50 velitas, 50 dudas

Alperovich cumple años entre triunfos y vacilaciones.

13 Abril 2005
Por Federico Abel

Además de para soplar velitas, recibir regalos y comer una -o varias- porciones de torta, los cumpleaños sirven para cerrar balances. El gobernador hoy celebra 50 años (nació el mismo día que su amigo Jorge Gassenbauer y que el camarista federal Ernesto Wayar, a quien saludó el jueves en la Casa de Gobierno). Si mira para atrás tiene motivos para estar contento. Exactamente hace un año anunciaba que había llegado la hora de avanzar con la reforma de la Constitución, en el afán de destrabar el impedimento legal que hoy frena su eventual reelección. Ya consiguió la ley que habilita la enmienda, pero aún no está seguro acerca de cuál es la fecha más conveniente -a sus intereses, claro- para convocar a elección de convencionales. Esta duda, en realidad, esconde una preocupación mayor y que hoy pasará inadvertida entre los abrazos y las salutaciones: ¿la obsesión puesta en la ejecución de obras públicas basta para arrasar en tan importantes comicios? La gestión realizada hasta el momento, vendida por los funcionarios casi como un hecho insólito en la provincia desde los tiempos de Celestino Gelsi, ¿alcanza para movilizar a un electorado apático y a un peronismo que no termina de identificarse con esta administración y que, para colmo, ya no tiene el incentivo clientelar de la Ley de Lemas?
De forma inédita, tratándose de un equipo que parece un caleidoscopio, en la Casa de Gobierno más de un funcionario habla ya de ideología y de la importancia de transmitir un mensaje, además de colocar cañerías, siempre importantes. Y no es que les haya nacido un arrebatado amor por las ideas. ¡No! Se han puesto a sumar -menester en el cual el gobernador vuela, por formación profesional-, y ahora conjeturan que el andar todo el día por el interior no les aseguran una fidelidad lo suficientemente fuerte como para que se traduzca en una avalancha de votos.
Además, están convencidos de que en el camino han salteado a los viejos repartidores de bolsones, y ahora temen que ese eficiente ejército electoral no les juegue a favor -sino todo lo contrario- cuando llegue la hora inapelable: la de las urnas. Para colmo, en ese priorizar a una capa de la sociedad descuidaron a los sectores a los que no les llega el mensaje del gobernador abriendo una nueva bomba de agua, tomando mate con alguna abuela o repartiendo besos cual flores, como reconocía ayer un ministro. A estos les interesan más los aspectos institucionales, la seguridad y la Justicia (tema al que curiosamente Alperovich no hizo referencias al abrir las sesiones de la Legislatura).
En definitiva, el alperovichismo -si existe como tal- sigue sin poder encontrar una fórmula política que lo exprese. Y es entonces cuando a sus mentores les entra el virus de la vacilación: ¿es posible movilizar a la gente sin repartir bolsones? ¿Cómo explorar nuevas prácticas sin caer en las de siempre? ¿Cómo sobrevivir a los necesarios pero desgastantes laberintos del peronismo, hoy representados por Fernando Juri y Julio Miranda? Y cuando la duda no tiene una respuesta creativa que la disipe suele devenir en miedo.
Pasó con el nuevo esquema electoral (suprime el denostado sistema de lemas), que el Ejecutivo recibió con frialdad y que prefirió que no se aplique a la selección de los candidatos a convencionales, sino en 2007, porque hubiera significado tener que experimentar el imprevisible trance de las internas en el PJ, cosa que no quiere bajo ninguna circunstancia. Por eso, ayer un emisario de la Casa de Gobierno estuvo en el Juzgado Electoral Federal. Hizo averiguaciones sobre el decreto 292/05 de Néstor Kirchner, que, pensado para sortear las luchas infinitas del peronismo bonaerense, reglamenta las primarias simultáneas obligatorias como salida para determinar los postulantes a diputados nacionales, salvo que un partido consensúe una lista única. Esta salvedad permitiría a Alperovich negociar con los otros dos sectores del PJ. En todas estas cosas deberá pensar cuando deje de soplar las 50 velitas.

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