14 Abril 2005 Seguir en 
PARIS.- El Parlamento francés aprobó una ley que, si bien no legaliza la eutanasia, consagra el derecho del paciente terminal a morir y permite a los médicos detener la asistencia cuando esta no tiene otro efecto que el de mantener la vida en forma artificial. En un agitado debate, del que no participaron los legisladores de partidos de izquierda que reclamaban la legalización de la eutanasia, el Senado suscribió la versión votada por unanimidad en la Asamblea Nacional (Diputados) en noviembre de 2004. "Algunos deseaban otra ley, que despenalizara la eutanasia; pero los franceses no esperan que legalicemos el derecho a dar muerte", dijo el ministro de Salud, Philippe Douste-Blazy.
El proyecto tiene el apoyo de la oposición y de la Iglesia Católica, que aseguran que lo que se está aprobando no es eutanasia, la cual se entiende como la acción de un médico para detener la vida de un paciente. De esta forma, Francia tiene ahora una tercera vía entre la eutanasia y el statu quo, al instaurar el derecho a dejar morir. De ahora en más, un paciente podrá rechazar todo intento por mantenerlo con vida cuando no haya más esperanza de mejora y los cuidados se mantengan artificialmente. Por su parte, los médicos podrán administrar analgésicos, incluso si tienen como efecto secundario abreviar la vida del paciente.
Caso testigo
La ley, compuesta de 15 artículos, estipula que los actos médicos no deben ser proseguidos por una "obstinación desrazonable" -una expresión que se prefirió a la de impaciencia terapéutica- y que todo paciente pueda redactar directivas anticipadas para el caso de que un día no pudiera expresar su voluntad. El proyecto fue redactado por una comisión parlamentaria creada inmediatamente después de la muerte del joven tetrapléjico, de 23 años, Vincent Humbert, en octubre de 2003. Humbert murió dos días después de que su madre le inyectó un barbitúrico. El mismo le había pedido que lo ayudara a morir. La mujer fue detenida por un breve lapso. El caso generó un fuerte debate, que se reavivó con la muerte de la estadounidense Terri Schiavo, después de 15 años en coma y luego de que por decisión judicial se le suspendió la alimentación artificial. (Télam)
El proyecto tiene el apoyo de la oposición y de la Iglesia Católica, que aseguran que lo que se está aprobando no es eutanasia, la cual se entiende como la acción de un médico para detener la vida de un paciente. De esta forma, Francia tiene ahora una tercera vía entre la eutanasia y el statu quo, al instaurar el derecho a dejar morir. De ahora en más, un paciente podrá rechazar todo intento por mantenerlo con vida cuando no haya más esperanza de mejora y los cuidados se mantengan artificialmente. Por su parte, los médicos podrán administrar analgésicos, incluso si tienen como efecto secundario abreviar la vida del paciente.
Caso testigo
La ley, compuesta de 15 artículos, estipula que los actos médicos no deben ser proseguidos por una "obstinación desrazonable" -una expresión que se prefirió a la de impaciencia terapéutica- y que todo paciente pueda redactar directivas anticipadas para el caso de que un día no pudiera expresar su voluntad. El proyecto fue redactado por una comisión parlamentaria creada inmediatamente después de la muerte del joven tetrapléjico, de 23 años, Vincent Humbert, en octubre de 2003. Humbert murió dos días después de que su madre le inyectó un barbitúrico. El mismo le había pedido que lo ayudara a morir. La mujer fue detenida por un breve lapso. El caso generó un fuerte debate, que se reavivó con la muerte de la estadounidense Terri Schiavo, después de 15 años en coma y luego de que por decisión judicial se le suspendió la alimentación artificial. (Télam)







