América Latina no encuentra su rumbo

El quiebre institucional en Ecuador dejó en evidencia que la mayoría de los países se debate en medio de crisis y estallidos sociales.

24 Abril 2005
"Que se vayan todos". El grito comenzó a escucharse en diciembre de 2001 en una Argentina perdida en medio de una profunda crisis económica y social y, antes de Navidad, el estruendo de esas palabras derrocó al entonces presidente Fernando de la Rúa, quien debió abandonar la Casa de Gobierno por los aires, a bordo de un helicóptero. Como si esas voces de reclamo se hubiesen regado por gran parte de Latinoamérica, la semana que pasó, con la misma frase en la garganta de miles de ecuatorianos, el presidente de Ecuador, Lucio Gutiérrez, también tuvo que abandonar su gobierno a bordo de un helicóptero.
En medio de estos dos hechos, Perú, Bolivia, Venezuela, Colombia y Haití, entre otros países, atravesaron revueltas populares y conflictos sociales que los llevaron, en algunos casos, a quiebres institucionales y, en otros, a realizar virajes en sus sistemas de gobierno.En América Latina algo está cambiando, pero no lo suficiente como para que la región encuentre un rumbo uniforme, común. Según algunos analistas, las comunidades latinoamericanas llegaron a un punto de inflexión -tras soportar años de pobreza y gobiernos corruptos- para reclamar un Estado más fuerte y leal a las necesidades de la sociedad. El incremento de los niveles de pobreza y de exclusión se ha transformado en una deuda social también inmanejable.

Otros factores de incidencia
Otros especialistas sostienen que el quiebre institucional en varios de los países del continente se debe al fracaso de una política económica importada de las potencias mundiales, que no sirvió para solucionar los problemas estructurales de las naciones en vía de desarrollo. En ese punto, todos apuntan contra el rol del FMI en la región. Otras opiniones echan culpas a la estructura dictatorial e imperialista con la que se maneja la mayoría de los mandatarios de la región, que buscan la concentración de poder, más allá de lo que marcan las leyes o la división de poderes.
En la edición del domingo pasado de LA GACETA, varios especialistas consultados sobre el rol que cumplía la Organización de Estados Americanos (OEA) en el continente aseguraron que la falta de interacción de los países latinoamericanos como bloques atentaba contra el fortalecimiento institucional y contra la posibilidad de lograr un "efecto contagio" de los países más estabilizados -por ejemplo, Chile, Brasil o México- hacia las naciones tambaleantes. La falta de un rumbo común y de un líder en la región que lleve a los Estados del Continente Americano a convertirse en una suerte de Unión Europea también contribuye a que las jóvenes e inexpertas naciones de este lado del mundo estén más cerca del caos que de la democracia y la gobernabilidad. EEUU, que siempre miró hacia el otro lado del océano Atlántico, ahora busca tener mayor presencia en el Cono Sur. Hace un mes, el titular de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA), Porter Goss, advirtió que existe un potencial foco de inestabilidad en América Latina que puede amenazar la seguridad nacional de los estadounidenses. De ahí que George Bush busque a Argentina, a Brasil y a Chile como aliados.El informe de la CIA advertía sobre la crisis que se desataría en Ecuador y también señala que en Colombia, en Costa Rica, en México, en Nicaragua, en Perú y en Venezuela podría suceder lo mismo. Y aún no se encuentra un freno por la vía institucional para estas crisis.

PUNTO DE VISTA I
No existen reglas claras
Julio Cirino -
Analista internacional - Columnista de la CNN

En muchos países donde se implementaron reformas en los 90, junto al regreso de la democracia, se mezclaron esos cambios con una corrupción estructural muy grande, lo que impidió que se establecieran economías libres, de mercado. Se establecían economías falsamente liberales. Se habla mucho del fracaso del liberalismo, pero en los últimos 20 años ese sistema no se aplicó en Latinoamérica. Lo que se aplicaron fueron sistemas que buscaban llevar dinero a las arcas de los gobernantes. Este es un factor que está por detrás de estas crisis que saltan en la región.
Otro factor es que en América Latina siguen dando vueltas ideas que en ninguna parte del mundo desarrollado se aplican: ideales de un país cerrado, de "vivir con lo nuestro y morir con lo puesto", lo que aleja inversiones y posibilidades reales de crecimiento. Tampoco hay seguridad jurídica. Los parlamentos y los sistemas judiciales de Latinoamérica cambian la legislación con la misma facilidad con que uno cambia de camisa.
En el futuro de América Latina se presenta el camino de la revuelta social, donde el resultado de las elecciones es totalmente ignorado. En Perú, en Ecuador o en Bolivia, votan unos 15 o 20 millones de personas por un candidato, pero 10.000 en la calle revocan al gobierno. Este es un poco el problema con las reglas de juego que cambian con demasiada facilidad. De alguna manera, el peligro actual es que a los presidentes se los elige por votación y se los echa por tumulto.

