Fuerza Republicana materializará dentro de unos días el hecho político más concreto en lo que va de 2005. Cuando el lunes se oficialice la renovación de autoridades, se habrá producido el alumbramiento del "ricardismo". Es decir, la consolidación fáctica, y ya no formal, del senador Ricardo Bussi como conductor de esa estructura.
Este reacomodamiento sacudirá internamente a la agrupación que ganó las últimas elecciones. Y siendo uno de los principales actores del teatro político tucumano, su cambio también modificará el escenario. Lo que el tiempo desentrañará es si esa mutación será beneficiosa o no para ese partido.
En los órganos de gobierno republicanos sólo hay lugar para los "ricardistas". Así, Eduardo Verón presidirá la junta capitalina, mientras el psicólogo Federico Martínez, el edil Miguel Brito y el abogado Pablo Calvetti serán ratificados en la junta provincial, a la que llegará el comunicador Esteban Migliazzo. El diputado Roberto Lix Klett será el vicepresidente primero, secundado por el legislador Ramón Sierra Morales, esposo de la senadora Delia Pinchetti. Ella preside la convención de FR, cuyo vicepresidente es el legislador Carlos Canevaro. El parlamentario Ernesto Padilla es el primer vocal de la junta provincial, que también integra su par José Costanzo.
La contracara del afianzamiento de Bussi (h), con espacios reales de poder, no pasa por el desalojo de la vieja guardia republicana. Aunque habrá muchos heridos que hasta abandonarán FR, lo cierto es que el senador está en contacto con influyentes "paladares negros". Aunque no se los vea, siempre están. En todo caso, la variable que no logra ser dimensionada es hasta dónde puede establecer él un estilo de conducción propio, sin ahuyentar a quienes respaldaron la poco democrática figura de su padre, en cuanta elección se presentó.Yendo a fondo, esa cuestión es un eufemismo que preludia al viejo interrogante republicano, referido a si hay vida política después de Antonio Bussi. Su hijo decidió encarar el reto mientras el ex gobernador está vivo, lo cual le arroja dos ventajas. La primera es la de seguir presentando al intendente electo de la capital, ante sus seguidores, como mártir político, dada su detención domiciliaria por más de 400 causas sobre presuntas violaciones de derechos humanos. La segunda es que, sin testamento, el parlamentario nacional es heredero único.
El desafío de sobrevivir al general retirado, sin embargo, no se encara en la mejor de las coyunturas. En 192 días hay que elegir diputados nacionales y, si no es en esa misma instancia, en unos cuantos meses más habrá que votar constituyentes. La nueva conducción está obligada a desempeñar una gran performance electoral. De lo contrario, comenzarán a tomar cuerpo los vaticinios de los agoreros, que pronostican que el no tener a Bussi padre sujetando las riendas marcará el principio de la declinación.
Ricardo Bussi, conocedor de estos oráculos, avanzó igualmente con la arremetida. La razón (al menos pública) es una: el fin de la Ley de Lemas. Ahora, son los partidos los que vuelven a manejar el armado de las listas de candidatos. Y el senador quiere inaugurar la temporada investido de todos los atributos de poder del partido. Para el caso, razonan a su alrededor, hace más de un año que él viene pagando todos los costos.
Con el ex mandatario en las sombras, no pocos dirigentes se acercan a FR para fraguar un frente. Pero, aunque tiene voluntad pactista, el senador no está seguro de las alianzas. Cerrar acuerdos implicará ceder lugares. Por ello, si las encuestas indican que los republicanos por sí solos pueden concretar una buena elección, cerrará el libro de pases. Bussi (h) ya anunció a LA GACETA que conformará las nóminas de constituyentes no con dirigentes conocidos sino con miembros de la junta de gobierno (léase, hombres de confianza). Es decir, ya dijo que está dispuesto a perder votos en los próximos comicios a cambio de reforzar el "ricardismo". Claro que un error de cálculo puede convertirse en un colapso.
En su entorno coinciden en que la fórmula no es nueva. Y que su padre regenteó el partido a fuerza de encumbrar a fieles y marginar a disidentes. Así que, allí, el aperturismo no es sino una ampliación del círculo cerrado.
14 Abril 2005 Seguir en 
Por Alvaro José Aurane




