17 Abril 2005 Seguir en 
Hace exactamente 70 años, Federico García Lorca hacía su hoy famosa afirmación de que un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo. El poeta granadino, en su "Charla sobre teatro", dejó otras valiosísimas enseñanzas, algo menos conocidas pero igualmente contundentes. "El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso", sostenía.
Nuestra provincia ha sido tradicionalmente un terreno propicio para el desarrollo del arte teatral. A partir del empuje visionario de los pioneros, pasando por la esforzada tarea de los grupos independientes como El Cardón, Nuestro Teatro o Teatroarte, y la labor de los elencos oficiales, el público tucumano disfrutó de propuestas variadas y abundantes. Pero la oferta no siempre fue sostenida ya que, por distintas circunstancias, hubo momentos de intensa actividad y otros en los que los estrenos se espaciaron notablemente.
En los últimos años, se nota en Tucumán un marcado incremento en el número de propuestas que se presentan al público. En este florecimiento de la actividad, es importante el funcionamiento de la carrera de teatro en el ámbito de la Universidad Nacional de Tucumán. Las sucesivas hornadas de egresados de las aulas universitarias se abren camino en los escenarios y crean espacios alternativos para expresarse a través de distintos tipos de espectáculos. Hay un creciente número de grupos independientes que producen por lo menos un par de estrenos por temporada, y cada vez más elencos que representan piezas de autores locales.
Resulta determinante en este vigoroso desarrollo de la actividad el trabajo del Instituto Nacional de Teatro, a través de su delegación local. Los subsidios y los aportes a elencos y a salas que se entregan a través de la entidad han permitido la subsistencia de grupos y la realización de espectáculos que, de otra manera, hubiera sido muy difícil concretar.
Los altibajos de la actividad también afectaron el trabajo de los elencos oficiales. A la lamentable desaparición del Teatro Universitario debe sumarse la frustración de la corta existencia de la Comedia Municipal, alumbrada con el retorno del gobierno democrático, en la década del 80. Sólo el Teatro Estable de la Provincia, sujeto a las programaciones -acertadas o no- de la conducción política de turno, continúa con la tarea iniciada hace más de 45 años.
Con todo, y a pesar de las recurrentes crisis económicas que complican el desarrollo de cualquier actividad en el país y en la provincia, Tucumán puede considerarse una plaza teatral con características inusualmente favorables. Resulta sorprendente que una ciudad del interior muestre la variedad y la calidad de las propuestas teatrales de nuestro medio. Y en esto mucho tiene que ver el carácter artístico de la oferta, que se produce por una necesidad expresiva de los teatristas y no como una respuesta a las frías leyes de la oferta y la demanda que condicionan y determinan el desarrollo de otras actividades.
García Lorca era consciente de la misión formadora del arte escénico. "El teatro que no recoge el latido social, el latido histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama ?matar el tiempo?", anticipaba el poeta con dramática lucidez, años antes de la irrupción de la televisión.
"Arte por encima de todo. Arte nobilísimo", pedía a los actores el andaluz genial. Y agregaba: "Artistas de pies a cabeza, puesto que por amor y vocación habéis subido al mundo fingido y doloroso de las tablas. Artistas por ocupación y preocupación". Mientras nuestros actores no desoigan las advertencias lorquianas, el futuro de nuestro teatro estará asegurado. Sobre todo si tienen presente el mandato final: "Y jerarquía, disciplina, sacrificio y amor".
Nuestra provincia ha sido tradicionalmente un terreno propicio para el desarrollo del arte teatral. A partir del empuje visionario de los pioneros, pasando por la esforzada tarea de los grupos independientes como El Cardón, Nuestro Teatro o Teatroarte, y la labor de los elencos oficiales, el público tucumano disfrutó de propuestas variadas y abundantes. Pero la oferta no siempre fue sostenida ya que, por distintas circunstancias, hubo momentos de intensa actividad y otros en los que los estrenos se espaciaron notablemente.
En los últimos años, se nota en Tucumán un marcado incremento en el número de propuestas que se presentan al público. En este florecimiento de la actividad, es importante el funcionamiento de la carrera de teatro en el ámbito de la Universidad Nacional de Tucumán. Las sucesivas hornadas de egresados de las aulas universitarias se abren camino en los escenarios y crean espacios alternativos para expresarse a través de distintos tipos de espectáculos. Hay un creciente número de grupos independientes que producen por lo menos un par de estrenos por temporada, y cada vez más elencos que representan piezas de autores locales.
Resulta determinante en este vigoroso desarrollo de la actividad el trabajo del Instituto Nacional de Teatro, a través de su delegación local. Los subsidios y los aportes a elencos y a salas que se entregan a través de la entidad han permitido la subsistencia de grupos y la realización de espectáculos que, de otra manera, hubiera sido muy difícil concretar.
Los altibajos de la actividad también afectaron el trabajo de los elencos oficiales. A la lamentable desaparición del Teatro Universitario debe sumarse la frustración de la corta existencia de la Comedia Municipal, alumbrada con el retorno del gobierno democrático, en la década del 80. Sólo el Teatro Estable de la Provincia, sujeto a las programaciones -acertadas o no- de la conducción política de turno, continúa con la tarea iniciada hace más de 45 años.
Con todo, y a pesar de las recurrentes crisis económicas que complican el desarrollo de cualquier actividad en el país y en la provincia, Tucumán puede considerarse una plaza teatral con características inusualmente favorables. Resulta sorprendente que una ciudad del interior muestre la variedad y la calidad de las propuestas teatrales de nuestro medio. Y en esto mucho tiene que ver el carácter artístico de la oferta, que se produce por una necesidad expresiva de los teatristas y no como una respuesta a las frías leyes de la oferta y la demanda que condicionan y determinan el desarrollo de otras actividades.
García Lorca era consciente de la misión formadora del arte escénico. "El teatro que no recoge el latido social, el latido histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama ?matar el tiempo?", anticipaba el poeta con dramática lucidez, años antes de la irrupción de la televisión.
"Arte por encima de todo. Arte nobilísimo", pedía a los actores el andaluz genial. Y agregaba: "Artistas de pies a cabeza, puesto que por amor y vocación habéis subido al mundo fingido y doloroso de las tablas. Artistas por ocupación y preocupación". Mientras nuestros actores no desoigan las advertencias lorquianas, el futuro de nuestro teatro estará asegurado. Sobre todo si tienen presente el mandato final: "Y jerarquía, disciplina, sacrificio y amor".