PUNTO DE VISTA II
Sin gobernabilidad
Sergio Berensztein-
Analista internacional-Docente de la Universidad Di Tella

Hay muchos países latinoamericanos con serios problemas de gobernabilidad, en particular en la zona de los Andes. Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia y Paraguay presentan con mayor fuerza esos inconvenientes, que están relacionados con un crónico subdesarrollo institucional: el Estado es muy débil; no logra mantener el control territorial y no tiene mecanismos de integración social. Los regímenes democráticos son frágiles también porque los partidos políticos han colapsado.
Pero también es cierto que falta, en la región, un actor con los recursos y el liderazgo suficientes como para promover incentivos que lleven a los actores domésticos a jugar un juego cooperativo que fortalezca el marco institucional. EEUU tiene otras prioridades, que lo lleva a que no sea ese actor fuerte en este continente.
Hay distintos futuros para Latinoamérica. Hay varios países que tienen todas las condiciones para despegar: Chile, México y Brasil, entre ellos. Pero creo que habrá otras naciones del Cono Sur que experimentarán también estos problemas de gobernabilidad, como el de Ecuador ahora. Y hay otros países indefinidos, como Argentina, que todavía no tienen la solidez institucional para estar en el primer grupo, pero que están más lejos de una crisis de la magnitud de la ecuatoriana.

PUNTO DE VISTA III
¿Culpas propias o ajenas?
Por Alfredo Eric Calcagno
Ex funcionario de la ONU en la Cepal - Economista y analista

Existe una vieja discusión acerca de si nuestros males son una conquista propia o si nos fueron impuestos desde el extranjero. Creo que no puede plantearse la solución maniqueísta de los argentinos buenos, de un lado, y los extranjeros malos, del otro. La cuestión es más compleja. Desde mucho antes de la actual globalización hubo una interpenetración entre los grupos políticos y económicos externos e internos. En los tiempos de la Argentina agraria (1880-1945) eran los capitales ingleses y el sector agrario argentino los que mandaban en la economía y en la política nacionales. Después vinieron los tiempos de la Argentina industrial (1945-1976), en los que existió una mayor autonomía nacional, sobre todo en el primer período. Desde 1976 hasta 2001 rigió el modelo neoliberal, con la hegemonía del sector financiero internacional y local.
A partir de 1991 comenzó la liquidación de las empresas públicas, que desaparecieron casi en su totalidad. Si se consideran las 500 mayores empresas del país, las extranjeras son el 52% en cuanto al número, generan el 72% del valor agregado y captan el 82% de las utilidades.En cuanto a la elaboración y la ejecución de esa política económica, existió un establishment local y extranjero, integrado por los bancos, las empresas privatizadas y las explotadoras de recursos naturales; uno de sus principales agentes fue el FMI. Este modelo consistió, entre otras medidas, en la sobrevaluación del tipo de cambio, el aumento de la tasa de interés, la apertura irrestricta a las importaciones, las privatizaciones, el ajuste fiscal y el endeudamiento creciente del Estado.

Una mala conjunción
Esta "santa alianza" entre los sectores financieros local e internacional, el FMI y gobiernos neoliberales locales no fue exclusiva de la Argentina. Se trataba de generalizar la aplicación del modelo surgido del Consenso de Washington y sus prescripciones se difundieron en toda la región.
El resultado fue un fracaso económico y social, y ahora comienzan a sufrirse las consecuencias. Varios de esos regímenes se derrumbaron y así como en la década de 1990 proliferaron los regímenes neoliberales, van surgiendo gobiernos con orientaciones opuestas. Además, las masas en la calle han forzado cambios de gobierno. Ya no hay impunidad para hacer cualquier cosa. Tal vez estemos en un período de transición marcado por la desaparición de un sistema concentrador y excluyente de renta y financiero, y todavía no se estructuró el modelo alternativo que, ojalá, se base en la producción, en el consumo masivo y en una fuerte inversión nacional.

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