El sofocón del secretario de Cultura Mauricio Guzman con los celosamente guardados grabados de Goya en la Jefatura de Policía reveló un bache en la gestión cultural. Un bache tan grande como el escándalo del piano desvencijado y mal conservado que causó el enojo de Bruno Gelber. Tan sorprendente como la falta de aire acondicionado en el Teatro San Martín. El bache se solucionaría ahora con la inyección de dinero para terminar de arreglar e iluminar el Museo Timoteo Navarro -razón por la cual se guarda desde hace dos meses los cuadros de Goya en la sede policial- pero dejó interrogantes sobre la política cultural, que hasta ahora tenía buena imagen.
La primera impresión es que en la Provincia es más fácil hacer espectáculos musicales en la plaza Independencia que mantener en condiciones los museos. La plata aparece más rápido para lo que se ve. De otro modo, no se entiende cómo es que el museo Navarro se encuentra en refacciones desde el año 2000. O que cinco de las nueve salas de la capital hayan estado cerradas durante las vacaciones. O que en una recorrida de LA GACETA por los museos, anteayer, se haya hallado que la Casa Padilla funciona apenas con los bonos que pueden dejar los turistas.
Cuando se fue el ex director de Artes Visuales, Rubén Kempa (el que armó todo el escándalo, según diría Guzman), contó que desde hace tres semanas se espera que se arregle el cielo raso del Timoteo Navarro. Hoy perdura esa rotura en el cielo raso. De hecho, la Dirección que tenía Kempa tenía cero peso para funcionar. Dependía de la voluntad de Guzman y de sus ganas para gestionar partidas. Por eso el mismo Guzman habló ayer de "burocracia" para explicar por qué en estos dos meses no se había adquirido la iluminación para la muestra de Goya. Al parecer, la publicación en LA GACETA del secreto a voces que era la muestra de Goya hizo que, por orden del gobernador, se liberaran los $ 28.000 o $ 35.000 (no se sabe cuál es la cifra real) necesarios para que se habilite.
Las carencias en esta cuestión fueron reveladas en febrero, cuando el director de Patrimonio y Museos de la Nación, Américo Castilla, dijo que los museos de Tucumán no estaban a la altura de la producción intelectual de sus habitantes. Lo cual quiere decir que los gobernantes tienen respuestas mediocres para los requerimientos culturales. Era más fácil hacer que el Coro Estable animara fiestas de 15 en barrios periféricos (como pretendía el ex secretario de Cultura Rodolfo Vargas Aignasse) que advertir que no están dadas las mínimas condiciones para que la provincia sea un polo cultural. Si no es posible conseguir $ 28.000 para garantizar iluminación y seguridad en el Navarro, ¿cómo se hará para poner la sucursal del Museo Nacional de Bellas Artes? Hay un proyecto para montar esa filial en el edificio del ex Banco Provincia que, casualmente, tiene una bóveda donde se podrían haber guardado los grabados de Goya. Neuquén, en un edificio que es ejemplo de la arquitectura contemporánea en el país, ya tiene una filial del Museo Nacional y se ha constituido en un polo cultural. Tucumán no sabe si le interesa el tema, y por eso se enfrenta al papelón de guardar cuadros valiosos en los viejos galpones de la Jefatura. Eso sí, dependencias perfectamente acondicionadas, sin humedad, al decir de los funcionarios.La muestra de grabados no sólo demostró que el Gobierno se atraganta con pequeños percances burocráticos (aún no se sabe si cuesta más tener dos meses parada una muestra, pagando el seguro correspondiente, o hacer las refacciones necesarias) sino que tampoco se tiene confianza en la propia seguridad: pese a que guardaron los cuadros en el corazón de la Jefatura, Guzman no quería que se supiera que la muestra estaba allí por miedo a que los agentes sufran el colmo del policía, que es ser asaltados en la misma comisaría.
16 Abril 2005 Seguir en 
Por Roberto Delgado




