BUENOS AIRES.- Un singular impacto produjo en el entorno presidencial la declaración de Eduardo Duhalde acerca de una reunión "para hablar de política" con Carlos Menem en oportunidad del viaje de ambos para las exequias de Juan Pablo II. Por otra parte, la frase con que señaló el caudillo bonaerense que el riojano es "un político en actividad, yo no", sensibilizó aun más a quienes suelen sospechar toda clase de maniobras del duhaldismo para impedir el avance electoral de Cristina Kirchner; en este caso suponiendo que pueda armarse alguna maniobra de los ex presidentes para tratar de frenarlo. Desde que el gobernador Felipe Solá se lanzó como ariete de la primera dama en el distrito mayor y bajo la sombra presidencial, Duhalde y su esposa Chiche bajaron llamativamente los decibeles críticos contra Menem, culminando ahora los hechos con esa provocativa reunión romana que, para colmo, contrasta con el debate desatado por la ausencia del jefe del Estado de la histórica cita de El Vaticano. En este caso, más que la sensación térmica que afectó a la sociedad y que no se percibió en el poder a propósito de las exequias, son los hechos los que exponen una realidad política que asume giros sorprendentes y cuyos protagonistas -Menem y Duhalde- no pueden dejar de advertir. A no ser que nuestra clase política carezca de condiciones suficientes para apreciar las consecuencias de sus actos, algo que en este caso es muy difícil de aceptar.
El otro poder
Cristina Kirchner, en virtual irrupción bonaerense aun a costa de hacer peligrar la integridad partidaria, ha pasado ya a perfilarse como la segunda figura del poder. Tanto es así que un reciente episodio ?la sanción militar al mayor Rafael Mercado por una carta pública de su esposa, Cecilia Pando, criticando al Presidente- ha tenido un desenlace inesperado que se atribuye a la presión de Cristina, quien habría defendido la autonomía epistolar de la mujer como un derecho que la libera de las viejas concepciones machistas; un argumento muy semejante a otros que se esgrimieron hasta que el Presidente dio orden de dejar sin efecto la sanción al militar que anteriormente había impartido al jefe del Ejército, general Roberto Bendini. El episodio no es menudo en cuanto evidencia que es demasiado lo que se genera por estos días en los nichos de poder, por apresuramiento y sin el debido asesoramiento sobre el grado de rechazo que puede provocarse en los sectores políticos y sociales más sensibilizados. (De nuestra Sucursal)




