ayer al mediodía, en cambio, en la casa de la directora del Banco Nación, Malvina Seguí, tuvo ribetes fuertemente políticos.
Ortega se fue, pero prometió regresar en junio. Además del asunto electoral, se festejó con retraso el cumpleaños de Ariel Fernández, el nexo entre Miranda y Ortega. Este emprendió la reivindicación de su gobierno y disparó contra Antonio Bussi. También rompió lanzas con Alperovich, de quien dijo que no surge del corazón del peronismo. Al gobernador le salió, de rondón, otro adversario.
La guerra de rumores que disparó la incursión de Ortega en la provincia incluyó especies diversas. Una de ellas aludía a una hipotética postulación del propio Ortega para una diputación nacional, situación que dilucidaría hasta julio. Se llegó a barajar que podría ser candidato por Surgimiento Innovador, partido que fundó en 1991, pero él lo negó.
La otra hipótesis gira en torno del apoyo al dueto Roque Alvarez-Seguí, en abierta puja con la lista supuestamente auspiciada por la Casa de Gobierno. En esta se barruntaba que Beatriz Rojkés de Alperovich encabezaría la lista de candidatos a convencionales constituyentes provinciales, para reforzar electoralmente a su marido si este insiste en el plan de plebiscitar la administración provincial en los comicios del 23 de octubre. Aunque tampoco se descartó la pretensión de darle un puesto privilegiado en la lista que competirá por escaños en la Cámara de Diputados.
El menemismo empezó a mostrar sus cartas en Tucumán. El ex interventor federal Julio César Aráoz se mueve con discreción para unir las piezas sueltas que se identifican con el ex presidente oriundo de La Rioja. Las mayores complicaciones para Alperovich prometen venir del tronco peronista.




