14 Abril 2005 Seguir en 
Suspituia es una palabra que no quiere decir nada. Surgió de un juego de palabras de los integrantes del "Grupo Tajo", a partir de un coro de alguna vieja canción de Los Beatles.
Con la obra "Suspituia" ocurre otra cosa: quiere decir mucho, pero quizá lo más interesante sea, cómo lo quiere decir. Porque en definitiva, ese es el problema del arte, puesto que las historias, los relatos siempre hablarán de lo mismo: la cuestión es de qué modo hacerlo. Con "Suspituia", el grupo que dirige Nicolás Aráoz ratifica su preocupación por la puesta en escena y por relacionar el teatro con otros lenguajes artísticos: con el cine y con la fotografía, concretamente. No en vano, en estos tiempos, muchos prefieren denominar artes escénicas al teatro.
El padre ausente de una joven es el punto de partida para construir una trama cercana a lo policial, en la que la ficción y la realidad se entremezclan constantemente. Situados en el interior de una inmensa estructura roja -un cubo que luego se transformará en un rombo-, los diálogos de Josefina (Josefina Scaro) y de Maxi (Maxi Farber) son intervenidos desde una pantalla en la que se proyectan diversos textos.
Los escritos funcionan como ricas referencias intertextuales de tipo cinematográficas (en relación a Luis Buñuel y a Alfred Hitchckok) o literarias (vinculadas a la novela "El jugador" de Dostoievsky, por ejemplo). Pero también accionan en los diálogos de la pareja, porque a veces, o traducen (lo que voces en off dicen en francés) o reemplazan el parlamento. En otras escenas, son las fotografías proyectadas (de Ada Porcel) las que repiten y modifican los movimientos que en la estructura realiza la actriz Scaro.
Con la obra "Suspituia" ocurre otra cosa: quiere decir mucho, pero quizá lo más interesante sea, cómo lo quiere decir. Porque en definitiva, ese es el problema del arte, puesto que las historias, los relatos siempre hablarán de lo mismo: la cuestión es de qué modo hacerlo. Con "Suspituia", el grupo que dirige Nicolás Aráoz ratifica su preocupación por la puesta en escena y por relacionar el teatro con otros lenguajes artísticos: con el cine y con la fotografía, concretamente. No en vano, en estos tiempos, muchos prefieren denominar artes escénicas al teatro.
El padre ausente de una joven es el punto de partida para construir una trama cercana a lo policial, en la que la ficción y la realidad se entremezclan constantemente. Situados en el interior de una inmensa estructura roja -un cubo que luego se transformará en un rombo-, los diálogos de Josefina (Josefina Scaro) y de Maxi (Maxi Farber) son intervenidos desde una pantalla en la que se proyectan diversos textos.
Los escritos funcionan como ricas referencias intertextuales de tipo cinematográficas (en relación a Luis Buñuel y a Alfred Hitchckok) o literarias (vinculadas a la novela "El jugador" de Dostoievsky, por ejemplo). Pero también accionan en los diálogos de la pareja, porque a veces, o traducen (lo que voces en off dicen en francés) o reemplazan el parlamento. En otras escenas, son las fotografías proyectadas (de Ada Porcel) las que repiten y modifican los movimientos que en la estructura realiza la actriz Scaro.





