BUENOS AIRES.- Ingrata sorpresa produjo en el Palacio de Hacienda el propósito del Grupo de los 7 de reclamar al gobierno "respuestas claras" sobre la situación de los bonistas que se mantuvieron afuera del canje de la deuda. El día anterior, desde la delegación presidencial en Berlín se había informado que Alemania, al menos, se abstendría, y no solo no será así, sino que el G-7 pedirá al Fondo Monetario una definición igual cuando se reúna durante el fin de semana en Washington. El hecho de que los países que disponen de la mayoría en el directorio del FMI se definan unánimemente se atribuye aquí a las duras definiciones de Néstor Kirchner, quien expresó que no se acordaría con esos bonistas durante su mandato y que si hubiera que hacerlo no se lo haría con el Fondo. Por su parte, el ministro de Economía había sido más mesurado en Japón cuando anteriormente dejó la posibilidad de un "arreglo razonable". Aquella declaración de Roberto Lavagna habría provocado un llamado del Presidente a Tokio para expresarle su molestia, lo que obligó al ministro a recoger velas antes de viajar a Washington para asistir a la asamblea semestral del Fondo Monetario, donde el caso argentino será objeto de atención y muy probablemente de un nuevo reclamo que condicionará las conversaciones. Lavagna, quien seguramente había aliviado la intransigencia ante los bonistas sin acuerdo para mejorar el clima en el organismo multilateral, hallará allí la respuesta anunciada, inclusive por uno de sus voceros
. A toda máquina
La actitud presidencial probablemente no ha respondido a un propósito de forzar el alejamiento del ministro, como en el entorno de este alguno supone en ocasiones, sino que se integra en el severo modelo de autoridad y poder con que Kirchner avanza en el tiempo preelectoral para debilitar irreparablemente a su más difícil rival, Eduardo Duhalde. Esa lucha adquiere por momentos un estilo grotesco, como el hecho de que el caudillo bonaerense haya llegado a decir que ya no es político. Lejos de esas simulaciones, el Presidente no ha dejado de repetir en los último días entre sus operadores que si hay que concurrir electoralmente por afuera del PJ en el distrito bonaerense, no habrá duda en hacerlo con otro partido cuyo nombre ya es histórico; o sea el Frente para la Victoria que, como rama del justicialismo, fue el vehículo electoral con el que nunca perdió en un comicio. A Néstor Kirchner no le importa demasiado dividir en el mayor distrito, asegurando que la ciudadanía espera una recomposición política y que está dispuesto ha darle comienzo. Recursos, sin duda, tiene en el Estado con su estilo huracanado de usar el poder contra la única oposición organizada, el duhaldismo, de la que se jacta tener infiltrada mediante la acción distribuidora del jefe del Gabinete, Alberto Fernández. (De nuestra Sucursal)




