Temblores en el PJ

La interna partidaria y su impacto en Tucumán.

15 Abril 2005
Por Marcelo Aguaysol

El contacto que tuvieron en Roma puede cambiar el escenario nacional y el tucumano del Partido Justicialista. La cumbre entre Eduardo Duhalde y Carlos Menem puso en guardia a Néstor Kirchner. El Presidente vela sus armas porque sabe que aquella reunión entre dos de las principales fuerzas internas del PJ puede significar un acercamiento que atentaría contra sus ansias de acumular el poder.
Por esa razón, Kirchner juega todas sus fichas a su esposa, la senadora Cristina Fernández, en su desembarco como primera candidata a senadora bonaerense. El santacruceño padece del síndrome del pecado original. A casi dos años de mandato, al jefe de Estado le sobrevuela el fantasma de haber sido electo con tan sólo el 22% de los votos de la primera vuelta eleccionaria, que, tras un acuerdo con Duhalde, lo llevó a la Casa Rosada. Su antecesor en la presidencia lanza mensajes respecto de que su poder no está dormido, aunque él prefiera decir que está fuera de la política. Incluso los kirchneristas temen que, para el segundo tramo del primer mandato de su líder, puedan aparecer escollos desde el Congreso.
Ese pensamiento se asienta en la posibilidad de que el duhaldismo refuerce su aparato político con el desembarco de Menem, de Hilda "Chiche" Duhalde y de Adolfo Rodríguez Saá, quienes, con sus más o con sus menos, no tienen buena sintonía con el Presidente.
Kirchner siente que está frente a la gran oportunidad de consolidar su poder en las elecciones parlamentarias del 23 de octubre próximo. "Es ahora o nunca", dicen sus más fieles escuderos.
No es novedad que hoy se está produciendo una suerte de reordenamiento en la estructura peronista. Pero, como en anteriores procesos de cambios, los gobernadores juegan un papel fundamental en la conducción del PJ.

Garantías de gobernabilidad
José Alperovich también lleva a cuestas su pecado original. De origen radical, el ex ministro de Economía mirandista llegó a la gobernación de la mano del PJ. No obstante, sus allegados aclaran que, a diferencia del contexto nacional, Alperovich acumuló casi el 43% de los votos que lo catapultó como gobernador. Y en esto ponen el acento en que Julio Miranda no fue su hacedor. Para sustentar su proyección política, Alperovich pone sus fichas y su apellido a las elecciones de octubre. "Voy a estar a la cabeza de la campaña", dice en cada acto al que va para que no queden dudas de que su esposa es parte del aparato partidario propio que quiere montar. En el PJ aún lo siguen mirando como sapo de otro pozo, pese a que el titular del PE puso como presidente del congreso partidario a uno de sus más leales escuderos: el intendente de Monteros, Alberto Olea.
Para garantizar la gobernabilidad de la provincia, Alperovich negoció con su compañero de fórmula, el vicegobernador Fernando Juri. Por ahora, el gobernador sigue pregonando su fe política hacia Kirchner, pese a que el titular de la Cámara ojea las cartas ante la exposición pública de su referente político (Menem). Más aún, Alperovich está dispuesto a imbuir de peronismo a la lista de candidatos. En ese contexto, suena con fuerza la posibilidad de que Alberto Herrera integre la nómina de postulantes a diputados junto con Beatriz Rojkés y Stella Maris Córdoba. Incluso hay alperovichistas que no desechan a Olijela Rivas dentro de la lista de candidatas a convencionales constituyentes.
Julio Miranda, confeso duhaldista, mira desde Buenos Aires los movimientos partidarios. Tal vez si se afianza la puja Kirchner-Duhalde, el ex gobernador encuentre en la vereda del frente de su sucesor, aunque sobre el actual senador también pesa un pecado original por la revelación de las muertes de los niños desnutridos. En toda esta maraña, hay una frase que puede resumir y llevar algo de comprensión respecto de lo que se avecina. Salió de boca de uno de los principales dirigentes: "en el PJ jamás hubo conducción de tres". Todo un mensaje en tiempos electorales.

Tamaño texto
Comentarios