08 Abril 2005 Seguir en 
Bagdad.- El flamante Consejo presidencial encabezado por el kurdo Jalal Talabani nombró ayer primer ministro al musulmán chiíta Ibrahim Jaafari, en un nuevo paso a un régimen democrático en el país.
De este modo, el hombre que formará un gobierno pasó a ser un iraquí que, desde el exterior, dedicó décadas de su vida a la lucha contra el régimen de Saddam Hussein. Nacido en la ciudad santa de Kerbala, Jaafari lidera el partido islámico Dawa (Misión), pero no es defensor de un radicalismo islámico. Tampoco es un tribuno del pueblo ni le gusta dar discursos populistas. Con frecuencia habla en voz baja y con poca claridad. Pasó mucho tiempo en el exilio, pero nunca perdió relación con su patria.
Compañeros políticos lo consideran un hombre activo, pero prudente. De hecho, no apoya el retiro inmediato de las fuerzas de ocupación lideradas por EE.UU. Con su corta barba y trajes oscuros, Jaafari, de 58 años, parece menos intimidante para los miembros de otros grupos religiosos y también para muchos chiítas de orientación secular, que por ejemplo el clérigo radical Moqtada al Sadr.
Diálogo y reconciliación
Los críticos sostienen que Dawa tiene una vinculación demasiado estrecha con el régimen en Teherán. Sin embargo, Al Jaafari rechaza una participación de religiosos en el poder, como en el modelo iraní. A pesar de que los miembros de su partido fueron perseguidos implacablemente bajo el régimen de Saddam, al igual que comunistas y kurdos, Al Jaafari apoya hoy el diálogo y la reconciliación. Al mismo tiempo recalcó que la base para la Constitución, que deberá ser elaborada por la nueva dirigencia en los próximos seis meses, no será sólo el Islam.
Al igual que el partido islámico de los sunnitas, Jaafari también intenta restarle fuerza a las acusaciones de que su partido islámico conservador quiere que las mujeres se dediquen a las tareas del hogar. Al contrario, apoyó públicamente los derechos de la mujer, incluso el de asumir altos cargos políticos. (DPA-Reuter)
De este modo, el hombre que formará un gobierno pasó a ser un iraquí que, desde el exterior, dedicó décadas de su vida a la lucha contra el régimen de Saddam Hussein. Nacido en la ciudad santa de Kerbala, Jaafari lidera el partido islámico Dawa (Misión), pero no es defensor de un radicalismo islámico. Tampoco es un tribuno del pueblo ni le gusta dar discursos populistas. Con frecuencia habla en voz baja y con poca claridad. Pasó mucho tiempo en el exilio, pero nunca perdió relación con su patria.
Compañeros políticos lo consideran un hombre activo, pero prudente. De hecho, no apoya el retiro inmediato de las fuerzas de ocupación lideradas por EE.UU. Con su corta barba y trajes oscuros, Jaafari, de 58 años, parece menos intimidante para los miembros de otros grupos religiosos y también para muchos chiítas de orientación secular, que por ejemplo el clérigo radical Moqtada al Sadr.
Diálogo y reconciliación
Los críticos sostienen que Dawa tiene una vinculación demasiado estrecha con el régimen en Teherán. Sin embargo, Al Jaafari rechaza una participación de religiosos en el poder, como en el modelo iraní. A pesar de que los miembros de su partido fueron perseguidos implacablemente bajo el régimen de Saddam, al igual que comunistas y kurdos, Al Jaafari apoya hoy el diálogo y la reconciliación. Al mismo tiempo recalcó que la base para la Constitución, que deberá ser elaborada por la nueva dirigencia en los próximos seis meses, no será sólo el Islam.
Al igual que el partido islámico de los sunnitas, Jaafari también intenta restarle fuerza a las acusaciones de que su partido islámico conservador quiere que las mujeres se dediquen a las tareas del hogar. Al contrario, apoyó públicamente los derechos de la mujer, incluso el de asumir altos cargos políticos. (DPA-Reuter)







