15 Abril 2005 Seguir en 
MONACO.- Reyes, reinas y presidentes despidieron el viernes al príncipe Rainiero de Mónaco en la catedral donde se casó con la actriz de Hollywood Grace Kelly y donde será sepultado junto a ella.
Ocho guardias del palacio llevaron el ataúd de Rainiero, envuelto en la bandera roja y blanca de Mónaco, desde el palacio real hasta la escalinata del templo en el que contrajo matrimonio con Grace en 1956 y donde la diva descansa desde que murió en un accidente automovilístico en 1982.
Luego seis funcionarios llevaron el ataúd al interior de la catedral, donde lo esperaban con velas los miembros de la familia del príncipe, quien murió el 6 de abril, a los 81, años por problemas pulmonares, cardíacos y renales.
Sus hijas, la princesa Carolina y Estefanía, lloraron abiertamente mientras caminaban detrás del ataúd junto con su hermano, el príncipe Alberto, quien sucederá a su padre como monarca.
El presidente francés, Jacques Chirac, y el rey Juan Carlos de España se sentaron juntos en la catedral durante la ceremonia a la que asistieron 60 reyes, reinas, príncipes, presidentes y representantes.
"En esta misma catedral hace 49 años, casi este día, él se casó son su alteza real la princesa Grace, quien desapareció de nuestra vista demasiado pronto," dijo el arzobispo de Mónaco, Bernard Barsi, durante la ceremonia."Con la princesa conformaron una pareja excepcional, unidos en mente y corazón," dijo sobre la actriz estadounidense, a quien Rainiero extraño hasta su muerte. Nunca se volvió a casar.
"Para cada uno de nosotros, el príncipe fue ciertamente un soberano de estado pero también un amigo, un miembro de nuestra familia," dijo el arzobispo. "Hoy nuestra gente se siente huérfana de un gran hombre que nos amó y que respetamos y amamos", agregó.
Rainiero transformó Mónaco. Asumió el control del principado cuando era un declinante centro de juego y lo introdujo en la edad de los rascacielos, la banca internacional y los negocios.
A menudo, Mónaco se ha defendido desde entonces de las acusaciones de haberse convertido en un refugio del dinero sucio de la mafia.Los miembros de la casa real estaban vestidos de negro, con rosas rojas o blancas en sus manos, mientras que el ataúd era llevado a la catedral detrás de una gran cruz.
La gente de Mónaco, un pequeño principado de cerca de 30.000 personas en la costa mediterránea próximo a Francia e Italia, miraba desde atrás de barreras metálicas el paso del cortejo fúnebre.
Al funeral asistieron, entre otros, los reyes Juan Carlos y Carl Gustav de España y Suecia, respectivamente, la reina Sonja de Noruega, el príncipe Andrew de Gran Bretaña y los miembros de las familias reales de Arabia Saudita, Bahrein, Bulgaria, Dinamarca, Egipto, Grecia y de Japón.
La dinastía Grimaldi, que ha gobernado Mónaco más de siete siglos, ha estado signada por la tragedia y ha ocupado los titulares de la prensa por varios escándalos relacionados con sus vidas privadas.
El segundo marido de Carolina murió en un accidente con su lancha a motor y tanto ella como su hermana Estefanía ocuparon las primeras planas por sus problemas matrimoniales y vidas amorosas. Alberto, de 47 años, es soltero y no tiene hijos. (Reuter)
Ocho guardias del palacio llevaron el ataúd de Rainiero, envuelto en la bandera roja y blanca de Mónaco, desde el palacio real hasta la escalinata del templo en el que contrajo matrimonio con Grace en 1956 y donde la diva descansa desde que murió en un accidente automovilístico en 1982.
Luego seis funcionarios llevaron el ataúd al interior de la catedral, donde lo esperaban con velas los miembros de la familia del príncipe, quien murió el 6 de abril, a los 81, años por problemas pulmonares, cardíacos y renales.
Sus hijas, la princesa Carolina y Estefanía, lloraron abiertamente mientras caminaban detrás del ataúd junto con su hermano, el príncipe Alberto, quien sucederá a su padre como monarca.
El presidente francés, Jacques Chirac, y el rey Juan Carlos de España se sentaron juntos en la catedral durante la ceremonia a la que asistieron 60 reyes, reinas, príncipes, presidentes y representantes.
"En esta misma catedral hace 49 años, casi este día, él se casó son su alteza real la princesa Grace, quien desapareció de nuestra vista demasiado pronto," dijo el arzobispo de Mónaco, Bernard Barsi, durante la ceremonia."Con la princesa conformaron una pareja excepcional, unidos en mente y corazón," dijo sobre la actriz estadounidense, a quien Rainiero extraño hasta su muerte. Nunca se volvió a casar.
"Para cada uno de nosotros, el príncipe fue ciertamente un soberano de estado pero también un amigo, un miembro de nuestra familia," dijo el arzobispo. "Hoy nuestra gente se siente huérfana de un gran hombre que nos amó y que respetamos y amamos", agregó.
Rainiero transformó Mónaco. Asumió el control del principado cuando era un declinante centro de juego y lo introdujo en la edad de los rascacielos, la banca internacional y los negocios.
A menudo, Mónaco se ha defendido desde entonces de las acusaciones de haberse convertido en un refugio del dinero sucio de la mafia.Los miembros de la casa real estaban vestidos de negro, con rosas rojas o blancas en sus manos, mientras que el ataúd era llevado a la catedral detrás de una gran cruz.
La gente de Mónaco, un pequeño principado de cerca de 30.000 personas en la costa mediterránea próximo a Francia e Italia, miraba desde atrás de barreras metálicas el paso del cortejo fúnebre.
Al funeral asistieron, entre otros, los reyes Juan Carlos y Carl Gustav de España y Suecia, respectivamente, la reina Sonja de Noruega, el príncipe Andrew de Gran Bretaña y los miembros de las familias reales de Arabia Saudita, Bahrein, Bulgaria, Dinamarca, Egipto, Grecia y de Japón.
La dinastía Grimaldi, que ha gobernado Mónaco más de siete siglos, ha estado signada por la tragedia y ha ocupado los titulares de la prensa por varios escándalos relacionados con sus vidas privadas.
El segundo marido de Carolina murió en un accidente con su lancha a motor y tanto ella como su hermana Estefanía ocuparon las primeras planas por sus problemas matrimoniales y vidas amorosas. Alberto, de 47 años, es soltero y no tiene hijos. (Reuter)







