Kafka, un poroto

Los coletazos de un sistema educativo oscilante.

12 Abril 2005
La situación de alumnos de una escuela técnica de la provincia que terminaron repitiendo cursos y omitiendo contenidos pedagógicos por superposición de sistemas educativos, es señal de los desaguisados que se han generado en Tucumán desde la implementación de la Ley Federal de Educación.
El caso que acaba de estallar es el de una madre dispuesta a ir a la Justicia porque su hijo, que cursa estudios en un establecimiento privado de Banda del Río Salí, fue obligado a repetir en 2002 - al ingresar a una Técnica convertida entonces en "Tecnológica"- el 7º año que ya había aprobado en el antiguo nivel "primario". Al año siguiente, convertidas las escuelas tecnológicas en "Politécnicos", el estudiante fue inscripto en el 2º añoº, cuando en realidad debería haber pasado al primer año del polimodal. Pero ese segundo año cubría los contenidos del 9º de la EGB 3, con lo cual el chico se "salteó" el 8º año, con el consecuente bache pedagógico en su formación. En medio de esta maraña digna del mejor Kafka, cuando en 2004 la Justicia nacional estableció la obligatoriedad de la EGB 3 en la provincia, las autoridades del colegio de referencia le sugirieron a la madre del alumno que el chico debía cursar el 9º año de la EGB 3. En síntesis: entre 2000 y 2003, el sistema de educación técnica registró cuatro cambios con respecto a la incorporación -o no- del 7º año. Y el chico -llamémosle Juan- cursó 7º dos veces, y 9º otro tanto, y se salteó los contenidos del 8º año. El laberinto burocrático administrativo que padeció el alumno es apenas un capítulo en esta novela kafkiana que se ha escrito en la última década alrededor de la educación técnica en la Argentina. Según trascendió, este no fue un hecho aislado, sino que habría más alumnos en igual condición. Ante semejante contexto, se entiende que el lugar en el mundo de centenares de chicos sean el ciber o el pool. Allí, las reglas no son tan confusas.
En Tucumán hay alrededor de 30 escuelas técnicas, y una matrícula estimada de 20.000 alumnos. Para muchos de esos estudiantes, ese título será su única salida posible al mundo laboral. Sin embargo, en la última década, los talleres de esos establecimientos han sido arrasados, y los programas, vaciados de aquellos contenidos prácticos obligatorios que le dieron prestigio a la educación técnica de los tiempos del viejo CONET.
La paradoja es que mientras el Gobierno nacional estimula el crecimiento productivo, y hay un incremento récord en áreas como la construcción (tanto en obra pública como privada), las consultoras de empleo se ven en figurillas para encontrar matriceros, torneros, fresadores, plomeros o albañiles, debidamente capacitados. A su vez, las facultades de las áreas de las ingenierías -que se nutren en gran parte de egresados de las Técnicas- registran resultados pobrísimos en sus cursos de ingreso (que, por ahora, no son eliminatorios, pero...)en matemáticas y álgebra. Conclusión: en los años 90, las escuelas técnicas despreciaron conceptualmente la importancia del oficio, pero no ofrecieron alternativas teóricas de calidad académica.
La ley provincial educativa -cuya reglamentación está en pleno análisis- viene a intentar un resarcimiento a tantos años de desguace. Sin embargo, las leyes (hay que sumar la que se debate actualmente en el Parlamento nacional), aunque necesarias, no bastan. La educación técnica debe recuperar su legitimidad ante la comunidad, y formar técnicos entrenados para el mundo productivo actual. Y el mundo de la empresa debe terminar de "descubrir" el potencial en términos de recursos humanos que puede ofrecerle la red de educación técnica. En esa retroalimentación entre educación y empresa -tan frecuente en el mundo desarrollado-, todos ganan.

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