10 Abril 2005 Seguir en 
Solamente en los modelos económicos teóricos puede observarse el funcionamiento de un mercado perfectamente competitivo, donde compradores y vendedores autónomos, motivados cada uno en su propio interés, practican intercambios voluntarios sin ningún tipo de interferencia.
En la realidad de cualquier país actual, el funcionamiento concreto de los mercados muestra una enorme y compleja variedad de situaciones, alejadas en mayor o menor medida del ideal de la perfección competitiva. De manera que ningún gobierno actual tiene que elegir entre dos alternativas puras: o bien "deja que los mercados funcionen", o bien se convierte en un "planificador central cuya regulación pretende sustituir totalmente al funcionamiento libre de los mercados".
El hecho de que buena parte de los mercados muestre en su funcionamiento concreto algún tipo de "falla", permite decir, por el contrario, que todo Estado está llamado a intervenir en una economía mixta, a través de múltiples regulaciones específicas diseñadas para enfrentarse a esas imperfecciones o deficiencias.
En este contexto, el ejercicio actual del gobierno argentino de discutir, a fin de controlar la inflación, la política de precios que involucra a distintas cámaras o agrupaciones empresarias, constituye un claro ejemplo del funcionamiento de una verdadera economía mixta. Por supuesto que el hecho de intervenir por parte del Estado no garantiza que las fallas de mercado mejoren. Puede muy bien ocurrir que el Estado, como ocurrió muchas veces en nuestro país, empeore las cosas.
Sin regla segura
Pero no hay en esto ninguna ley o regla segura. Lo único cierto es que la formación de los precios en los mercados correspondientes a muchos bienes, no ocurre de manera impersonal como resultado de un mecanismo "natural".
Comparados con un mercado ideal, muchos de estos mercados muestran defectos de distinta envergadura, que pueden ser muy significativos como es el caso de las empresas petroleras o de los monopolios de servicios públicos privatizados, o muy poco significativas como el caso del mercado del limón. La enorme variedad que está entre estos dos extremos permite muy bien practicar este tipo de intervenciones sin que esto signifique atentar contra "los mercados".
En la realidad de cualquier país actual, el funcionamiento concreto de los mercados muestra una enorme y compleja variedad de situaciones, alejadas en mayor o menor medida del ideal de la perfección competitiva. De manera que ningún gobierno actual tiene que elegir entre dos alternativas puras: o bien "deja que los mercados funcionen", o bien se convierte en un "planificador central cuya regulación pretende sustituir totalmente al funcionamiento libre de los mercados".
El hecho de que buena parte de los mercados muestre en su funcionamiento concreto algún tipo de "falla", permite decir, por el contrario, que todo Estado está llamado a intervenir en una economía mixta, a través de múltiples regulaciones específicas diseñadas para enfrentarse a esas imperfecciones o deficiencias.
En este contexto, el ejercicio actual del gobierno argentino de discutir, a fin de controlar la inflación, la política de precios que involucra a distintas cámaras o agrupaciones empresarias, constituye un claro ejemplo del funcionamiento de una verdadera economía mixta. Por supuesto que el hecho de intervenir por parte del Estado no garantiza que las fallas de mercado mejoren. Puede muy bien ocurrir que el Estado, como ocurrió muchas veces en nuestro país, empeore las cosas.
Sin regla segura
Pero no hay en esto ninguna ley o regla segura. Lo único cierto es que la formación de los precios en los mercados correspondientes a muchos bienes, no ocurre de manera impersonal como resultado de un mecanismo "natural".
Comparados con un mercado ideal, muchos de estos mercados muestran defectos de distinta envergadura, que pueden ser muy significativos como es el caso de las empresas petroleras o de los monopolios de servicios públicos privatizados, o muy poco significativas como el caso del mercado del limón. La enorme variedad que está entre estos dos extremos permite muy bien practicar este tipo de intervenciones sin que esto signifique atentar contra "los mercados".







