Los perros dogos

Las autoridades deben controlar la presencia de estos animales en la vía pública.

08 Julio 2002
Hace pocos días, la carta de un lector alertaba acerca de la presencia de un perro dogo al que sus dueños atan diariamente, asegura, a un árbol de la vereda de avenida Ejército del Norte antes de llegar a Belgrano. Es algo que atemoriza, comprensiblemente, al vecindario y a los transeúntes.
Como sabemos, no es la primera vez que se plantean problemas sobre este tipo de canes, célebres por su ferocidad. Con frecuencia, la crónica policial ha registrado casos en los que los dogos han atacado a adultos o a niños, produciéndoles terribles heridas. Cabe preguntarse la razón por la cual el poder público, como responsable de la seguridad de las personas, no toma medidas definitivas acerca de situaciones de evidente riesgo para todos. Nos parece que, en principio, no debiera permitirse la tenencia de estos peligrosos ejemplares, del mismo modo que no se permite que alguien tenga un león o un tigre en su casa. El encierro o la atadura no son suficientes, ya que en un momento dado pueden producirse fallas o descuidos que den como resultado la irrupción de un animal feroz en la vía pública.

Tamaño texto
Comentarios