09 Abril 2005 Seguir en 
El ciclo virtuoso que recorría la economía enfrenta un problema: la inflación del primer trimestre, que advierte la necesidad de adoptar medidas para corregir lo que aún puede ser contenido. Hasta 2004 la formidable tasa de crecimiento estaba apoyada por la liquidez que permitía avanzar sin subas de precios. Pero este año, la cantidad de dinero supera a la oferta de bienes y el viejo mal reapareció.
Habrá que reducir el gasto público, frenar la emisión y enviar señales prudentes. Pero estamos en un año electoral en el que se reducirá la expectativa de crecimiento, asumiendo que la inflación primero castiga el bolsillo de los que menos tienen. ¿Podrá controlarla el Gobierno?
El impacto ya muestra su perfil en la deuda nueva por $ 45.300 millones que se ajustan por inflación -un 44% del total- y que creció en $ 4.300 millones, porque el CER, desde que se emitieron los títulos en diciembre de 2003, ya subió el 9%, mientras se achica la deuda nominada en dólares. Pero también crece la deuda indexada posdefault que son $ 87.000 millones de stock en títulos.
Esta semana el peso se apreció frente a la menor intervención del Banco Central, que si suelta la divisa al mercado cedería más aún por la formidable exportación y por la debilidad de esta moneda afuera.
El rol del BCRA hay que seguirlo de cerca, ya que sostuvo el tipo de cambio emitiendo billetes y, simultáneamente, Lebac para absorber a corto plazo. El organismo ahora pretende estirar los plazos captando inversores que sólo se entusiasman a más de seis meses, con lo que ajusta por inflación. Se vislumbra más intervención del Estado, cuando lo mejor de Roberto Lavagna fue dejar que los agentes económicos salieran solos de la crisis.
Si los precios no ceden, habrá presión por el lado de los ingresos atrasados y de los ajustes por inflación en las empresas, una insoportable vuelta al pasado.
Habrá que reducir el gasto público, frenar la emisión y enviar señales prudentes. Pero estamos en un año electoral en el que se reducirá la expectativa de crecimiento, asumiendo que la inflación primero castiga el bolsillo de los que menos tienen. ¿Podrá controlarla el Gobierno?
El impacto ya muestra su perfil en la deuda nueva por $ 45.300 millones que se ajustan por inflación -un 44% del total- y que creció en $ 4.300 millones, porque el CER, desde que se emitieron los títulos en diciembre de 2003, ya subió el 9%, mientras se achica la deuda nominada en dólares. Pero también crece la deuda indexada posdefault que son $ 87.000 millones de stock en títulos.
Esta semana el peso se apreció frente a la menor intervención del Banco Central, que si suelta la divisa al mercado cedería más aún por la formidable exportación y por la debilidad de esta moneda afuera.
El rol del BCRA hay que seguirlo de cerca, ya que sostuvo el tipo de cambio emitiendo billetes y, simultáneamente, Lebac para absorber a corto plazo. El organismo ahora pretende estirar los plazos captando inversores que sólo se entusiasman a más de seis meses, con lo que ajusta por inflación. Se vislumbra más intervención del Estado, cuando lo mejor de Roberto Lavagna fue dejar que los agentes económicos salieran solos de la crisis.
Si los precios no ceden, habrá presión por el lado de los ingresos atrasados y de los ajustes por inflación en las empresas, una insoportable vuelta al pasado.







