07 Julio 2002 Seguir en 
"Con cuidado y meticulosidad, casi se podría decir con pasión artesanal (indispensable en una profesión que no ha dejado de ser también un oficio), el autor se propuso reconstruir las primeras décadas de la Buenos Aires colonial. El resultado es un relato muy alejado de aquella narrativa épica que antes mencionamos y ofrece al lector las vicisitudes de una pequeña comunidad humana situada en los confines del Imperio español recuperando en toda su densidad las determinaciones concretas de aquel momento histórico...(...)...
Al internarse con profundidad en un tiempo histórico, el autor nos devuelve una imagen más densa, más compleja y menos simplificadora de lo que estamos acostumbrados, y lo hace sin perder de vista que la comunidad humana que está tratando de observar históricamente es realmente reducida. De este modo, con perspicacia, González Lebrero nos advierte con suma claridad acerca de los impactos que tenía en esta pequeña ciudad la arribada de los navíos; la explicación aquí no apunta sólo a destacar su incidencia en el rol que ocupa la ciudad en el complejo formado por la trama de circuitos de intercambio que intenta controlar sino también a los cambios notables que en la cotidianeidad urbana significan estas arribadas...(...)...
El autor nos muestra una lenta pero no menos profunda transformación y con ellos nos brinda pistas firmes para pensar una historia difusa pero decisiva: la conversión de una villa hispana en una criolla y bien americana.
De la misma manera, el concentrar la atención en las necesidades económicas que implica el sustento del puerto y su pequeño poblado nos ofrece la primera versión sistemática de los comienzos de la historia agraria pampeana: aquí también el resultado es rico en consecuencias pues ella queda muy alejada de aquella versión que la reducía prácticamente a la vaquería. No menos importante son las claves que nos ofrece sobre la configuración de la primera élite local y, ante todo, su plasticidad para nutrirse de nuevos miembros reclutados en los variados circuitos mercantiles que sostienen su rol comercial; y al contarlo, el autor nos ofrece una imagen otra vez más rica y más variada de estos reclutamientos que ayudan a pensar de nuevo modo las relaciones entre el puerto y las ciudades de espacio económico sin extrapolar explicaciones más válidas para otros momentos históricos. De esa forma González Lebrero nos presenta el relato de una experiencia histórica.
Al terminar su última página el lector podrá volver a aquel cuadro que mencionamos el comienzo e imaginarse otros muchos que podrían pintarse. En ellos, la hidalga figura de Juan de Garay quizá quede más difusa y hasta se diluya en el conjunto; otras figuras podrán comenzar a desplazarse desde los márgenes hacia el centro. Pero, sobre todo, el lector podrá ahora imaginar imágenes impensadas que se desarrollan fuera del cuadro pero que iluminan la infinita riqueza y variedad de la vida humana. Si algún artista retoma el desafío habrá sido posible que una nueva visión de la historia adquiera una nueva versión plástica".
Al internarse con profundidad en un tiempo histórico, el autor nos devuelve una imagen más densa, más compleja y menos simplificadora de lo que estamos acostumbrados, y lo hace sin perder de vista que la comunidad humana que está tratando de observar históricamente es realmente reducida. De este modo, con perspicacia, González Lebrero nos advierte con suma claridad acerca de los impactos que tenía en esta pequeña ciudad la arribada de los navíos; la explicación aquí no apunta sólo a destacar su incidencia en el rol que ocupa la ciudad en el complejo formado por la trama de circuitos de intercambio que intenta controlar sino también a los cambios notables que en la cotidianeidad urbana significan estas arribadas...(...)...
El autor nos muestra una lenta pero no menos profunda transformación y con ellos nos brinda pistas firmes para pensar una historia difusa pero decisiva: la conversión de una villa hispana en una criolla y bien americana.
De la misma manera, el concentrar la atención en las necesidades económicas que implica el sustento del puerto y su pequeño poblado nos ofrece la primera versión sistemática de los comienzos de la historia agraria pampeana: aquí también el resultado es rico en consecuencias pues ella queda muy alejada de aquella versión que la reducía prácticamente a la vaquería. No menos importante son las claves que nos ofrece sobre la configuración de la primera élite local y, ante todo, su plasticidad para nutrirse de nuevos miembros reclutados en los variados circuitos mercantiles que sostienen su rol comercial; y al contarlo, el autor nos ofrece una imagen otra vez más rica y más variada de estos reclutamientos que ayudan a pensar de nuevo modo las relaciones entre el puerto y las ciudades de espacio económico sin extrapolar explicaciones más válidas para otros momentos históricos. De esa forma González Lebrero nos presenta el relato de una experiencia histórica.
Al terminar su última página el lector podrá volver a aquel cuadro que mencionamos el comienzo e imaginarse otros muchos que podrían pintarse. En ellos, la hidalga figura de Juan de Garay quizá quede más difusa y hasta se diluya en el conjunto; otras figuras podrán comenzar a desplazarse desde los márgenes hacia el centro. Pero, sobre todo, el lector podrá ahora imaginar imágenes impensadas que se desarrollan fuera del cuadro pero que iluminan la infinita riqueza y variedad de la vida humana. Si algún artista retoma el desafío habrá sido posible que una nueva visión de la historia adquiera una nueva versión plástica".







